Fernando Pérez medita a los pies del Cristo de la Providencia en el corazón de Los Servitas
La capilla servita acogió un acto cargado de hondura y profundidad
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Un acto cargado de profundidad y de belleza que acerca, cada año, una de las imágenes más sobrecogedoras de la Semana Santa. La Capilla de los Siete Dolores acogió en la noche de este pasado sábado la tradicional Meditación al Santísimo Cristo de la Providencia, que sirve como espacio de reflexión edificante en torno a esta imagen de la hermandad de Los Servitas, como antesala de su besapiés. Este año, la declamación del texto recayó en el cofrade y periodista Fernando Pérez, vinculado a las cofradías y a su profesión desde hace más de treinta años, y habiendo protagonizado diversos pregones en Cádiz y su provincia.
El gaditano dedicó unas sentidas y hondas palabras al titular cristífero de la corporación servita, demostrando una vez más el amplio dominio de la temática cofradiera hispalense. En este sentido, más allá de su valía y su dedicación plena y continuada al universo de las hermandades, la elección de Pérez como meditador guarda un trasfondo aún más estrecho. Fernando fue hermano mayor de la hermandad del Ecce-Homo gaditana, sita en la iglesia de San Pablo. La imagen titular es una soberbia obra de José Montes de Oca, uno de los artistas más destacados del siglo XVIII en imaginería sacra. En este sentido, aunque no hay documentación que lo acredite, todos los expertos consideran en atribuir a la gubia de Oca también la imagen del Santísimo Cristo de la Providencia, ejecutado muy probablemente en una horquilla temporal similar a la talla gaditana, por lo que los rasgos morfológicos y estilísticos son más que evidentes. Además, en la cartela trasera de la estipes de la cruz que acompaña a la Virgen de los Dolores el Sábado Santo, Dubé de Luque incluyó las letras JHS (el hombre salvador que es el Ecce-Homo) mientras que en la parte delantera figura el cordero pascual, anticipo de Jesús Sacramentado que es ya el Cristo de la Providencia esperando la Resurrección.
El acto vino acompañado de una posterior cena de hermandad, donde tanto hermanos como personalidades invitadas disfrutaron de un tiempo de convivencia departiendo sobre hermandades y analizando la Meditación pronunciada. Durante toda la jornada del domingo, la imagen permaneció en solemne besapiés, cita obligada de cada primeros de febrero por el antiguo compás de San Marcos.
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