España eterna o la herencia indeseable

27 de enero 2026 - 03:06

Ahora que afiliados, simpatizantes y votantes del PSOE, más los medios afines, desean con todas sus fuerzas que las responsabilidades de la tragedia de Adamuz recaigan sobre cualquier persona o empresa ajenas al Gobierno, mientras afiliados, simpatizantes y votantes del PP, más los medios afines, desean con idéntica fuerza que los resultados lo comprometan. Ahora que se ha vuelto a utilizar la tragedia para deslegitimar al contrincante político. Ahora que Sánchez aprovecha un mitin de apoyo a Pilar Alegría para jalear a su ministro de Transportes una semana después de la tragedia de Adamuz y el mismo día del colapso de las cercanías en Cataluña tras el accidente que provocó una víctima...

Ahora, precisamente ahora, recuerdo lo que Santiago Muñoz Machado escribió en el capítulo VII, Política y sociedad en la España de Cervantes, de su Cervantes: “La provisión de plazas en las instituciones de gobierno (…) estaba muy condicionada por la venta de oficios. (…). Felipe II incrementó su número, bien para recompensar a algunos, bien para conseguir lealtades o, simplemente, para obtener ingresos. No se tenía en cuenta la preparación de los candidatos para proveer las plazas (…) lo que, a medio plazo, conducía a rebajar la calidad del trabajo y a incrementar la corrupción. (…) No eran venales los cargos de consejeros, pero no por ello fueron ocupados por administradores especialmente dotados y eficientes. Era más determinante la voluntad del rey de asegurarse la lealtad de los elegidos, lo que, como contrapartida, favoreció su falta de preparación y mediocridad”. La siguiente sección se titula La monarquía festiva y las fiestas en el Quijote, aludiendo al desmesurado crecimiento de grandes celebraciones y fiestas en paralelo al decrecimiento político y económico de España.

¿Les suena? ¿Encuentran en estas palabras una rara actualidad? Dictaduras y democracias gustan por igual considerarse herederas de lo mejor de sus pasados. Estados Unidos, de los padres fundadores cuya memoria Trump está profanando. El fascismo, de la Roma imperial. Francia, a la vez de Luis XIV y de 1789. El nazismo, de Parsifal y Federico el Grande. El franquismo del imperio en el que nunca se ponía el sol. Zapatero y Sánchez, de la Segunda República. Parece que también hay herencias indeseables.

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