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Bajarse al moro, subirse al gato

Alonso de Santos, durante un ensayo con los actores de la obra representada en el Lope de Vega.

21 de septiembre 2009 - 05:03

EL autor recibía en la silla once del teatro Lope de Vega como si fuera su casa. José Luis Alonso de Santos eligió Sevilla para el estreno absoluto de su última creación teatral, En el oscuro corazón del bosque. El título recuerda a la película de Manuel Gutiérrez Aragón. No teniendo nada que ver este drama de gatos con aquella historia cinematográfica de maquis, personajes muy felinos a su manera, sí hay cierto paralelismo entre ambos trabajos, o quizás entre sus autores. Alonso de Santos, vallisoletano de cuna, gato desde hace 50 años (llegó a Madrid en 1959, a la ciudad que a sus hijos más castizos los distingue con el topónimo de gatos), es sevillano consorte. La patria de su mujer, la periodista Marga Piñero, hija de magistrado, prima del espléndido actor Paco Piñero, ahora enseñando el oficio en Córdoba. Y Gutiérrez Aragón se hizo sevillano cuando rodó la película Semana Santa.

En los trabajos de ambos autores norteños figuran sendos actores argentinos. En la película trabajaba Norman Brisky; en la obra de teatro, Héctor Colomé, que ayer disfrutaba del espléndido otoño hispalense tomando un café en el Badulaque de su compatriota Walter. El gato que lee a Marco Aurelio y escucha a Mozart en la obra de Alonso de Santos es argentino de Córdoba y ayer mostraba su pesar por coincidir su última función sevillana con la final del Eurobasket. Colomé va con España en baloncesto y también en fútbol. No quiere saber nada de la Argentina de Gorondona y Maradona, la mano de Dios que se hizo pie del diablo.

Alonso de Santos triunfó como un torero en el Lope de Vega. Una metáfora precisa: al estreno asistieron dos hombres con mucho peso en el teatro español que tienen en común el honor de haber pronunciado el pregón taurino de Sevilla: Albert Boadella y Andrés Amorós. El autor de la obra se ha ganado a pulso, huidizo de premios y honores, figurar en esa terna imaginaria. Saltar del gato al toro. Es un clásico en activo. Su obra Bajarse al moro, que interpretó en el cine un jovencísimo Antonio Banderas, se estudia en el Bachillerato. A Alonso de Santos no lo hizo del sur sólo casarse con una sevillana. Tiene casa en El Puerto de Santa María y colgó una liana en la arboleda perdida. A las cinco obras que en los últimos tiempos ha tenido rodando por España y algún país latinoamericano (La cena de los generales, Trampa para pájaros, La sombra del Tenorio, Bajarse al moro, En el oscuro corazón del bosque), hay que añadir el montaje que prepara con el grupo de aficionados que dirige en El Puerto, que el año pasado montaron un Muñoz Seca y esta temporada pondrán en escena Que viene mi marido, de Carlos Arniches.

"Las sevillanas deben ser de ida y vuelta". Marga Piñero se siente más del sur desde que convive con Alonso de Santos. Vallisoletano como el cardenal de la diócesis hispalense, como Julio Cardeñosa o Miguel Delibes Fernández de Castro, biólogo e hijo del escritor que dirigió El Norte de Castilla donde ejercieron el periodismo Francisco Umbral o José Luis Martín Descalzo, un cura que también hacía teatro. En esta Sevilla cada vez más perruna es un mágico paréntesis la aparición de estos gatos en el teatro Lope de Vega. Gatos que aparecen en el elenco de Luces de bohemia de Valle-Inclán y que en su rareza urbana (se ven apenas por la Cartuja, por la Fábrica de Tabacos y en la casa de Antonio Burgos) merecerían la atención que la Administración les dedica en exclusiva a los linces, sus parientes ricos, a quienes Caballero Bonald les dedicó una epopeya titulada Ágata ojo de gato.

De Sevilla a El Puerto. De El Puerto a Valladolid, donde Alonso de Santos recibirá un homenaje de sus paisanos de cuna. Innovó el teatro, pero su vanguardia es hija del Café Gijón y las tardes de Metro leyendo a Torrente Ballester en el Informaciones. En Madrid sigue en cartel La cena de los generales, los que ganaron la guerra y perdieron el país, recreados por este dramaturgo que vive junto al Retiro y nunca se jubila. Que es romano en Mérida, barroco en Almagro, urbano en La estanquera de Vallecas.

Felinos fellinianos, gatunos unamunos. El gato principal se perdió ayer la final del baloncesto. Por una licencia poética, en los primeros diálogos de Héctor Colomé y Beatriz Bergamín, el guión debería permitirle que en vez de a Marco Aurelio saliera leyendo el Marca.

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