La Ventana
Luis Carlos Peris
Debut rico en dudas
Gregorio Cabeza. Medio siglo de la riada del Tamarguillo
El 25 de noviembre de 1961 se desbordó el arroyo del Tamarguillo y miles de sevillanos se quedaron sin hogar. Pedro Gual Villalbí, ministro sin cartera de Franco, nombró a Gregorio Cabeza (Carmona, 1920) al frente de la Secretaría de Viviendas y Refugio.
-¿Dónde vivió la guerra civil?
-Tenía 16 años. En Carmona. La guerra fue mucho peor que la riada. Por supuesto que sí.
-¿Cómo llega a Sevilla?
-Mi padre, cordobés de Lucena, abrió una joyería en Harinas, 14. Yo hice oposiciones del Estado y entré en el Ministerio de Comunicaciones.
-¿Conocía a Gual Villalbí?
-De nada. Depositó toda su confianza en mí.
-¿Dónde tenía su oficina?
-Al lado de la Encarnación y en los alojamientos del Polígono San Pablo.
-¿Qué misión le encomendó?
-Recoger a los miles de sevillanos que se quedaron sin hogar y buscarles un refugio provisional. Los metimos en todos sitios, hasta en la Catedral, con el visto bueno de Bueno Monreal. El cardenal habilitó todos los templos de Sevilla como refugios.
-¿Con qué los hacían?
-Primero con pabellones en Charco Redondo y en la zona de los Merinales.
-Lo de pabellón suena a Exposición. Usted conoció las dos.
-A la del 29 me trajo mi padre. La del 92 la conocí con mis hijos. Mi trabajo era hacer pabellones para unas pobres gentes. Sólo en el Polígono San Pablo metimos a dos mil personas.
-¿Sale a la calle a sus 91 años?
-Todos los días por la mañana.
-¿Qué piensa cuando ve las imágenes de los rumanos acampados bajo el puente?
-Me trae recuerdos, pero los motivos son distintos.
-¿Se mojó literalmente?
-Inevitablemente. Había que salir a buscar a las familias y llevarlas a los refugios. Me mojé muchísimo. Y mi mujer conmigo.
-¿Cuál era el método de trabajo?
-Ayudar al prójimo, recoger a la gente y darles un techo seguro.
-¿Hubo escenas de pillaje?
-El comportamiento de las familias en los refugios fue ejemplar. Y eran elementales, espacios muy reducidos con lo justo.
-Franco vino en abril de ese año, 1961, a la Feria y al Vacie. ¿Lo vio?
-Por fotografías. Yo me incorporo después.
-Franco murió hace 36 años. El Vacie sigue en pie...
-En aquella época conseguimos quitarlo. Es lamentable que haya vuelto a levantarse con todos los avances. Cuando las circunstancias no se corrigen, vuelven a reproducirse.
-¿Le habla a sus nietos de aquellas batallitas?
-Lo han leído en mis archivos.
-¿Ha pensado escribir sus memorias?
-No están agregadas en un libro, pero mi vida está escrita. Lo tengo todo archivado.
-Sevilla tuvo 53 suburbios. ¿Hubo otro caso en Europa?
-No sé en Europa, pero fue algo único e increíble.
-El Guadalquivir no creció. ¿No hay que fiarse de los arroyos?
-Ni de los arroyos ni de nadie.
-¿Recibió ofertas para hacer un trabajo similar fuera de Sevilla?
-No, pero sí venían de todos lados, empezando por Madrid, para ver cómo funcionaba la Secretaría de Viviendas y Refugios. Lo veían como un modo ejemplar de alojamientos.
-¿Los políticos actuales le piden consejo?
-No. He hablado con algunos.
-Dice Nicolás Salas que la suerte fue que ocurrió a primera hora de la tarde...
-Es verdad. Pero era una tragedia ver a tantísimos niños obligados a abandonar su casa, sus juguetes.
-¿Qué siente cuando llega la temporada de lluvias?
-Desde entonces no me gusta la lluvia, aunque es necesaria.
-¿Qué lección podemos sacar para el futuro?
-Que la gente no puede estar con el ánimo caído. Que de épocas mucho peores hemos salido.
-El benefactor de tantos refugiado, ¿se refugia en sus recuerdos?
-Vivo al día. Me falta mi mujer, María Dolores. Murieron mis dos hermanos, Araceli y Andrés. Me falta mi hijo mayor, Paco, que era marino. Pero tengo a José María, que fue conservador del Alcázar, y Gregorio, el pequeño, que tiene un establecimiento en Carmona. Y tengo a mis siete nietos.
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