Trinidad Perdiguero

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La paradoja de Espartinas

Los servicios públicos básicos siguen fallando en el segundo municipio en renta de Andalucía

En los debates televisivos de la campaña electoral, que algunos analizan ahora para hallar los resortes que activaron el nuevo reparto de fuerzas políticas, se coló Espartinas: Juanma Moreno recordó al candidato de Cs que allí sacaron a su único alcalde y que dejó el puesto al ser citado por un juzgado por saltarse pasos en las contrataciones a cargo de un plan de empleo. Fue una alusión fugaz, aunque las paradojas que se dan en la población aljarafeña (15.500 vecinos, segundo municipio andaluz en renta, según el IRPF) hubieran dado para un debate propio, del que todos los partidos podrían sacar lecciones prácticas.

Cs podría reflexionar sobre cómo ha podido patinar con una lista de ediles que era un prototipo de la nueva política: joven, sin pasado en cargos públicos y con experiencia profesional privada. Podría tomar conciencia de que gobernar implica cosas a las que su avanzadilla ya se ha enfrentado en Espartinas: lidiar con deudas, una gestión heredada que no comparte, plantillas desencantadas y debiendo entenderse con otros partidos, por difícil que se lo pongan. A sus vecinos no les valen las excusas que ha ido dando, cuando los servicios públicos más básicos no funcionan: la limpieza viaria es insuficiente, no pueden usar los parques y no ven salida al atasco más allá de los matojos que se expanden en los parterres.

En un debate monográfico, Cs podría haber elaborado la respuesta a por qué las direcciones de la formación se desentendieron y terminaron renegando del equipo que podría haber sido su punta de lanza en el Aljarafe, pero que ha hecho que Cs sólo sume 35 votos con respecto a las anteriores autonómicas.

La reflexión también le hubiera servido al PP, que ha gobernando en Espartinas durante toda la etapa democrática y cuya política determina lo que es hoy el municipio. El alto nivel de renta se debe al tipo de vivienda por el que apostó, no al PIB que es capaz de generar una localidad sin polígonos ni actividad económica potente. Cuando el Ayuntamiento ingresaba dinero por convenios urbanísticos, apostó por impuestos bajos y el todo gratis en servicios opcionales, que fueron la envidia de otros pueblos, pero que no pudo mantener con las vacas flacas. Tuvo que hacer un ERE y subir el IBI, que se moderó después. Pero perdió el gobierno sin dejar listas tampoco -pese a que en ello insista- las salidas a la A-49 para esos vecinos que dependen del coche. En la oposición el PP se ha roto: el ex alcalde ha creado un nuevo partido y su segundo de a bordo se ha pasado a Vox.

El PSOE, cuando más hacía falta, no ha elaborado un discurso alternativo. Se ha dividido, dudando primero si le convenía apoyar a Cs y después en la pugna entre sanchistas y susanistas en la agrupación local. IU mantiene una representación mínima. Los vecinos, mientras tanto, se resisten a secundar iniciativas para reclamar soluciones a las graves carencias por las sospechas de que detrás hay siempre un interés electoral. Pero estallan en las redes sociales. Y Vox ha obtenido en la localidad su segundo mejor resultado en Sevilla: 1.223 votos, el 17,54%, casi empatado con el PP, Cs y el PSOE. Espartinas podría ser un banco de pruebas.

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