¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
La cultura de la comodidad y del disfrute no tolera la muerte. Nada hay más relacionado con la vida que la muerte, pues la única condición para morirse es estar vivo. La zona de confort en que tenemos que estar por narices no marida nada bien con la Canina, esa señora de los cardos y las yedras que uno no se pierde en Semana Santa por nada del mundo. Está claro cuál es para algunos el paso más importante del Santo Entierro Grande:el que tiene el llamador en la zambrana. La muerte estorba, incomoda, es fuente de conflictos y altera los planes de la vida cotidiana, pero no del muerto, lógicamente, sino de los vivos. La muerte casa muy mal, terriblemente mal, en esta sociedad donde un favor se vende caro, nadie deja pagado el café a nadie porque esos códigos sociales han caído en desuso, y se espera el retorno, que no la reciprocidad, de cualquier gestión hecha en favor de un tercero. El cura de la Magdalena, señor párroco Francisco Román, lo ha dicho alto y claro en una información firmada por Diego J. Geniz, que cada año nos ilustra como nadie sobre el sentido de las festividades de noviembre.
El sacerdote ha dejado varias perlas. “La sociedad esconde la muerte porque no tiene respuesta para ella”. “Ahora se tiene menos presente a los difuntos que en otras épocas”. “No existe obligación social a la hora de la muerte y, si la hay, es mínima”. En los templos parroquiales cada vez se celebran menos exequias. Es preferible el tanatorio, más cómodo por funcional, con ese estilo NH que impregna todo en estos tiempos. Que nada se parezca a lo que de verdad es. Que nadie se aburra, cuando el aburrimiento no es malo. Que las misas sean amenas, cuando el objetivo no es que aburran ni que distraigan. Que todos los niños aprendan jugando, cuando estudiar es una actividad seria y la seriedad en sí misma es un valor muy positivo. Nos tratan cada vez más como párvulos ante las obligaciones y, por supuesto, ante la muerte. Nos aplican maquillajes, trampantojos, placebos...
Pretenden que vivamos como si fuéramos inmortales. Ocultan la muerte, con lo natural que es y lo bien que le sientan los cardos, como se orilla a los padres difuntos. Sí, con el pretexto de la intimidad y la comodidad, anda qué no, hay muchísimos casos en que se pretende poner tierra de por medio (y, sobre todo, paletadas por encima)a los antepasados cuanto antes, por la vía exprés y sin testigos. El muerto al hoyo y el vivo al notario. ¿Pésame? ¿Capilla ardiente?¿Misa de los ocho días o de aniversario?Si siempre daba tiempo a todo: a despedir en condiciones y a confraternizar. Se decía: quien no bebe vino tras un funeral, el suyo viene en camino. Ya ni eso. Todos a Disney. Los perros son seres sintientes.
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