Carambolas para la Iscomanía
Desde mi córner
Nunca dejará el bético de agradecer a Monchi el arrebato que le hizo coger a Isco del cuello
COMO maná caído de ni se sabe dónde, así ha caído Isco en Heliópolis. Tras la huida de Canales y la lesión de Fekir estaba el beticismo deseando encontrar su tótem y lo ha encontrado de la forma más sorprendente. Lo ha encontrado de rebote, bendito rebote, y puede decirse sin temor alguno al error que el malagueño va a ser el ídolo que tarde tras tarde será motivo de veneración de ese beticismo que en esta hora aparece exultante.
Se está ponderando de forma generalizada esa técnica rayana en la magia que cada tarde exhibe, pero se dejan atrás otras virtudes que pueden hasta ser más importantes. Y es que viendo como corre como un poseso persiguiendo una recuperación tras pérdida, la admiración sube a las nubes. Es una demostración palmaria de compromiso la que Isco exhibe un partido sí y al otro también, pero es que si todo eso se adoba con la consecución de goles decisivos es tremendo.
De los tres goles marcados, dos tuvieron ese sello de decisivos y pudo serlo también el primero que marcó, aquel golazo en San Mamés a Unai Simón que a la postre no sirvió. El testarazo al Sparta de Praga y el conseguido sobre la última campana antier por la tarde han tenido un peso que se refleja con brillo en las tablas clasificatorias. Y si el primero desató la Iscomanía, el misil sobre la portería osasunista fue el desiderátum, en no va más en esas fiestas heliopolitanas.
Si Dios escribe derecho en renglones torcidos que haya llegado Isco al Betis ha sido mediante un proceso rico en renglones a cada cual menos recto. Nunca agradecerá el bético lo bastante que Monchi lo cogiese por el cuello para que sus días de sevillista acabasen como acabó. Eso propició una carambola que permitió la presencia de un futbolista milagro en la filas del Real Betis Balompié. Que no se quiebre la racha y en ese caso entrará, si no lo ha hecho ya, en el Olimpo bético.
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