Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Inmolación
EN sus cursos de doctorado, el maestro Alfonso Lazo nos invitaba a observar la naturaleza no con el éxtasis del pintor romántico, sino con la visión crítica del científico. Nos decía algo así: “Cuando a las majestuosas cordilleras o a los divinos bosques les aplicamos el microscopio, lo que vemos es un mundo despiadado de lucha, fealdad y crueldad”. Así nos prevenía de los ecologismos radicales y de las badanas new age sobre la vuelta a la naturaleza. Lo recordé el otro día al ver unas fotografías espeluznantes de João Araújo, micologista del Jardín Botánico de Nueva York. Eran de unos insectos-zombis invadidos por unos hongos que son capaces de esclavizarlos hasta el punto de que deciden su conducta para mayor gloria del parásito y perjuicio del parasitado. Un claro ejemplo de lo terrible que puede llegar a ser el mundo natural. A estas alturas, el lector ya habrá adivinado que la aviesa intención del arribafirmante es hacer un paralelismo entre estas instantáneas del gótico-ecológico y la situación política del país. Exacto. Lo diremos ya: el PSOE es el insecto-zombi y los independentistas son esos hongos gorrones que lo manipulan hasta que lo convierten en una mera carcasa sin voluntad. En general podemos decir que es un problema de la democracia española y que el PP no es ajeno al mismo, pero es cierto que éste se agudiza de una forma extrema cuando de los socialistas se trata. Gracias al PSOE y a sus necesidades de poder, los soberanistas catalanes y vascos se han empotrado de tal manera en eso que llaman “bloque de progreso” que han conseguido hacer pasar como un programa regeneracionista (“agenda social”, lo llaman) lo que no son más que una serie de reivindicaciones de privilegios propias de un hidalgüelo del siglo XVI.
Muchos creen que el PSOE le está ganando la partida a los independentistas, como demostrarían los resultados electorales, pero es justo lo contrario. Los nacionalismos catalanes y vascos han conseguido hacer del Partido Socialista un insecto zombi que se dirige allí donde quieren, bien sea la plurinacionalidad, la amnistía o la reforma (ventajosa para ellos, claro) de la financiación territorial. ¿De qué sirve el poder si es para ejecutar las ideas de los demás? Como bien ha escrito Félix Ovejero, el PSC es hoy un partido nacionalista más con dos días de retraso, incapaz de defender cuestiones básicas como la oficialidad del español en su territorio. El día que indepes y socialistas consigan sincronizar sus relojes, la España constitucional saltará por los aires.
También te puede interesar