De momento, don Pablo, su estrategia de entrar en el Gobierno para luego calar poco a poco en la sociedad parece fracasar, pues no consigue la empatía que preveía aun dedicándose a las leyes más sociales que, en principio, debieran facilitarle la entrada al corazón del ciudadano, paso obligado para acceder al olimpo de los elegidos para gobernar.

Tendrá que ir pensando en quemar otros cartuchos, pues si no aprovecha su momento de máxima visibilidad política no tendrá otro mejor. Tendrá que ir pensando en una estrategia más favorable a sus futuros intereses electorales, porque ésta no le funciona, vicepresidente. Quizá debiera empezar por analizar si es galán que enamore con su baile en la pista o está errado y, creído de ser galán, es el socorrido apaño de fin de verbena, en cuyo caso olvídese de estrategias y trate de velar más por su reputación política que por su futuro presidencial. 

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