La ventana
Luis Carlos Peris
Cuidado, martes y 13
Investigación y Tecnología
Aprovechar el verano y disfrutar de sus actividades al aire libre es uno de los grandes placeres que enriquecen nuestra calidad de vida. Sin embargo, es imprescindible reconocer que esos momentos de diversión bajo el sol pueden dejar una huella silenciosa pero duradera en la piel, especialmente en niños y adolescentes. La exposición excesiva a la radiación ultravioleta, tan presente en nuestro privilegiado clima español, no solo genera las conocidas quemaduras y marcas de "rojez" en la piel, sino que también incrementa el riesgo de desarrollar cáncer de piel en etapas posteriores de la vida. Resulta sorprendente que una sola quemadura con ampolla en la infancia pueda duplicar el riesgo de melanoma en la etapa adulta, confirmando que la piel, como testigo silencioso, recuerda cada exposición solar excesiva.
Con la incidencia del cáncer de piel aumentando aproximadamente un 10% cada año, la importancia de la prevención se vuelve ineludible. Padres, educadores y profesionales de la salud deben colaborar para informar y fomentar hábitos seguros, con especial atención en el uso correcto de protección solar, la aplicación adecuada del factor SPF y la revisión periódica de posibles lesiones. La prevención debe convertirse en un acto cotidiano y consciente, puesto que cada minuto al sol sin las debidas precauciones puede marcar la diferencia en la salud futura de nuestros hijos. Así, este artículo analiza el impacto de la radiación solar en la piel infantil, la importancia de conocer y aplicar correctamente el SPF y los avances en los tratamientos contra el cáncer de piel, recordándonos que la protección hoy es garantía de bienestar mañana.
"Una quemadura significativa antes de los diez años duplica la probabilidad de desarrollar cáncer de piel en el futuro"
El sol, elemento central de nuestra cultura y vida en España, nos regala paisajes y momentos inolvidables, pero también plantea un riesgo silencioso para la salud cutánea, especialmente en las etapas más tempranas de la vida. Sin embargo, esta no es razón para obviar las precauciones ya que tal y como explica el oncólogo médico de Génesis Care, Diego Alcaraz, "debemos tener en cuenta que la piel infantil es mucho más sensible que la de los adultos porque aún no produce melanina con la misma rapidez, cantidad o efectividad y acaba absorbiendo más radiación UV". Esto quiere decir que "una quemadura leve puede convertirse en un problema grave dentro de 20 años. Sabemos que muchos cánceres de piel en adultos comenzaron con los daños acumulados durante su infancia, por eso proteger la piel de los niños y adolescentes, es cuidar su salud futura".
Diversos estudios internacionales han documentado que una quemadura significativa antes de los diez años duplica la probabilidad de desarrollar cáncer de piel en el futuro. Aunque estadísticamente los melanomas en menores de 20 años representan entre un 1% y un 4% de los casos a nivel mundial, la realidad es que cada noticia de melanoma en un niño o adolescente constituye una alerta para padres y profesionales sanitarios. En Europa se observan diferencias notables entre grupos de edad: mientras en menores de diez años la incidencia es muy baja, en adolescentes de 15 a 19 años se incrementa notablemente. Esta tendencia ascendente en la incidencia de cáncer de piel en jóvenes, aun cuando parezca moderada en cifras, traduce una problemática real que nos alerta sobre la necesidad de crear políticas de educación y prevención en salud desde edades muy tempranas. Cada día que pasa, el compromiso con la protección y el cuidado de la piel se erige como una prioridad en la lucha contra un enemigo silencioso que, de descuidarse, puede dejar una marca irreversible en la vida de nuestros hijos.
La crema protectora es nuestro principal aliado contra los dañinos rayos del sol, y entender el significado y uso correcto del SPF es fundamental para garantizar una protección efectiva. El Factor de Protección Solar (SPF) no es un número al azar, sino una medida que nos indica el tiempo que podemos estar expuestos al sol sin que la piel se dañe comparado con no utilizar protección alguna. Si una piel sin protección enrojece a los diez minutos de exposición, aplicar un SPF 30, en teoría, extiende ese tiempo a trescientos minutos. No obstante, esta cifra es válida únicamente si la crema se aplica en cantidad suficiente y se vuelve a renovar cada dos horas, además de tras una actividad que implique sudoración o baño.
El uso inadecuado y la falsa sensación de seguridad que puede generar el uso de un SPF muy elevado hacen que muchas personas desatiendan la aplicación frecuente y rigurosa del protector. La clave está en la constancia y en una correcta aplicación sobre todas las áreas expuestas, prestando especial atención a zonas a menudo olvidadas como la nuca, las orejas, los empeines y la parte interna de los brazos. Es fundamental que tanto adultos como niños aprendan que utilizar un SPF 30 de forma correcta es mucho más eficaz que recurrir a un SPF 50 en una aplicación desidiosa. La protección solar no solo se basa en el número que indica el producto, sino en la práctica diaria de reaplicarlo y hacerlo de manera completa en todas las zonas vulnerables. Asimismo, el uso de complementos como gorros, gafas y ropa adecuada potencia la defensa de la piel frente a la radiación ultravioleta, transformando la salida al sol en una experiencia segura que no comprometa la salud a largo plazo. Educar a toda la familia sobre estos hábitos es una inversión en la prevención del cáncer de piel y en el bienestar futuro de cada uno de sus miembros.
A pesar de que la prevención sigue siendo la estrategia más eficaz para combatir el cáncer de piel, los avances en tratamientos médicos han ofrecido nuevas esperanzas para aquellos casos en que la enfermedad se manifiesta de forma temprana o en etapas avanzadas. La cirugía representa, en la mayoría de los escenarios, la primera línea de acción para extirpar la lesión con precisión, pero en algunos casos no resulta suficiente o apropiada, sobre todo cuando la ubicación del tumor lo complica. En esas situaciones, la radioterapia superficial se posiciona como una alternativa eficaz para tratar lesiones localizadas en áreas sensibles sin la necesidad de intervenciones quirúrgicas invasivas. Técnicas innovadoras permiten emplear la radioterapia avanzada para eliminar células cancerosas con precisión, preservando al máximo el tejido sano circundante.
Además, las terapias tópicas, como cremas especiales y procedimientos de crioterapia, ofrecen soluciones sencillas para tratar células precancerosas antes de que puedan evolucionar hacia un melanoma de mayor riesgo. En los escenarios más complejos, la inmunoterapia ha transformado el panorama terapéutico, activando el propio sistema inmunitario para reconocer y eliminar las células malignas. Los comités multidisciplinares, integrados por dermatólogos, cirujanos y oncólogos, aseguran que cada caso reciba un enfoque personalizado, lo que incrementa la posibilidad de éxito en la lucha contra el cáncer de piel.
Estas estrategias innovadoras, que incluyen la posibilidad de intervenir en metástasis en zonas tan sensibles como el cerebro o los huesos mediante radiocirugía, reflejan la determinación de la medicina moderna para ofrecer soluciones precisas y efectivas. No obstante, los profesionales recalcan que ningún tratamiento, por avanzado que sea, puede reemplazar el valor incalculable de la prevención. Cada medida tomada hoy para proteger la piel infantil es una apuesta segura en la batalla contra el cáncer, recordándonos que el cuidado preventivo es, sin duda, la mejor protección para un futuro saludable y pleno.
Referencia bibliográfica.
Declaraciones del oncólogo médico, Diego Alcaraz, sobre el cáncer de piel con enfoque en la infancia y recibidas vía telemática por parte del departamento de comunicación de Génesis Care España.
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