Asesinato machista en Aznalcóllar "He matado a tu madre, ahora voy a matarme yo"

  • El asesino de Aznalcóllar telefoneó a su hija mayor para informarle de lo que acababa de hacer antes de dispararse

  • El crimen fue presenciado por el hijo menor del matrimonio, de sólo cuatro años

Banderas a media asta y un cartel contra la violencia machista en el Ayuntamiento de Aznalcóllar. Banderas a media asta y un cartel contra la violencia machista en el Ayuntamiento de Aznalcóllar.

Banderas a media asta y un cartel contra la violencia machista en el Ayuntamiento de Aznalcóllar. / Antonio Pizarro

"Te llamo para decirte que he matado a tu madre, y que ahora voy a matarme yo". Esa fue la conversación que mantuvo el autor del crimen machista de Aznalcóllar con su hija mayor, de 20 años, sobre las doce menos cuarto de la noche de este martes. Eugenio Luque Rodríguez, de 51 años, acababa de terminar con la vida de su mujer, María del Mar Casto Moreno, de 43, descerrajándole un tiro de escopeta a quemarropa. Luego llamó a su hija para informarle del crimen y de que se suicidaría después de colgar, finalizó la conversación, se colocó el cañón del arma bajo la barbilla y apretó el gatillo.

Los hechos ocurrieron en el domicilio familiar, en el número 6 de la calle Pedro Gómez del Castillo de Aznalcóllar. La casa está en el centro de este municipio minero de seis mil habitantes, a escasos veinte metros del Ayuntamiento. En ella se encontraba el hijo menor de la pareja, de sólo cuatro años, que fue testigo del crimen y que este miércoles estaba siendo atendido por los psicólogos.

La vivienda tiene una única puerta con cochera. Para que no se viera el interior, los familiares del matrimonio colocaron una lona de color negro. Detrás de ella hay ajetreo desde primera hora de la mañana de este miércoles. Varias personas se afanan en limpiar los restos del crimen. Se oyen voces y cada poco tiempo aparece alguien con una botella de salfumán, otro con una de lejía y demás productos de limpieza. Los cámaras de televisión, fotógrafos de prensa y redactores mantienen una prudente distancia. Un periodista se acerca a una mujer que sale de la casa, retirando la lona. El gesto de la mujer, una negativa con la cabeza, basta para que el informador no siga. "Lo sentimos mucho", dice el periodista.

Familiares del matrimonio entran en la casa en la que ocurrieron los hechos. Familiares del matrimonio entran en la casa en la que ocurrieron los hechos.

Familiares del matrimonio entran en la casa en la que ocurrieron los hechos. / Antonio Pizarro

En la vivienda colindante la puerta permanece completamente cerrada. Al otro lado, el más alejado del Consistorio, hay un solar que se utiliza como aparcamiento, hoy tomado por las unidades móviles de las cadenas de televisión. En las casas de enfrente tampoco abren. En la esquina de la calle hay un supermercado Covirán en cuya puerta los periodistas abordan a los clientes.

Algunos son vecinos y cuentan que oyeron un fuerte ruido, que alguno confundió con una explosión. Era el primer disparo, el que acabó con la vida de María del Mar. Al sonido del tiro le siguió un llanto de un niño, el pequeño que fue testigo del asesinato de su madre. Después, otro disparo, otro estruendo, el del tiro con el que Eugenio Luque se quitó la vida.

El matrimonio tenía tres hijos, dos chicas de 20 y 15, y el varón de cuatro años que presenció el crimen. La mayor ya se había emancipado y la mediana estaba en Valencia de excursión con su centro educativo. No había ninguna denuncia por malos tratos, ni solicitud de ayuda o de asistencia ante el Instituto Andaluz de la Mujer o ante el Ayuntamiento de Aznalcóllar, ni tampoco, que se sepa, la pareja estaba en trámites de separación. El asesino no tenía antecedentes por ningún delito y tenía su licencia de armas en regla, pues era aficionado a la caza.

Una lona negra cubre la entrada a la vivienda. Una lona negra cubre la entrada a la vivienda.

Una lona negra cubre la entrada a la vivienda. / Antonio Pizarro

Como buena parte de los vecinos de esta localidad, Luque era minero. Trabajó casi toda su vida en la mina de Aznalcóllar hasta el cierre de la misma tras el desastre de Boliden y ahora seguía ejerciendo su labor en las tareas previas a la reapertura de la mina que están en marcha desde hace más de un año. Algunos de los vecinos lo definen como una persona retraída y aislada.

En las calles del pueblo sólo se hablaba este miércoles del suceso. "Ella iba a empezar a trabajar y él no lo aceptaba", charlan tres mujeres que cruzan una calle próxima al escenario del crimen. En una frutería cercana, el vendedor cuenta a unos periodistas que ayer mismo el asesino le compró un saco de naranjas. "Alguien que va a matar a su mujer y luego se va a suicidar, si lo tiene todo preparado... es raro que se lleve un saco de naranjas, ¿no?". En la frutería se genera una tertulia. "Él era muy celoso. Y ella tan guapa, la pobre..."

El alcalde de Aznalcóllar, Juan José Fernández, habla con un familiar del matrimonio. El alcalde de Aznalcóllar, Juan José Fernández, habla con un familiar del matrimonio.

El alcalde de Aznalcóllar, Juan José Fernández, habla con un familiar del matrimonio. / Antonio Pizarro

Los vecinos que oyeron los disparos llamaron al 112, que alertó a la Guardia Civil. Una pareja del instituto armado descubrió los cuerpos, que estaban en la misma habitación. La mujer tenía el teléfono móvil en la mano. Si hubo una discusión previa y ella intentó pedir ayuda sólo lo sabe ya el hijo pequeño de la pareja. La casa se llenó de familiares. También estuvo el alcalde de Aznalcóllar, Juan José Fernández Garrido (IU), ex compañero del asesino en la mina.

El Ayuntamiento de Aznalcóllar ha decretado dos días de luto oficial. Desde las diez de la mañana, las banderas ondean a media asta en el Ayuntamiento. Se han suspendido los actos de hoy y mañana previos al Día de Andalucía. María del Mar Casto es la tercera víctima mortal de la violencia machista en Andalucía y la duodécima en toda España en lo que va de año.

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