¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Iwasaki en la Academia
Casi lapidan a mi admirado Álvaro Peregil por cantar las verdades del barquero. "La cerveza se debería cobrar en Sevilla a 2,30, pero la cobramos a 1.50". Verdad, verdadera, que se decía en el patio del colegio. Distinto es que ninguno vayamos pedir pagar más por la caña, que todo hay que dejarlo claro porque alguno (y alguna) suelta en las tertulias que pagar impuestos es un acto que le genera felicidad. Pues mire usted, que diría Felipe, es un acto de responsabilidad que, además, no esta exento de cuestionamiento respecto a las cifras tan altas de presión tributaria que sufrimos los españoles. Y pagar más no garantiza el Estado del Bienestar, sino que el Gobierno gestione bien lo recaudado.
Pero vayamos al meollo. El reconocido tabernero osó aludir al precio barato, baratísimo, de la caña de cerveza en Sevilla al compararlo con Madrid. Y, sobre todo, al cada vez más escaso margen de beneficio del hostelero sobre el a su vez cada vez más caro barril de cerveza. En Sevilla sigue habiendo clientes que miran la marca del tirador antes de asentarse en un bar y se dan media vuelta si no está el Gambrinus de toda la vida. Por eso el tabernero en general ha sido consciente durante años que asumía un gran riesgo si cambiaba de marca, no digamos ya que se exponía a la guasa o incluso al desprecio. Aquella hegemonía, como ha ocurrido en otros ámbitos de la ciudad, no es ya la de los años ochenta y noventa. En los últimos años hay nuevas marcas de cerveza que se hacen lentamente con un espacio de mercado en los bares de Sevilla. Es una realidad palmaria que para muchos es un tabú. Curioso, ¿verdad? Será que los tiempos cambian, que la ciudad no es la misma que hace veinte, treinta o cuarenta años y que, por supuesto, los hosteleros aspiran a un margen de beneficio razonable con la rubia con espuma, la bebida más popular y demandada para socializar en aperitivos, almuerzos y cenas.
Solo hay que salir de España para comprobar lo barata que es la cerveza en Sevilla. No hay reparos a cobrar una caña a cinco euros en bares muy, pero que muy alejados del centro de Roma. ¡Cinco euros! No digamos ya en otros países como Alemania. La cerveza parece un artículo de lujo hasta tal punto que se deja fuera de los menús, en los que, en cambio, sí se incluye una suerte de vino. ¡Claro que la cerveza es asequible en Sevilla si se compara con otros mercados! Diga que usted que sí, don Álvaro, pero le decimos como al matador al que se cuadrilla le ha dejado el pedraja perfectamente para la suerte de varas:“¡Quieto, no lo toques!”.
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