DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

A pie de calle

SE nos están echando encima las vacaciones de Semana Santa. Llega el momento de ir a la playa y nosotros, huy, con estos kilos. Eso explica que ahora, de repente, corramos a hacer footing, valga la redundancia. Bueno, eso, y que las tardes son más largas, y que con el calorcito no da tanta pereza.

Pero seamos justos: hubo héroes que siguieron corriendo durante el crudo invierno. Yo los veía desde la ventanilla del coche, empañada por la calefacción. Los héroes, en realidad, no hacen footing, sino jogging. Las diferencias no son sólo terminológicas: se puede apreciar un ritmo distinto y una equipación diferente. El jogger alcanza unas velocidades de vértigo, te adelanta sin mirarte y luce unas mallas negras muy prietas y unas zapatillas flotantes. El que hace footing, esto es, uno, sin ir más lejos, se mueve con un trotecillo triste, va en bermudas, con unos tenis blancos y se lleva las manos de vez en cuando (cuando no mira nadie) a los riñones.

A cambio, el ritmo demorado del footing te permite observar los detalles. Con la primavera, los detalles son fundamentales. A nuestras calles les han florecido deportistas por todas las esquinas. Tengo predilección por las patinadoras. Son un símbolo de la juventud. Como ella, parecen mucho más altas, casi altivas, y pasan, pasan rápido, deslizándose suavemente. Pasan incluso más rápido que los profesionales del jogging, je, je. Al verlas y no verlas, me recito un melancólico endecasílabo de Alberti: "¡Adiós, patinadora, novia mía!"

Otro deporte con muchos adeptos es el monopatín. Son muy sufridos. En el tiempo libre que les dejan las pintadas ("¡Skate park, ya!"), no paran de darse tropezones en sus intentos de realizar acrobacias imposibles. ¿Han visto ustedes a alguno que le salga bien alguna vez algún saltito?

Las bicicletas son para la primavera. También aquí hay profesionales y amateurs. Los profesionales llevan mallas de vivos colores y van muy serios, bebiendo del bote de Gatorade. Los amateurs llevan cara de sed. A menudo pedalea una parejita y he observado algo en lo que Bibiana Aído tendría que venir a tomar medidas: con demasiada frecuencia el hombre corre delante, metiendo ritmo, y la mujer trata de seguirle. Eso es inaceptable: ¡Paridad ya!

Si con las patinadoras me acuerdo de Alberti, con los que pasean a sus perros lo hago de Camba, que descubrió que son los perros los que sacan a sus dueños a tomar el aire. A mí, los paseantes (o paseados) me dan mucha envidia: van vestidos de señoras y de señores, y apenas sudan. Lo malo es que tampoco queman tantas calorías, y la temporada de playa, ay, ya está aquí, uf.

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