Desde mi córner
Luis Carlos Peris
Un derbi repetido hasta la saciedad
El Betis desaprovechó la doble oportunidad que le daba jugar en La Cartuja dos jornadas seguidas. Derrapó por dos veces el equipo de Manuel Pellegrini, adelantándose en el marcador en ambas ocasiones, pero sin físico ni plan alternativo desde el banquillo para darle la vuelta a la situación.
Hay quien aprovecha el momento para señalar directamente al técnico chileno. Los mismos que sacaron el dedo acusador tras la indecorosa derrota en la Copa del Rey. Lo enfundaron, pero en cuanto ha asomado la oportunidad de nuevo de señalar al entrenador, vuelta a lo mismo cuando hay que analizar otras motivaciones.
Lo cierto es que en el derbi el Betis se cayó por completo en la segunda parte. El encuentro exigía un cambio en la banda derecha, pero el Ingeniero se mantuvo inmóvil. Apenas hizo dos sustituciones, dejándose tres cambios sin hacer cuando Fornals no podía ya aguantar el ritmo del encuentro y Antony estaba desbordado sin ayudar a Ruibal en el dos contra uno que le exigían Oso y Ejuke. La responsabilidad del entrenador es clara e igual que en otras temporadas estaba iluminado y parecía hacer las permutas de futbolistas con una varita mágica, últimamente no acierta.
Con el 2-0 en casa el error fatal del conjunto verdiblanco fue dar varios pasos atrás. Algo que fue, según indicó en rueda de prensa, “inconscientemente”, pero lo cierto es que fue algo que pudo cambiar con algún movimiento antes de que llegaran los goles del rival. Deossa ha caído en el olvido. Riquelme o Chimy parece que no están ya ni para que sus compañeros puedan tomarse un respiro. Quizá el miedo a que se le escapara el triunfo, que al final es lo que acabó pasando, le hizo pensar que era mejor no hacer más cambios pese a que el equipo lo pedía a gritos sobres el césped. Una equivocación. Otra más, podrá pensarse incluso, pero en el fútbol ya se sabe que las facturas se cobran siempre tras el pitido final e hiciera lo que hiciera no contaba el plan B, C o el D, sólo el resultado.
Salió cruz. Pellegrini será el primero en analizar qué pasó para que el conjunto heliopolitano entregara el encuentro. Porque el 2-2 significa en el beticismo dejar la ocasión de superar al eterno rival, para el técnico, perder dos puntos más en una campaña en la que lleva ya 10 igualadas en Laliga, algunas con sabor a derrota. La idea de esperar más atrás funciona a domicilio, aunque en La Cartuja, ya desde el triunfo contra el Valencia, le viene costando llevar el peso del encuentro como lo hacía antes. Le falta continuidad y regularidad en los 90 minutos como le faltan opciones en el banquillo que pueden dar para ganarle al Rayo o al Sevilla pero no para aspirar a Champions como alguno cree.
Con el 2-1 el Ingeniero echó un vistazo al banquillo. Con Sergi Altimira intentó recuperar el equilibrio de un conjunto roto. Con Bakambu, simplemente, piernas frescas en la primera línea de presión. Pero no había mucho más. No se atrevió a quitar a Antony por Ángel Ortiz, que es lo que, seguramente, hubiera equilibrado, o al menos frenado, la sangría por ese costado. Pero no había mucho más porque a Deossa le falta fútbol; Riquelme ha caído en el ostracismo por su bajo rendimiento; Chimy Ávila es impredecible; Pablo García dejó escapar el tren y Bellerín, Marc Bartra o Junior no eran soluciones para recuperar la iniciativa perdida. ¿Hay recambios para aspirar a Champions o la Europa League es el objetivo más lógico? En estas ocasiones es cuando se echa en falta a los Isco, Lo Celso o incluso Amrabat en un centro del campo que acumula ya muchos minutos y al que le cuesta gobernar los partidos para “inconscientemente” echarse atrás. Para eso el técnico debe tener un plan alternativo. El B fue esperar atrás y salió bien ante el atlético y el Mallorca. Ahora falta un C para recuperar la iniciativa en casa cuando el equipo da esos pasitos atrás que acaban en derrapes y cuestan puntos.
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