Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Vida de barrio
LA ética es la parte de la filosofía que trata de la moral y de las obligaciones del hombre. Hombre entendido como ser animado racional, aun cuando alguna ignorante, suspensa en latín, entienda que este concepto discrimina a la mitad de la población, por razón de sexo.
El esfuerzo es la palanca que está detrás de todos (y uso un término absoluto, con el riesgo que ello implica) los logros del hombre. Esfuerzo hubo detrás de la época que llevó a España de una dictadura a un sistema democrático. En unos tiempos en los que nos planteamos que los modelos que damos a nuestros pequeños no parece que sean los más adecuados, quisiera traer a este espacio distintos ejemplos positivos que deberían llenar mucho más espacio en nuestras vidas, referentes sin mácula para sus hijos.
En los últimos días usted ha tenido la oportunidad de leer la preocupación (al menos estadística) de la Fiscalía General del Estado, cuando ha hecho público que en el año 2008 se han interpuesto 8.000 denuncias de padres hacia sus hijos agresores. Este organismo alerta sobre el "preocupante incremento" de la violencia de "hijos adolescentes sobre sus progenitores". Por otro lado, igualmente usted ha podido leer el último Informe de la inclusión social en España 2009, elaborado por Caixa Catalunya, en el que se afirma que los logros académicos de los hijos están fundamentalmente en manos de sus padres y que, aun teniendo importancia, el tipo de centro (privado, público o concertado) o el equipamiento de éstos no tienen tanta importancia como lo primero. Un dato que ha sido convenientemente tapado es la afirmación de que el abandono escolar prematuro es un 86% más alto en las familias monoparentales, a igualdad de condiciones sociales. En resumen, la "atmósfera familiar" sigue siendo un factor de protección de importancia crucial frente a riesgos.
Estando en esta situación, lo primero que podemos plantear a los padres es que su papel es mucho más relevante de lo que se estimaba hasta el momento. Cómo se comporten, el ejemplo que den a sus hijos, parece ser la clave de los alcances de éstos. En esta situación podemos plantearnos dos escenarios. El primero era descrito esta semana por la Fiscalía General del Estado, e invita a preguntarnos qué están haciendo esos padres tan mal para que sus hijos se conviertan en sus verdugos. Las variables son complejas, pero podemos adelantar algunas: permisividad, delegación de responsabilidades, ausencia de límites, así como de una presencia real y significativa en el tiempo que se comparte con los menores.
El segundo escenario será reconocer que, por las razones que sean, la imposibilidad real de que miles de niños puedan contar con todas sus figuras parentales, debido a la ruptura de la convivencia de sus hijos, está trayendo, ya, hoy en día, consecuencias significativas. Quiero dejar claro que no estoy hablando de la responsabilidad del divorcio en todo ello, estrategia necesaria cuando la convivencia se hace imposible, sino de la ausencia de un progenitor que, habitualmente, viene acompañada de la desaparición de toda la rama familiar.
Hasta aquí lo negativo, pero, llevando a cabo una lectura creativa, los datos de arriba nos ofrecen una puerta a la esperanza: tenemos muchas más posibilidades de afectar a nuestros menores de lo que nos creemos. ¿De dónde sacar modelos, directrices o herramientas adecuadas para esta tarea? De nuestra libertad de acción. Ser padres, docentes o, tan siquiera, tío materno ejemplar no es sino un trabajo, una tarea que requiere esfuerzos. En la televisión, gracias a su libertad de acción, usted puede seleccionar, y con esto aprovechar para abrir un debate con ellos, entre exponer a sus hijos al último requiebro de la ex esposa del torero, el ignorante zafio (y orgulloso de serlo) encerrado en un plató de televisión o una final de baloncesto europeo. ¡Usted elige! Por si no se ha dado cuenta, el mando de la televisión es suyo. Los técnicos le dicen que usted tiene mucho más poder, por encima del dinero que se gaste en centros y uniformes, del que piensa.
La libertad sólo se tiene si se ejerce. Del mismo modo, la posibilidad de ofrecer modelos adecuados a sus hijos, modelos de esfuerzo y reconocimiento, de trabajo constante y búsqueda de excelencia, está en sus manos. Basta seleccionar el canal y ofrecer el triunfo de un grupo de deportistas como nuestra selección de baloncesto (por citar sólo el más reciente) para tener una forma sana de entretener a su hijo, compartir con él tiempo y, llegado el momento, debatir y mostrarle cómo la ética del esfuerzo, esa otra ética ahora tan abandonada, tiene su justa recompensa, aun cuando se encuentra a más largo plazo.
Cuestión distinta es si usted mismo, en su vida diaria, es ejemplo. Usted educa cuando conduce, cede el paso a un anciano o atiende las recomendaciones que el tutor de su hijo le hace. Al menos, eso es lo que dicen los entendidos. Es barato, fácil e inmediato, pero ya verán cómo algunos, ni eso.
También te puede interesar