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La suerte que tuvo la bebé de Los Palacios y no tuvieron otros

Los contenedores en los que se encontró a la niña de Los Palacios.

Los contenedores en los que se encontró a la niña de Los Palacios. / Juan Carlos Vázquez

La bebé milagro de Los Palacios tuvo la suerte que otros no tuvieron. Al menos seis recién nacidos y niños de corta edad murieron en Sevilla en los últimos años, casi siempre a manos de sus progenitores. Era el destino que pudo esquivar la pequeña Nieves, que se llamará así en homenaje a la patrona del pueblo y a la enfermera que estaba de guardia cuando la llevaron al hospital, gracias a la rápida reacción de un grupo de vecinos de Los Palacios, que la escucharon llorar en el interior del contenedor de basura en el que supuestamente la arrojó su madre, la rescataron y la llevaron al centro de salud. Unos minutos más en el contenedor habrían resultado fatales.

El suceso más reciente ocurrió este mismo año, en el mes de abril, en el polígono de San Pablo. La mañana del 26 de abril, una mujer de 30 años y con una discapacidad intelectual acudió al Hospital Virgen del Rocío con sangrados vaginales. Los médicos que la atendieron se dieron cuenta enseguida de que la mujer acababa de parir. Fue ahí cuando se descubrió que había dado a luz en su piso, en la calle Liviana, y había cortado el cordón umbilical y ocultado al recién nacido en una mochila. 

La Policía Nacional acudió a la vivienda y encontró el cuerpo del bebé, que llevaba varias horas muerto. En ese momento, la madre confesó que había estado la noche anterior en la Feria de Abril y había notado que manchaba. Dijo que pensó que tenía la regla, aunque llevaba meses sin tenerla, y al llegar a su casa dio a luz y se asustó mucho al ver "lo que parecía un niño". La madre fue detenida y enviada a prisión provisional. El caso aún está pendiente de juicio. 

Uno de los episodios más extraños de la historia negra de Sevilla es el de los bebés congelados de Pilas. Una mujer vecina de este pueblo del Aljarafe, Sara L. H., dio a luz en secreto y en la bañera de su casa a dos niños, a los que mató después y escondió sus cuerpos en sendos congeladores de su casa. Los cadáveres de los recién nacidos se pasaron años ocultos, hasta que el 9 de noviembre de 2012 el marido de la asesina encontró a uno de ellos cuando limpiaba una de las neveras. Sara fue detenida y enviada a prisión, donde se descubrió que estaba de nuevo embarazada. Tres semanas después, el 27 del mismo mes, el marido halló el segundo cuerpo en el otro congelador. 

La mujer había ocultado en ambas ocasiones su estado de gestación. Parió sola en la bañera de su casa y asfixió a los dos bebés, que habían nacido vivos. Uno de ellos nació en los últimos meses de 2010 y el otro no se pudo concretar pero sí se supo que lo había hecho entre los años 2002 y 2008. Los metió en bolsas y los ocultó, junto con la placenta y el cordón umbilical, entre los alimentos. Sara L. H. fue condenada a 35 años de prisión. Dio a luz a los pocos días de entrar en prisión, una niña a la que casi con toda seguridad esperaba un destino similar al de sus dos hermanos, pues nadie de su entorno sabía que estaba embarazada. El matrimonio tenía dos hijos mayores. 

En el mes de junio de 2017 murió un bebé de seis meses en el Hospital Virgen Macarena, con graves lesiones cerebrales tras haber sido agitado por su padre en el piso en el que éste residía con su pareja en la barriada del Cerezo. Los hechos ocurrieron el 12 de junio, cuando el padre se quedó a solas con el niño y éste no paraba de llorar. Esto, según reza en la sentencia del caso, "agotó la paciencia" del progenitor, quien "lo zarandeó violentamente en repetidas ocasiones". El niño tenía también un fuerte golpe en la cabeza, que le fracturó el cráneo. Murió cinco días después. 

Aunque en un primer momento la Audiencia Provincial de Sevilla condenó al padre a veinte años de prisión por un delito de asesinato, el Tribunal Superior de Justicia (TSJA) rebajó después la pena a cuatro años al entender que la muerte del bebé había sido fruto de una "imprudencia" por parte del progenitor. 

También en la Macarena murió el 31 de agosto de 2009 una niña de 28 días, asfixiada por una bola de papel higiénico que le introdujo su padre en la boca para que dejara de llorar. El suceso ocurrió en la barriada Macarena Tres Huertas, también a escasos metros del hospital, al que los padres llegaron corriendo con la menor, sin que hubiera posibilidad de salvarle la vida. La pelota de papel se le había instalado en la tráquea y le había bloqueado las vías respiratorias. 

Como en el caso del Cerezo, el TSJA rebajó la pena impuesta al padre, que había sido condenado a 20 años de prisión por asesinato. El Alto Tribunal Andaluz le impuso una pena de cuatro años por un delito de homicidio por imprudencia, al no quedar probado que empujara el papel hacia el interior de la boca ni que dilatara la asistencia sanitaria. La madre fue absuelta.

Quien sí fue condenado por asesinato fue el hombre que mató al bebé de su pareja, de un año y medio de edad, en la barriada de Los Prunos, en el distrito Cerro-Amate. Ezequiel R. T. zarandeó "brutalmente" al niño porque éste no dejaba de llorar. Además, también quedó probado que maltrataba habitualmente al hijo mayor de su novia. Los hechos ocurrieron en abril de 2016. La madre también fue condenada a cuatro años y siete meses.

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