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Cruzarlo todo para llegar a la meta

Así recomiendan prepararse los especialistas de Viamed para la Zurich Maratón de Sevilla

Músculos, tendones y corazón debe estar preparado para soportar un esfuerzo prolongado que no admite improvisaciones. / M.G.
M.G.

13 de febrero 2026 - 14:10

Hay días en los que Sevilla late con un ritmo distinto. Este domingo, cuando miles de corredores atraviesen sus calles para completar los 42,195 km del Zurich Maratón de Sevilla, no solo será una prueba deportiva: será el triunfo de la constancia, de entrenamientos bajo diferentes climas, de madrugadas pensando en cada kilómetro y de sueños compartidos entre familiares, amigos y compañeros de camino. Y sobre todo, de ganar un reto personal contra el cansancio, las dudas y la propia resistencia del cuerpo y la mente.

Porque llegar a la meta no es solo una cuestión de voluntad. El cuerpo -músculos, tendones y corazón- debe estar preparado para soportar un esfuerzo prolongado que no admite improvisaciones. Hay una idea muy extendida entre los corredores: “si duele, es normal; forma parte de la maratón”. Sin embargo, los especialistas en Traumatología y Cardiología de Viamed advierten que no todo dolor entra dentro de lo esperable, y que normalizar ciertas señales puede acabar en lesiones que se arrastran durante meses.

Una maratón no comienza el día del dorsal, sino muchos meses antes. Los traumatólogos de Viamed recomiendan un mínimo de un año de preparación específica, especialmente en corredores populares, para permitir que el aparato locomotor se adapte progresivamente a las cargas.

Durante ese tiempo, no solo se entrenan las piernas. “Los músculos, los tendones, las articulaciones y el hueso necesitan tiempo para fortalecerse y tolerar el impacto repetido”, explica el doctor Damián Rial, especialista en Traumatología de Viamed. “La ausencia de una preparación suficiente es una de las principales causas de lesiones por sobrecarga”.

Esta preparación debe incluir entrenamiento de fuerza para proteger rodillas, caderas y tobillos -que se someten a un desgaste muy significativo-, así como trabajo de movilidad y flexibilidad y descanso suficiente entre sesiones.

A esta planificación se suma el control cardiológico. Una adaptación progresiva del entrenamiento permite que el corazón responda de forma eficiente a esfuerzos largos, evitando picos innecesarios de frecuencia cardiaca y reduciendo riesgos, sobre todo en corredores con factores de riesgo cardiovascular.

Antes de enfrentarse a una prueba de 42 kilómetros, los especialistas recomiendan realizar un chequeo cardiovascular completo, especialmente en corredores mayores de 35-40 años, personas con antecedentes familiares de cardiopatías o quienes retoman el deporte tras un periodo prolongado de inactividad. Muchas patologías cardíacas pueden permanecer asintomáticas y manifestarse únicamente ante esfuerzos intensos.

“Una prueba de esfuerzo puede revelar alteraciones que no aparecen en reposo”, señala el doctor Javier Quintana, especialista en Cardiología de Viamed. “El objetivo no es generar alarma, sino garantizar que el corredor conoce su estado cardiovascular y puede afrontar la maratón con seguridad”.

Pruebas como el electrocardiograma, el ecocardiograma o la ergometría permiten evaluar cómo responde el corazón tanto en reposo como bajo carga, detectar arritmias inducidas por el ejercicio o signos de enfermedad coronaria no diagnosticada. Además de seguridad, este estudio previo ayuda a personalizar ritmos de entrenamiento y establecer límites adecuados de frecuencia cardiaca.

Durante la carrera: “es normal que duela”... hasta que deja de serlo

A lo largo de la maratón, el cuerpo empieza a hablar. Según los expertos, es habitual que a partir del kilómetro 10 aparezcan sensaciones de sobrecarga, especialmente en zonas como cuádriceps, isquiotibiales, rodilla, gemelos y tobillo.

Estas molestias suelen formar parte del esfuerzo continuado y no siempre indican una lesión. Sin embargo, los especialistas advierten de una clave fundamental: la persistencia y la intensidad del dolor.

“Cuando el dolor no disminuye, va en aumento o empieza a limitar la carrera, es importante no forzar”, advierte el doctor Rial. “Ignorar estas señales puede transformar una sobrecarga puntual en una lesión deportiva que obligue a parar durante semanas o meses”.

Desde el área de Cardiología, el mensaje es similar: respetar el ritmo entrenado, hidratarse correctamente y detener la carrera ante síntomas como mareos, palpitaciones irregulares o dolor torácico.

“Síntomas como opresión en el pecho, sensación de falta de aire desproporcionada o pérdida de conocimiento nunca deben normalizarse”, añade el doctor Quintana. “Ante cualquier señal de alarma, lo prioritario es detener el esfuerzo y buscar asistencia médica”.

Después de la carrera: descansar también forma parte del reto

Cruzar la meta no significa que el esfuerzo haya terminado. En los días posteriores a la maratón, la fatiga muscular es intensa y completamente normal, y puede prolongarse durante varios días. El cuerpo necesita recuperarse de un estrés físico extremo.

La señal de alarma vuelve a ser la misma: la persistencia continuada del dolor. Especial atención merecen las tendinopatías, especialmente la rotuliana y la del tendón de Aquiles, muy frecuentes tras pruebas de larga distancia. Si el dolor no mejora con el paso de los días o empeora, es el momento de acudir a consulta para una valoración especializada.

En el plano cardiovascular, también puede ser recomendable una revisión cardiológica posterior si durante la prueba se han presentado síntomas llamativos o si el corredor pertenece a un grupo de riesgo. “La vuelta al entrenamiento debe ser progresiva y supervisada cuando existen antecedentes o síntomas durante la carrera”, concluye el doctor Quintana.

Por tanto, los especialistas de Viamed Sevilla recomiendan reposo relativo, hidratación adecuada, una alimentación para la recuperación muscular y evitar retomar entrenamientos intensos de forma precoz.

Disfrutar de esta experiencia pasa por escuchar al cuerpo, prepararse con tiempo y no normalizar el dolor persistente. Porque llegar a la meta es importante, pero hacerlo con salud es lo que permite seguir corriendo -y soñando- muchos kilómetros más.

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