La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Sierpes estrena alicatado de naranjas
Hasta hace relativamente poco, la mayoría de los historiadores defendían que la Historia era resultado de complejos movimientos tectónicos económicos, sociales, tecnológicos e ideológicos en los que las personas éramos meras motas de polvo en medio de un huracán. Alguna razón tenían y tienen, pero no del todo. Las huellas de las individualidades en la Historia son, a veces, decisivas en el acontecer del mundo. Imaginen qué hubiese sido, para bien o para mal, del devenir de España sin personajes como Cánovas, Azaña, Franco, Juan Carlos I, Felipe González o Aznar. Sin su inteligencia, sus necedades, sus miedos, sus complejos, sus vicios, sus aciertos, sus errores o su brutalidad, todo sería hoy distinto.
En el futuro, el periodo histórico que ahora vivimos en España no se podrá comprender sin muchas figuras que ahora lo protagonizan, sobre todo la del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. A nosotros nos toca ser partículas de polvo, pero, eso sí, partículas cabreadas que pueden votar y que, por tanto, son capaces de intervenir, aunque sea mínimamente, en los acontecimientos. La democracia siempre tiene algo de venganza, de ajuste de cuentas de la plebe con el poder.
A estas alturas no cabe la menor duda de que Pedro Sánchez es un problema para España. No es el único y la desaparición del actual presidente del Gobierno del damero político no supondrá el final de muchos desastres forjados durante décadas, pero es una condición imprescindible para la regeneración de un país que, bajo su manto, ha sufrido un preocupante proceso de degradación.
España no va bien, por mucho que el Íbex esté relajado. La gente no tiene acceso fácil a la vivienda, el trabajo está muy mal pagado, la cohesión territorial es una pura ficción, el sistema ferroviario ha saltado por los aires, la crispación política lo invade todo, la sensación de seguridad está desapareciendo (en los barrios trabajadores, no en los cómodos distritos pijo-progres y pijo-cons en los que habitan los analistas), muchos ciudadanos creen que su Gobierno se ha instalado en la mentira, el bulo y la marrullería... Es el momento de que Sánchez dé un paso atrás, se abran las ventanas y se airee la nación. Sin más inquinas: el señor Sánchez a vivir bien de sus rentas y conferencias como líder progresista internacional y el resto a reconstruir el país o, por lo menos, hacer más respirable su atmósfera. Todos salimos ganando, lo que los políglotas llaman un Win Win.
También te puede interesar