Aquí no cabe un turista más

27 de enero 2026 - 03:06

En unas declaraciones hechas durante la celebración de Fitur, la feria anual en la que el sector turístico saca pecho cada año en Madrid por lo bien que le va, el alcalde José Luis Sanz decía que en Sevilla no hace falta ni un turista más, lo que hace falta es que venga un turismo de más “calidad” que el que en la actualidad llena y rellena las calles del centro histórico. Da gusto escuchar al alcalde decir cosas tan sensatas. No porque sea un acontecimiento que Sanz diga una sensatez. No es, ni mucho menos, el caso. Pero no es lo mismo lo que diga yo en esta columna o lo que diga usted en el bar con sus amigos que lo que proclame la persona a la que los sevillanos hemos encomendado la gobernación de la ciudad por lo menos durante cuatro años. Hay una razón fundamental para que estas declaraciones, que han pasado un tanto desapercibidas en medio de tanta tragedia, sean destacadas como se merecen: los sevillanos esperamos del alcalde no solo que diga, sino también y sobre todo, que haga.

En esta cuestión del turismo masificado y convertido al mismo tiempo en negocio imprescindible y en problema atosigante el alcalde tiene mucho que hacer. Y hasta ahora es bien poco lo que ha hecho o, por lo menos, que haya tenido reflejo práctico en que las cosas vayan por el camino que él mismo ha defendido: menos turistas, pero mejor turismo. Por hacer una lista no exhaustiva de asuntos en los que el alcalde podría haber intervenido y no lo ha hecho, o no se ha notado que lo haya hecho, aquí van algunos. Por ejemplo, poner coto a los alojamientos turísticos en pisos, la mayor parte de ellos irregulares o abiertamente ilegales. La proliferación sin control de pisos turísticos está en el origen de los problemas que el turismo está ocasionando en Sevilla. También podría haber actuado en la regulación estricta de veladores para evitar que calles enteras se conviertan en inmensos comedores a cualquier hora del día o de la noche. O podría haber tenido una política eficaz de protección al comercio tradicional, incluido los bares, para conservar un patrimonio local que ha quedado arrasado.

Para ayudar en la dirección propuesta podría haber alzado la voz hasta que doliera la cabeza en el Palacio de San Telmo –tampoco está tan lejos de la Plaza Nueva– con el asunto de la tasa turística, una medida implantada desde hace años en ciudades de todo el mundo que utilizan lo recaudado en mejoras para las zonas más afectadas. Ya hubiera sido de nota que el Ayuntamiento se hubiera implicado a fondo para mejorar la oferta cultural de Sevilla reforzando las apuestas por la ópera, los toros o el flamenco. Ahí hay un potencial para atraer turismo de calidad que está claramente infrautilizado con el aprovechamiento actual.

La lista podría seguir y seguir. Pero seguro que el alcalde la conoce de sobra. Esperemos que su convencimiento de que aquí no cabe un turista más se traduzca en realidades concretas y efectivas. Mucho está tardando.

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