Las dos orillas

Todo para el peatón

Ya sólo falta que salgan a pasear los peatones eléctricos (robots) para que las calles queden insoportables

Todo es para el peatón, a su mayor gloria, pero sin el peatón. En las fiestas navideñas, Sevilla se ha peatonalizado. Colocaban a policías locales en la Puerta Carmona y otras antiguas puertas, que ya no existen, para no dejar pasar ni un coche, más allá de la guerra entre los taxis y los VTC. Pero es lo mismo. Incluso en la semipeatonal calle de Mateos Gago, arteria principal del turistificado barrio de Santa Cruz, aparecen coches a todas horas, para complementar a los veladores. El peatón siente ganas de ser un dron, pues de otro modo resulta imposible avanzar. Se recuerda con agrado aquel día en que el alcalde Espadas vendió la burra de la peatonalidad. Son tantas las excepciones que se cargan la regla.

La Avenida es otro ejemplo. Está presuntamente peatonalizada, pero un turista puede morir atropellado por un tranvía, o arrollado por un ciclista que circule por ese carril marcado de tal modo que ninguna persona inteligente pensaría que es un carril. A lo cual se suma que muchos ciclistas (demasiados, podríamos precisar) no entienden de semáforos, ni pasos de peatones, en los cruces, donde se recomienda hacer la señal de la cruz antes de pasar.

Ser peatón en Sevilla no es sencillo. Es como ser ciego en Granada. En la mayoría de las ocasiones no ves el peligro. Tienes la ventaja de que los vehículos que te pueden arrollar no son contaminantes, y no echan humo, ni gastan gasolina, y son de lo más ecológicos. A veces, además de verdes, son bordes. Y en Traumatología aportan trabajo. Eso sí, es un trabajo limpio.

Existen empresas (no sé si multinacionales, como dirían los ecologistas podemitas) que se esfuerzan por hacernos la vida mejor. Así se ha extendido otro invento: el patinete eléctrico. Un peligro más para el peatón de pata negra, que es el que camina o revienta. Así están las calles, que nada más que se ven zapatillas deportivas de Vans, Nike o Adidas, muchas de ellas falsificadas y vendidas en una calle peatonal. Pues bien, el patinete ya no es la única amenaza. Lo mejor está por venir, como decía Del Nido, y lo mejor es el patín eléctrico.

Pronto se incorporarán a la batalla callejera los patinadores y patinadoras de patines eléctricos, en franca camaradería con los de patinetes eléctricos, los ciclistas (algunos también propulsados), los triciclistas y los motoristas eléctricos. Ya sólo faltan que salgan a pasear los peatones eléctricos (también llamados robots), para que las calles peatonales se queden completamente insoportables.

Podrían poner en Tetuán y en Sierpes un carril para peatones verdaderos. Ser peatón en Sevilla es una maravilla.

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