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Campaña de la Generalitat contra el catalán

Calle Rioja

La Casa de Cataluña en Sevilla podría decidir hoy el cierre del local, donde 23 alumnos aprenden catalán, por falta de ayudas del Gobierno tripartito.

Marta Strohecker y su hija Marta Quintana, junto a una foto de su familia catalana.
Francisco Correal

17 de noviembre 2010 - 05:03

Los socios del Casal de Catalunya en Sevilla podrían tomar esta tarde la decisión de disolver esta entidad en plena campaña de las elecciones catalanas al no recibir ninguna respuesta de la Generalitat para subvencionarles las clases de catalán que imparten desde hace ocho años. Hace dos años que no reciben ninguna ayuda del departamento de Exteriores de un Gobierno tripartito que inició una férrea defensa del catalán y lo exige como requisito indispensable para trabajar en esa comunidad. "No tiene sentido", dice Marta Strohecker Pallarolas, fundadora y presidenta del Casal, "que allí exijan el catalán para trabajar y nos nieguen la ayuda para enseñar un idioma a alumnos que entre otras motivaciones para aprenderlo tienen las posibilidades de trabajar en Cataluña".

Las clases de catalán las imparte Adela Miralles y cuentan con certificado oficial del instituto Ramón Llull. Este curso se matricularon 23 alumnos. "Hay parejas mixtas, catalán y sevillana o viceversa, estudiantes que van a ir a estudiar a Cataluña o personas que quieren ir allí en busca de trabajo". El Casal de Catalunya podría cerrar sus puertas antes de celebrar el décimo aniversario de su puesta en marcha el 23 de abril, día de Sant Jordi, de 2001. Le van a pedir al dueño del local, en la calle Virgen de Guaditoca, que les baje el importe del alquiler hasta que reciban una respuesta de la Generalitat.

Marta llegó a Sevilla desde Barcelona el Domingo de Ramos de 1980. Sus hijos Marta y Gabriel tenían 12 y 8 años, respectivamente. "Fundé el Casal", dice esta barcelonesa que regenta una floristería en la plaza de San Marcos, "para poder hablar catalán, porque no quería perder el vocabulario. La gramática la tengo perdida, porque en la escuela estaba prohibido el catalán. Me encuentro aprisionada entre dos autoritarismos, el de Franco, que lo prohibía, y el de la Generalitat, que a su manera también pretende prohibir que nuestros alumnos lo aprendan".

La presidenta del Casal habló con su homónimo de la Casa de Galicia, que no tiene el cupo de alumnos suficientes para conseguir una subvención de la Xunta de Galicia. "Pero el gallego no te hace falta para trabajar en Galicia, el catalán sí", dice Marta Quintana Strohecker, hija de la presidenta. Marta, su madre, es la segunda de 12 hermanos de una familia repartida entre Barcelona, Figueras y Port-Bou que suma un buen puñado de votos para las elecciones del día 28.

Están junto a la Feria, pero por el escaso número de socios no pueden tener caseta. No han pensado como acto de rebeldía contra la Generalitat cambiar el curso de catalán por clases de sevillanas. "Los catalanes también vamos a la Feria y yo bailo muy bien sevillanas", dice Marta Strohecker. "La Feria de abril de Cataluña concentra más gente que la de Sevilla y tiene subvención de la Generalitat. Igual que la Hermandad del Rocío de Barcelona, que tiene una casa impresionante. Son votos también".

Su madre, María Asunción Pallarolas, publicó el libro 600 velles estampes de la Mare de Déu de Montserrat. Un álbum de la Moreneta. Su madre vive en Port-Bou, el último pueblo de la Costa Brava, con uno de sus 12 hijos. El padre, el pintor Luis Strohecker, cerró el grifo de la estirpe con Walfrido y Zeswentiboldo. "Le decimos Viti y tiene un puesto de frutas en el mercado de Port-Bou".

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