Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Mientras Trump siembra el caos internacional intentando imponer un nuevo orden mundial y convirtiendo Estados Unidos en una pesadilla distópica a través de la brutalidad homicida del ICE, que tiene el rostro como entre Ku Klux Klan y SS de Gregory Bovino, veo en programa doble doméstico Un destino de mujer de H. C. Potter (1947) y En el ojo del huracán (1956), única película dirigida por el dramaturgo y guionista Daniel Taradash (incluido en la lista negra de McCarthy) que fue la primera denuncia frontal de la caza de brujas. Les recomiendo que las vean –están en Filmin– como contrapunto reflexivo sobre la ruina de la democracia estadounidense.
Con Un destino de mujer Loretta Young ganó el Oscar interpretando una versión femenina del James Stewart de Capra, una campesina hija de inmigrantes suecos que aterriza como criada en la mansión de una dinastía de políticos rooseveltianos encabezada por la viuda del senador, la gran Ethel Barrymore. Ella protagoniza la escena clave. Después que la criada le demuestre que su partido está traicionando los ideales del senador, le tiende una trampa al candidato corrupto y fascistoide que quieren presentar. Usted ama a América como yo, le dice, y por eso queremos un país de blancos, no de morenos, nacidos aquí, no inmigrantes, y que profesen la misma religión. Tras que el corrupto asienta con entusiasmo, lo echa con cajas destempladas y le hace perder las elecciones oponiéndose a su propio partido.
En En el ojo de huracán Bette Davis es la madura bibliotecaria de una pequeña e idílica comunidad a la que se le exige que retire un libro de propaganda comunista, a lo que se opone con todas sus fuerzas –también, dice, está Mein Kampf, dice, y vomito cada vez que paso ante él–, enfrentándose a los munícipes y a sus conciudadanos que la acusan de comunista, sacando a relucir su militancia izquierdista en los años 30 y durante la guerra. Nunca Hollywood había retratado así el funcionamiento del Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy, recurriendo a los mismos argumentos con los que el periodista Edward R. Murrow, desde su programa Buenas noches y buena suerte, atacó al senador: quien se decía salvador de los Estados Unidos traicionaba sus ideales fundacionales y su democracia. Es lo que está haciendo Trump.
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