La cartelista: el patio donde se creó la primera luz
El Aprendiz
Daniel Franca une memoria y documentación a la hora de dar forma y contenido al anuncio pictórico de las Fiestas de Primavera
Su obra supone un homenaje a la época dorada de estas composiciones
Las velas rizadas. El vergel de la cera
El desorden más hermoso. Lleno de belleza. En el suelo del estudio de Daniel Franca (Sevilla, 1985) hay decenas de fotos esparcidas por el suelo. Un taburete con un capirote y algunos claveles en distintos colores como huellas del cartel de las Fiestas de Primavera 2026, editado por el Ayuntamiento de Sevilla y que tan buena acogida ha tenido. La infancia –la del pintor y la de cientos de sevillanos– reflejada en una composición a la que nadie deja indiferente. “Todo parte de una foto que en 1989 me hizo mi padre”, asegura este artista, quien, como ya ocurrió en aplaudidos encargos anteriores, ha querido hacer “un cartel sincero”, donde no haya hueco para la impostura.
El recuerdo y la documentación se dan la mano en el encargo de Fiestas Mayores. “Quería hacer algo de lo que no me arrepintiera el día de mañana”, asegura Franca. Sinceridad aferrada a la infancia. Pero también rigor, como homenaje a la época dorada de la cartelería sevillana. Para ello, este pintor ha acudido a un libro que es considerado la biblia en este tipo de composiciones: Un siglo de carteles festivos religiosos en Sevilla (1881-1987), de Guillermo Mateos de los Santos Pérez.
En este compendio hay carteles que forman parte del imaginario colectivo de la ciudad. Sirva uno de ellos, muy criticado el año de su presentación, La Reina de las Fiestas (1912), de José García Ramos. Una pintura que hoy día se toma por clásica pero que en su tiempo se consideró una provocación, con el protagonismo de una figura femenina que se acerca al mito de Carmen, de Bizet.
Todas las circunstancias que rodearon a cada uno de los anuncios pictóricos de las fiestas mayores sevillanas se incluyen en el citado libro. En este recuento, no pasa por el alto el cartel que Juan Miguel Sánchez (autor del diseño del palio de los Negritos) realizó en 1942, en el que logra burlar la censura de la posguerra y en su composición introduce los tres colores de la bandera republicana: rojo, gualda y morado.
Otro anterior de Juan Miguel Sánchez, también convertido en un clásico de la cartelería. Titulado Luz y Gracia de Sevilla, se trata de una pintura de la Macarena, bajo palio y con la candelería encendida. “Es pura psicodelia”, explica Franca sobre una de las composiciones de referencia, siempre moderna, por mucho que haya pasado el tiempo por ella.
En el cartel de 2026 hay un poco de todo de esto. Un guiño a las aportaciones que hicieron sus predecesores a la hora de pregonar con los pinceles el tiempo más esperado de la ciudad. Reconocimiento que le ha llevado a ahondar en la génesis de este tipo de creaciones, cuando sólo eran textos anunciando los festejos. Luego vendrían acompañados de pequeñas ilustraciones, que fueron ganando peso hasta convertirse en las protagonistas del cartel. En los textos ha contado con la colaboración de Álex Rojas, con tipografías antiguas y con un recuerdo a celebraciones pretéritas. No falta el tuneo del escudo de la ciudad, práctica habitual aquellos años.
Junto al mencionado libro, otra interesante fuente de consulta para Franca ha sido el depósito del Museo de Artes y Costumbres. En él ha podido comprobar la presentación de las obras. “En ellas se evidencia el posicionamiento económico de los artistas en el momento del encargo”, asevera el pintor, quien pone de ejemplo el referido cartel de La Reina de las Fiestas, de mejor calidad en los materiales que los de Francisco Hohenleiter, pese a ser dos pintores excelentes. “Allí he visto una gran variedad en los soportes, desde la cartulina al lienzo de primera calidad”, apostilla.
En el caso de que el cartelista no contara con los medios técnicos adecuados para tal encomienda, el taller litográfico municipal se encargaba de aportar ese plus de prestancia que requiere un encargo institucional. “Los profesionales de este servicio limpiaban la composición”, añade Franca.
Y con todos estos conocimientos recopilados –con la infancia como base– aquel niño que el Miércoles Santo de 1989 jugaba en el patio de su abuela, en el barrio de Nervión, a ser nazareno, se puso a pintar. Un niño que, 40 años después, se asoma al sitio de su recreo (como refirió Antonio Vega) para plasmar los juegos comunes en tantos sevillanos que en la primera edad no conocieron teléfonos móviles, ni pantallas de ordenador ni redes sociales. Sólo la inabarcable fantasía.
De todos los elementos que componen su cartel, hay uno que destaca por encima de todos: el capirote del nazareno, realizado por su abuela a partir de un cartón. Lo ha dejado en el blanco original del lienzo, técnica que en pintura se conoce como “reserva”. “Es la zona que no se toca, la que cubre la cabeza del niño, su imaginación, la inocencia”.
Con tales premisas ha salido un cartel, distinto en su concepción y configuración al que Franca pintó en 2023 para anunciar la Semana Santa de Sevilla, obra encargada por el Consejo de Cofradías de la ciudad. “En el del paso de la Estrella hay más pintura, en éste de las Fiestas de Primavera hay más cartel”, refiere el artista.
Dos obras, no obstante, unidas por un denominador común. La infancia. La memoria. Componentes indispensables de estas fiestas. En el de 2023 fue el recuerdo de la levantá del palio trianero, momento que vivió agarrado a la mano de su padre, José Antonio Franca, ingeniero industrial que “siempre coqueteó con los lápices”. Apoyó a su hijo para que estudiara Bellas Artes, aunque, eso sí, le puso de condición que cursara un módulo de Informática, conocimiento que tanto le ha servido en su trayectoria artística. En el de 2026, el recuerdo le ha venido de aquellos juegos cómplices con su abuela. En aquel patio de Nervión, el sitio de su recreo. Donde -como dijo el compositor- se creó la primera luz.
Temas relacionados
No hay comentarios