¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
¿Informaciones u ocultaciones?
Asumimos con toda normalidad que los partidos coloquen a los suyos en los puestos principales y secundarios. Simplemente porque son de los suyos. Todo partido es una estructura concebida con el objetivo de lograr el gobierno y mantenerse con vocación de perpetuidad. El error común, no sólo en el ámbito de la política, es el de primar la docilidad por encima de todo. El precio de los Koldos ya es conocido. La lista es muy extensa. Nadie aprende, no hay cultura de contar con personal con un conocimiento riguroso de la materia que le toca gestionar, con criterio propio (¡cuidado, peligro!) y con capacidad de discernimiento. El baranda busca recaderos, vientres agradecidos, sonrientes a sueldo, babuchas con las que pisar cómodo. Todo eso se mantiene hasta que ocurre una desgracia, se abre un tiempo de vacas flacas o salta un escándalo por las manos de alguien trincadas en la masa. El problema es que nunca pasa nada... Hasta que sucede. Las mordidas forman parte del catálogo, al igual que las debilidades humanas de cintura para abajo. Pero una tragedia con 45 muertos jamás debe ser entendida como normal por mucho que un país necesite tirar hacia adelante y dejar en manos de la Justicia el trabajo que le corresponde: hallar a los culpables y depurar las responsabilidades.
Nada es por casualidad. Hay cultivos nefastos que llevan años de siembra. Los lacayos no sirven cuando llega la hora de la verdad. Los que dan la razón continuamente al superior sin aportar su punto de vista (por comodidad o supina ignorancia) no son los fontaneros necesarios cuando llega el momento crítico. Dar puestos a gente que no busca trabajo, sino ser colocada, genera unos serios riesgos. Rebajar el nivel de ministerios, direcciones y presidencias de empresas se paga tarde o temprano. Porque luego suceden pandemias, apagones, incendios, volcanes y accidentes. No se puede confiar tanto en incompetentes por el mero hecho de que son del partido, ríen las gracias, tienen vocación de mayordomos o han demostrado sobradamente la enorme cualidad de soportar las broncas de un jefe que exige resultados imposibles de ser obtenidos por un peón de briega colocado como cabeza de cartel. Hay que confiar en Santa Bárbara, en que la gente solvente emerja en tiempos de crisis, en algún manto protector que surja de forma providencial y en que a veces hay dirigentes con cabeza en el sitio clave. La historia no se repite, es la misma en todos los ámbitos. Abonarse a los dóciles y agradaores es abrazar el riesgo. Si el precio es el ridículo, se puede digerir. Si son 45 muertos es de esperar la acción de la Justicia. La causalidad no es ninguna explicación. Hay perfiles de incompetencia escandalosos.
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