NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
La verdadera regeneración democrática no consiste en titular así una consejería de la Junta de Andalucía, al igual que la lucha por la igualdad no se basa en usar esa denominación para una ministerio, hace tiempo convertido en una trinchera ideológica, inútil y nociva. Una cosa es que las conquistas comiencen por el lenguaje, que es cierto, y otra que se queden en eso, que supone un fracaso. Regenerar la democracia tiene que ver con la educación, como ocurre con todo lo importante. Y la educación está estrechamente ligada al largo plazo, requisito del que huyen los políticos como gatos del agua. La regeneración consiste sobre todo en enseñar a nuestros menores que es posible relacionarse en paz y armonía con el que piensa distinto y que se puede ser militante de un partido y apreciar y valorar que otra formación puede defender ideas beneficiosas para el interés general, que no hay más enemigos que quienes suavona o directamente quieren acabar con el sistema que nos permite convivir en paz con independencia del color de los gobiernos, las pandemias y las catástrofes de todo tipo.
Vivir en paz en España es posible gracias a la Constitución de 1978 que ahora se pretende quebrantar con argucias baratas, maquillajes descarados, criterios advenedizos, culebreos palmarios y oportunismos de cuchufleta de quienes solo pretenden estar al sol que más calienta. Difícilmente hemos estado más próximos a aquello de Groucho Marx sobre los principios que son fácilmente cambiables. Nos están preparando el sofrito del arroz, nos están untando alcohol con un suave algodón antes del pinchazo, nos están vendiendo el falso paraíso sin decirnos el precio. Una investidura de Sánchez tendrá el efecto de una compra extraordinaria con la tarjeta VISA: alegría inicial y satisfacción repentina por tener por fin un Gobierno con todas sus facultades, pero seguidas de incómodos plazos que dejan en jaque la economía ordinaria. Solo pasados unos meses sufriríamos las verdaderas consecuencias de un gobierno en manos de un chantajista que pugna con otros partidos minoritarios por ocupar la posición de chulo principal de la película. No confíen en unas nuevas elecciones porque el prófugo no puede correr el riesgo de perder su condición de malvado principal. ¿Han pensado en cómo tuvo que dormir el tipo tras haber recibido en su guarida la visita de una vicepresidenta del Gobierno de España? El ego no le cabría en un océano. Preparemos la Visa y confiemos en que el individuo rebaje algo sus pretensiones con tal de no perder el puesto de abusón. Regenerar la democracia hoy sería privar a las minorías de ese poder. Pero entonces seríamos alemanes y comeríamos salchichas.
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