El viaje más largo

En la historia de la vuelta al mundo está implícita la crónica del papel de Sevilla en ese momento

Si no han tenido ocasión de visitar la exposición que está instalada en el Archivo de Indias de Sevilla sobre la vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, les invito a que no dejen de hacerlo. Es una exposición extraordinaria por muchos aspectos. Con el título El viaje más largo, en la muestra se describe con detalle el enorme viaje que realizaron las naves españolas desde Sevilla y Sanlúcar de Barrameda al encuentro de las especias de las Islas Molucas. Con un diseño sugerente y actual y la valiosa y excepcional aportación de exclusivos documentos del momento custodiados en el Archivo de Indias. Emocionantes algunos de ellos, como por ejemplo el testamento de Juan Sebastián Elcano. Y con la imprescindible presencia del propio edificio, cumbre de la arquitectura española. ¿En qué otro lugar se podría haber montado más adecuadamente esta exposición?

Una aventura esencial para la economía de la Corona española que, como tantas empresas arriesgadas, y está lo era en grado sumo, conllevaba muchos intereses. La pugna por el monopolio de las especias entre España y Portugal estaba en juego. Portugal decretó el apresamiento y destrucción de la flotilla de cinco barcos que comandaba uno de sus compatriotas. No entiendo aún como alguien puede hablar del mérito portugués en la circunnavegación. Esa rivalidad estuvo presente desde el primer momento en la expedición, con la desconfianza de los oficiales españoles hacia la capitanía de Magallanes, un portugués. Los documentos nos muestran esa desconfianza que se extendió a todos los niveles. Muchos sevillanos se negaron a formar parte de la expedición y tuvieron que contratarse marineros y artesanos de otras partes de España y países extranjeros. Algunos de los principales oficios lo eran. La lista de embarcados, sus empleos, en qué nave iban o la carga de cada una de ellas son testimonios de la minuciosidad del trabajo de los escribanos de la Corona, que registraban absolutamente todo. Que se lo digan a los buscadores de tesoros en los pecios españoles, que tienen la lista de todo lo que van a encontrar en el interior de los barcos.

La historia terminó con éxito, aunque no sin mil y unas dificultades como saben, y con una carga de especias que sirvió para pagar todos los gastos de la expedición. ¡Se imaginan si hubieran llegado los cinco barcos! La exposición termina con la referencia a los siguientes viajes y como se organizó la navegación entre las Molucas, Filipinas y México, entonces Nueva España. Lo que durante siglos se llamó el Galeón de Manila, que evitó navegar por los dos peligrosos cabos que rematan América y África. De Manila a Acapulco, y de ahí a Veracruz y a España. Un viaje menos temerario y mucho más práctico.

No se pierdan esta exposición, porque, además de lo en ella contado, en la historia bien documentada de la primera vuelta al mundo está implícita la crónica del papel crucial de Sevilla en ese momento exacto de la historia.

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