¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La calle de la Teta
Nada como el primer sorbo de cerveza, que no sabe nunca como el segundo. Que el primero es único como la contemplación del primer nazareno, que a finales del siglo XX era visto en el Porvenir y ahora nos sorprende en los barrios muy alejados del centro. El único problema en esta sociedad de comportamientos invasivos es el de las manazas de quien te ofrece una cerveza, cuando te la ofrece con el vaso sostenido por los bordes. ¡Horror! Se habla mucho de cómo se debe tirar la cerveza, el juego de muñecas que debe mostrar el camero, los centímetros de la espuma y la fuerza del gas, pero muy poco de cómo debe ser portado el vaso. ¡Con la de influencers que subliman bares a cambio de cobrar unas perras! El tabernero con oficio siempre toma el vaso por la base, que hasta pueden portarse tres en una mano. Es un horror la manía de coger los vasos por la parte superior, porque se pegan las yemas de los dedos justo por la parte en que el cliente pondrá sus hermosos labios. ¡Toma de frasco, Carrasco! Se debate mucho sobre la falta de mano de obra en el sector de la hostelería, pero poco sobre la calidad del servicio, pues se mira el asunto desde el buenismo y cualquier crítica se considera elitista o clasista. Tururú. Complejos se llaman. Una ciudad que presume de consumir cerveza de tirador debería ser más exigente. Sevilla mantiene un tanque de cerveza a un precio barato si se compara con otras ciudades de Europa, pero no ha logrado beber de un cristal donde en muchas ocasiones no estén estampados los dedos ajenos. No es cuestión de escrúpulo, sino de falta de oficio. Es curioso que te dejen el cubierto usado (una cochinada) en la mesa para tomar el segundo plato, pero, en cambio, te pongan un cristal nuevo para la segunda cerveza. Quizás tenemos la cerveza más barata de España porque aceptamos beberla de cualquier manera. El cliente calla y soporta, cuando la regla en sencilla. Los vasos, por la base. Los cubiertos, limpios en cada plato. Qué maravilla ver tres vasos sidreros portados por la parte inferior. Oficio se llama. No se trata de escrúpulo, sino de oficio de quien ejerce el noble oficio de servir. El buenista nunca lo reconocerá, porque suele padecer complejillo, pero a todo cliente le gusta ser bien servido. Que después nos hartamos de ver a gente pasando la servilleta por la parte superior del vaso, pero no reconocen que le horroriza poner sus labios donde antes han estado las yemas de los dedos ajenos. Que levante la mano el que no haya estado sentado en una mesa y no le hayan plantado por delante un vaso recién cogido por los bordes, justo por donde hay que beber. A lo mejor hay que darle la razón a Mariló Montero, que la cerveza es mejor tomarla directamente del botellín. Porque algunos vasos, además, huelen a Fairy en el mejor de los casos. Si es que, al final, es mejor quedarse en casa y pedir unas pizzas, pero como dice el gran Francisco Correal, Paquiño para quienes bien lo queremos, no hay nada como tomarse el café en un bar. Y no digamos la cerveza. Sobre todo el primer sorbo. Y ya vendrá el tontucio acomplejado que critica al "escrupuloso", pero trinca la servilleta, se da la vuelta y limpia el borde donde ha de colocar su linda boquita. Menos juego de muñecas y más oficio.
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