Ni hablar

03 de febrero 2026 - 03:08

De hacer caso a mi padre este artículo no sería escrito. Siempre refería como argumento de autoridad la tablilla pintada que vio en un bar de Madrid cuando hacía la mili en Carabanchel: “Beber, que tenéis buen vino; de política, ni hablar. Y antes de salir, pagar”. Lo de la mili de mi padre y los muchachos que en el año 1939 cumplieron 18 años es para punto y aparte. Retuvieron las quintas (así se decía) hasta 1945, que terminó la Segunda Guerra Mundial. Porque aunque España se declaró neutral, se mantuvieron los soldados por si acaso. En el caso de mi buen padre, cuatro años y medio. Yo hice 18 meses y fue como para pegarse un tiro. No llegaba nunca el momento del petate y el último saludo. Ahora hablan de volver a ese asunto pero nunca será lo mismo. Digo yo. El problema es que antes de los cuatro años y medio de mili, mi padre tuvo tres años de guerra civil con su padre en una checa, primero, y luego en la cárcel de Jaén. ¿Motivos? Pueden imaginarlo: mentiras. Requisaron su casa, le robaron todo. Yo hubiera dicho esto en la guerra que perdimos, si Arturo me hubiera llamado. Porque es la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Y porque mi querido e inolvidable padre pasó por todo lo que cuento, y mucho más. Sin referir el hambre que padeció esos años crueles. ¿Cómo es eso de la feria según le va? Pues así. Yo sé muy bien lo que pasó por aquí porque soy de por aquí pero lo que pasó allí, en el Jaén de mi padre y mi abuelo, también tiene un cuento. Es la razón por la que creo que la Guerra Civil la perdimos todos, no unos más que otros, todos. Lo digo aunque algún petimetre me llame fascista, que ni lo soy ni lo he sido nunca. Y me parece un disparate que (de 1936 a 2026) se siga hablando, como se habla, de aquellos años para olvidar. Así que ni hablar pero no es posible. Por ejemplo, yo pienso que Napoleón fue un genocida, un criminal absoluto. Pero mira, he visto en París su tumba, allí lo tienen por una figura inmensa. Es como lo que hicieron con los colaboradores en 1945. Francia no es ejemplo de nada. Mas no me voy a otros países, me quedo en el mío, mi querida España, sometida a la fuerza enorme de las mentiras y las manipulaciones. Antes por una cosa, ahora por otra. Se trata de lo que se trata. De lo que no se puede hablar.

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