Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

La cirugía de la lista de Espadas

El reto del candidato del PSOE es evitar que las cuidas internas le resten un poder ya muy limitado para elegir a quienes quiere que le acompañen en su intento por revalidar la Alcaldía

En una campaña electoral en la que prima, o debe primar, el candidato por encima de la marca, la persona sobre las siglas, el peor enemigo suele estar dentro del partido. Juan Espadas, el candidato socialista a la Alcaldía de Sevilla, se ha esforzado en las últimas semanas en diseñar, hasta donde le han permitido, una candidatura para las municipales del 26-M que se ha hecho oficial con tan poco ruido que casi ha pasado desapercibida. Sorda tras los ecos de la pelea entre susanistas y sanchistas por el 28-A.

Muy consciente de las dificultades para formar el equipo de gobierno, el que debe salir de los primeros puestos de la candidatura, Espadas ha liderado una operación casi quirúrgica para conseguir que en ese grupo figurasen sus preferencias o, al menos, las sugerencias más válidas para gestionar si revalida la Alcaldía.

Y, para evitar el jaleo, tenía que lograr varios hitos: que entre los 16 primeros puestos, los que se consideran que tienen opciones de salir, estuvieran representadas todas las agrupaciones; que cada una de éstas proporcionase el nombre de una mujer y un hombre y apuntase su preferencia para colocarlos en una lista que tiene que ser, además, cremallera; que todos los concejales que quisieran repetir estuvieran en esa delantera, en la que aparecen muy reforzados Antonio Muñoz, Adela Muñoz, Juanma Flores y Juan Carlos Cabrera; y que se incorporase sin reparos a una número 2 señalada desde la dirección, Sonia Gaya, a militantes sanchistas, versos sueltos y otras hierbas. Y todo se ha conseguido con un apoyo del 98%. ¿Es bueno o malo?

El candidato tiene que lidiar con el partido y con procesos establecidos que, en esta ocasión, han dejado fuera de la lista a una de las mujeres fuertes del gobierno de Espadas: Carmen Castreño. Eso es malo. Militante y susanista, aunque siempre estuvo ahí, llegó la campaña pasada como un fichaje para una lista bastante plana que, tras la experiencia de 2011, decidió ajustarse a la disciplina del partido. Su gestión, salvo episodios más sonados que realmente importantes, ha sido bastante reconocida y a ella se deben proyectos tan relevantes para la ciudad como el Plan Estratégico. Pero su agrupación, Triana, es la que la ha excluido del proceso y ha dado entrada a Nani Aguilar. Al menos este perfil, al igual que el del sanchista Fran Páez (los dos nombres nuevos que se atisban como concejales) prometen capacidad de gestión. Espadas ya ha dicho que, si repite como alcalde, contará con Castreño. Le sentaría bien un traje de gran directiva en las empresas municipales. Con ella y con más gente, antes y después, porque hay montar un equipo de campaña y luego otro directivo que apoye al gobierno, si fuera el caso.

Lo más bueno de ese silencio para Espadas es que, a la puerta del quirófano de las listas, ha lanzado un mensaje interno: yo uno, el acuerdo es mi modelo y me funciona. Primer paso superado. El siguiente es sacar brillo a la lista. Ya sabe cómo. Ése es otro capítulo.

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