Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Más sobre empresas estratégicas

FINALIZADO el plazo para presentar ofertas por la empresa aceitera Deoleo, la información disponible parece indicar que uno de los contendientes -el ente público italiano FSI- tiene pocas posibilidades de ganar. Otra cosa es que el futuro de la empresa se haya despejado, porque los grupos inversores que se han presentado no saben manejar operativamente una empresa del sector del aceite -o de cualquier otro sector-. Sólo desean conseguir la mayor rentabilidad de la operación, vendiendo la empresa una vez saneada -esto es, despidiendo a gente- o troceando activos y vendiéndolos por partes a terceros.

Con independencia del resultado final de la venta, el presentismo de la noticia no puede ser mayor. En Francia se cerró ayer una operación por la que el grupo de telefonía fija, internet y TV de pago, Numericable, ha adquirido a la operadora móvil SFR, propiedad de Vivendi.

La operación no tendría mayor relevancia para lo que hemos comentado sobre Deoleo, si no fuera por el reflejo que emite acerca del control de empresas estratégicas por los países y las intervenciones de los gobiernos, alentando, en unos casos, y obstaculizando, en otros, la realización de operaciones societarias.

El ministro de Economía e Industria francés, Arnaud Montebourg, es un conocido crítico de la globalización y defiende una política proteccionista de las empresas francesas, frente a las amenazas de adquisición por parte de empresas extranjeras.

Ha intervenido, activamente pero sin éxito, en la operación de SFR. El Gobierno apoyaba al grupo Bouygues en la adquisición de SFR. El ministro dudaba del patriotismo del principal accionista de Numericable, francés de adopción, pero no de nacimiento y con residencia fiscal en Suiza. Puso a disposición de Bouygues una línea de crédito para adquirir SFR, utilizando la estatal Caisse des Depots. Con la llegada de Hollande, el Gobierno creó el banco BPI, con el objeto de financiar, invertir e intervenir en empresas para evitar la desaparición del tejido industrial en manos francesas. Este instrumento y otros se han utilizado. A principios de este año, el gobierno realizó una inversión de 800 millones de euros en Peugeot Citroën, igualando la inversión del grupo chino Dongfeng para evitar que cayera en sus manos.

El año pasado, vetó la venta de una filial de internet de Orange a la norteamericana Yahoo, esgrimiendo como argumento que una empresa tan valiosa no podía venderse a un competidor. Tanto para la operación de SFR como en la fusión llevada a cabo los días pasados entre las cementeras Holcim y Lafargue, el ministro ha advertido que vigilará las compras a suministradores franceses. En Francia, todo es estratégico, incluyendo la adquisición de empresas extranjeras por parte de francesas, por supuesto.

Todo esto pone de manifiesto los fuertes intereses económicos nacionalistas que siguen existiendo en la UE, décadas después de que se creara el Mercado Común.

La empresa Deoleo no puede ser gestionada por ningún gobierno. Pero visto lo visto en Francia, Italia y otros países, lo que el Gobierno no debería permitir es que se juegue con unas cartas y unas normas distintas de las que el resto de jugadores utilizan.

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