En la espero te esquina

Este bar es uno de esos lugares en los que comprendes que estás en un mundo peculiar

La repentina muerte hace pocos días de Enrique Anaya, propietario del bar En la espero te esquina de la calle Corral del Rey, nos golpea como una fuerte llamada de atención sobre la pequeña y gran historia de Sevilla. Y es que a veces nos olvidamos de cosas que forman parte de nuestra vida, tan ocupados como estamos, de un lado, en sobrellevar la pandemia y sus secuelas y de otro, en tratar de entrever cuestiones positivas para nuestra familia y para España, en las noticias de los telediarios, en los debates del Congreso de los Diputados, en las distintas manifestaciones callejeras y en la desconfianza de algunos líderes europeos hacia nuestro Sur. Como aprendimos del poeta, el pasado es otro país, y en él podemos refugiarnos de vez en cuando. En la espero te esquina es uno de esos lugares en los que puedes unir pasado y presente, sin perder una gota de disfrute por la nostalgia, que en este caso sabe a emparedado a la plancha de chorizo picante. Ese olor y sabor me transportan siempre a las primeras salidas en grupo de jóvenes adolescentes recorriendo la ciudad. Una tarde de cine en el anfiteatro del Pathé o en los billares de Sierpes y la parada en algunos de los bares del centro, antes de regresar a casa para la cena. Como por ejemplo en la bodeguita de Entrecárceles o en el mencionado bar de Corral del Rey, esquina a San Isidoro. Estrenando pantalones largos y contando con la discreción iniciática del tabernero, que nos servía una caña de cerveza y un emparedado, de chorizo, panceta, gambas, roque, etc., ya preparados en sus bandejas. Y el maravilloso ritual de pasarlos a la plancha, esas de abrir y cerrar, con las dos superficies onduladas de hierro caliente, y con un resultado, escueto, fino, rayado y crujiente, y tan sabroso que nuestro apetito reclamaba otro más.

Por fortuna, En la espero te esquina no es sólo un maravilloso recuerdo, sino un estupendo presente, al que vamos con frecuencia en estos tiempos para compartir, con nuevas generaciones de familias y numerosos grupos de jóvenes, que se mezclan en armonía con parroquianos de años, las clásicas tapas, menudo, ensaladilla, riñones, solomillos y los emparedados de siempre. Este bar es uno de esos lugares en los que comprendes que estás en un mundo peculiar, organizado por la familia propietaria, que lleva el negocio cambiando pequeñas cosas, para que todo pueda seguir igual. Desde hace mucho tiempo han creado un universo en el que tú pides entrar. Gracias Enrique por tu saber hacer y por haberle dado forma.

Los pequeños milagros existen y este bar es uno de ellos y ojalá podamos disfrutarlo mucho tiempo. Porque Sevilla no es lo mismo que una guía de Sevilla. Es la diferencia que explicaba el personaje de Robin Williams al indomable Will Hunting, cuando le hacía entender que, aunque hayas podido aprender todo sobre el gran Miguel Ángel Buonarotti, su vida y su inmortal obra en los libros, nunca sabrás como huele la Capilla Sixtina si no has estado allí.

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