Calle Rioja
Francisco Correal
Cinco perros y un gato en busca de autor
COMO en sus comienzos, la tienda de tejidos La Cigüeña, de la calle Amargura, vuelve a tener en el timón a una viuda, pero la historia nunca se repite. En casi tres cuartos de siglo de vida comercial, este negocio familiar ha tenido tres locales sin apenas moverse unos metros de donde abrió sus puertas el día de la Inmaculada de 1943.
Del número 10 de Amargura, casi en la esquina con la calle Relator, pasó al número 9, donde ahora la inmobiliaria Zitizen ofrece viviendas con dos, tres y cuatro dormitorios y "áticos con amplias terrazas", y de ahí al número 7. La pionera fue una viuda, Mercedes Brenes Ayala, la suegra de Rosario, Chari para sus amigas y clientas, que el 12 de enero enviudó de Manuel Cardona Brenes, el alma de la tienda y de su vida entera, cómplice de tantos avatares, de la estirpe: sus tres hijos, sus seis nietos.
"Mi suegra abrió el negocio porque ese año de 1943 se quedó viuda". Aquella emprendedora, palabra entonces impensable, trabajaba en la guantería Meléndez; allí conoció a Cardona, empleado de una perfumería frente a Iñiguez, primero como dependiente, después de apoderado. Se casaron el 16 de julio de 1936 y se fueron de luna de miel a Madrid. "Iban para quince días, les cogió allí la guerra y no pudieron volver hasta tres años después".
En Madrid nació José María, el primer hijo del matrimonio. "Mi suegra cogió una flebitis. La curó el padre de Julio Iglesias. Lo reconoció muchos años después cuando lo secuestró la Eta". De regreso a la Sevilla de posguerra, el 22 de agosto nace Manolo. Chari vino al mundo cinco años después, la víspera de la Navidad de 1945. Ya había abierto su futura suegra La Cigüeña, con el epígrafe Novedades Infantiles. Cuando los niños venían de París. "Tenían una cigüeña disecada. La trajo un cazador y se la embalsamó un taxidermista".
Manolo y Chari se casan el 10 de junio de 1971 en la Macarena. Ellos también pasaron por Madrid en su luna de miel, pero volvieron con total normalidad. "Antes de lo previsto, porque la tienda sin Manolo no funcionaba". Eran tiempos de cosarios, que dejaban las telas, muchas de ellas procedentes de las entonces pujantes fábricas de la confección catalana: Badalona, Sabadell, Tarrasa. "Mi suegra y mi marido empezaron con el fiado".
Chari muestra orgullosa una foto de su suegra jovencísima, cuando con 18 años salió de Verónica, escoltada por dos guardias civiles, con Montserrat. La fundadora y su hijo José María estaban en la tienda de la calle Doctor Letamendi, hoy Correduría; Manolo y Chari, en la de la calle Amargura, calle con nombre de hermandad de San Juan de la Palma y de marcha procesional, marsellesa cofrade.
Tenían un amplio surtido de trajes de cristianar, de comunión, moisés. "Los trajes de flamenca los teníamos en la otra tienda, aquí no cabían". La tienda se le hace muy grande sin su pareja de baile en la vida. Y los días muy largos. María Teresa Narbona, amiga y clienta, palabras que suelen ser sinónimos en este tipo de establecimientos, repasa un catálogo. "Éste era un barrio popular, donde las familias por lo general tenían muchos hijos".
Ayer llegaron los chalecos de pico y sin mangas, idóneos para este tiempo sin tiempo de la meteorología desquiciada. Manolo era una autoridad para conocer cada Cuaresma el tiempo que iba a hacer en Semana Santa. "Tenía sus particulares cabañuelas de agosto", dice Chari, sistema de predicciones donde mezclaba la intuición, las estadísticas y sus personales pictogramas de borrascas y anticiclones.
La calle Amargura une el mercado de la Feria con la calle Relator. La tienda de Manolo y Chari es un clásico. Comparte actividad comercial con el supermercado La Única, adyacente a la autodenominada "Agencia de Traducciones más moderna de España". En el escaparate, modelos de traducción de las canciones Libre, de Nino Bravo, Como una ola, de Rocío Jurado, o Tú lo que quieres es que me coma el tigre, de Lola Flores. You what you want is that the Tiger eats me...
En una esquina, el bar Los Niños del Flor, frente a la Joyería Navarro, que por reformas se ha trasladado a Feria, 92, que suena a Exposición Universal con Curro y Pellón. En la otra, en el mismo entorno del mercado y la iglesia de Ómnium Santórum, el palacio de los Marqueses de La Algaba, centro de interpretación del Mudéjar. Las Novedades Infantiles de La Cigüeña se abrieron a todas las edades. Enfrente, la Fábrica Flamenca: abanicos y trajes de gitana donde estaba la casa-hermandad del Carmen Doloroso. La librería Relatoras también dejó la calle. Esta calle Amargura en la que en tres números -7, 9 y 10- se condensa una historia de amor y comercio con diéresis.
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