María josé Andrade

Periodista

Y la ficción se hizo realidad

Aquello que pensamos que jamás íbamos a vivir traspasó del cine a la vida

Hay días en los que las noticias te traen a la cabeza películas de un pasado en el que los grandes títulos de Hollywood no hacen cierto el dicho de que "cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia".

Películas que te devuelven a una infancia en la que, asustados ante lo que veíamos en la pantalla, nos hacía preguntar a los padres: "pero ¿eso es mentira, verdad que sí?".

Ellos respondían llenos de paciencia que sí, que aquello era imposible que pudiera pasar y que, en el caso de que ocurriese, nos defenderían de cualquier mal.

Fuimos creciendo y las historias fueron cambiando. Los que fuimos niños nos dimos cuenta de que aquello que pensamos que jamás íbamos a vivir, traspasó del cine a la vida... Y sí, confirmamos la sospecha de que los padres nos ocultaron aquella certeza que no era una coincidencia y la ficción se hizo realidad.

Pasaron algunos años para poder ver La jauría humana sin evitar la mirada a una violencia feroz y fuera de control. Una jauría que en este nuestro tiempo, se materializa en protestas que comienzan pacíficas, apelando a una democracia que parece no convencer a una parte de la sociedad, y que se deja guiar por un mismo manual. Unas protestas que, convocadas por redes, hacen un llamamiento a los que, hartos de una pandemia que padecemos todos, llevan a ocupar las calles a cientos de personas que van destrozando todo lo que encuentran a su paso.

Jóvenes que afirman tener la paciencia desbordada por la detención de Hasel, un cantante de rap desconocido para muchos, y cuyas letras de canciones y tuits han acumulado penas que lo han llevado a la cárcel "por enaltecimiento al terrorismo e injurias a la Corona".

Convocatorias jaleadas en 140 caracteres que comienzan a incendiarlo todo y que nos recuerdan otra película en la que un Caballero Oscuro, interpretado por Christian Bale, saca de la oscuridad a una Ciudad Gótica en la que la misma jauría quiere acabar con el sistema, cual Caballo de Troya comandado por un Aquiles con cara de Brad Pitt.

Gritan hasta la extenuación que no tienen libertad de expresión, lanzan adoquines sin mirar a quien dará. Llevan a la ruina a los pequeños negocios que resisten y se enfrentan a una ciudadanía a la que no le queda fuerza alguna para poder o querer entenderlos.

Y mientras, en la otra parte de nuestro particular universo, Birmania llora en silencio por un dolor lleno de verdad y amordazado por los que han dado un golpe de Estado sin apenas pestañear. Miles de mujeres con la autoridad como única defensa, miran de frente a un mundo que parece colapsar abocado a un desastre del que avisa Nuevo orden.

Mujeres que apenas "armadas" con una vela y una camiseta con la cara de Aung San Suu Kyi, dan una lección de dignidad. Una porción que vive prisionera de un virus que padecemos todos sin excepción y que, a pesar de su maléfico Contagio, nos hace entender que aún estamos a tiempo para buscar, como decía Arquímedes, "un punto de apoyo para mover el mundo".

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