La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
Como un 22 de diciembre pero en versión veraniega. No hubo villancicos, pero sí algo de champán, mucha cerveza, alguna que otra bulería y, sobre todo, un claro protagonista: Damián Pérez Parra, un cuponero de la ONCE que el pasado martes repartió en el barrio de las Tres Mil Viviendas 1,7 millones de euros. Este dinero ha ido a parar a casi 40 familias que ya piensan en pagar deudas, disfrutar de unas vacaciones y hasta comprarse una casa fuera de esta zona, una de las más deprimidas de Sevilla. Sueños al alcance de la mano gracias a la suerte, que en muy rara ocasión se deja sentir por el Polígono Sur.
El día de ayer fue el más ajetreado para Damián Pérez. A las cinco de la tarde todavía no había "probado bocado". Estaba sin cupones y con el estómago vacío. Su nombre sonaba cada dos por tres en radio y televisión. No era para menos. La noche anterior había repartido 1.750.000 euros en el sorteo del cupón de la ONCE (casi 300 millones de pesetas). El número agraciado fue el 67803. Estas cinco cifras no se le olvidarán ni a él ni a sus vecinos. Damián Pérez sólo lleva 28 días trabajando como cuponero y ya ha dado el mayor premio que puede repartir: los 50 cupones que componen la serie completa de dicho número. Un logro que llega cuando aún no ha cobrado ni su primer mes de trabajo. "Todavía no me han ingresado julio", dice Damián Pérez, al que ya todos conocen como "el cuponero de las Tres Mil".
La conversación con este "repartidor de suerte" no se prolonga más de un minuto. A cada instante lo interrumpen vecinos y los informativos de radio. "Hasta hace poco trabajaba en los mercadillos, pero al sufrir una dispacidad por un accidente laboral logré un puesto en la ONCE", explica este cuponero que a sus 36 años es padre de dos hijos de 12 y 8 años. "Nací en Málaga y al poco tiempo mis padres se vinieron a vivir aquí. Llevo más de 30 años en las Tres Mil".
En todo momento lo acompaña su mujer, Silvia del Rocío Almentero, convertida por un día en manager de su marido. Ella atiende el móvil, organiza a los medios de comunicación y dirige la ruta por el barrio. "Vamos para los pisos verdes, allí hemos dado un pelotazo", subraya Almentero, quien con tanto ajetreo ni siquiera se ha percatado del descosido de su camisa. "Es que no paramos". En los pisos verdes la rutina da paso a lo extraordinario. Allí reside la familia de los Mariano, cuyos componentes han recibido casi medio millón de euros (al cambio de nuestra antigua moneda: 70 millones de pesetas). Tal es la alegría de esta familia que decidieron regalar su coche al cuponero que les trajo la suerte. "Se lo hemos dado con su seguro y todos los papeles", relataba un miembro de los Mariano ante las cámaras de televisión.
Esta familia ya saltó a los medios de comunicación hace dos años tras morir en un tiroteo uno de sus miembros menor de edad, lo que provocó la huida del barrio del clan de los Caracoleños, que estuvieron casi tres meses asentados junto al puente de hierro de San Juan de Aznalfarache. Pero ahora la historia es distinta. Muy distinta. Se descorcha champán y hay quien se arranca a bailar por bulerías en una escena que recuerda a la que tanto se repite la mañana de cada 22 de diciembre cuando el Gordo llena los bolsillos de los agraciados por el sorteo más importante del año. Allí se encuentra Francisco Salguero, a cuya familia le han tocado nada menos que 252.425 euros, esto es, 42 millones de pesetas. Su mujer sueña ya con comprarse un piso fuera de las Tres Mil y dejar atrás un barrio señalado por la marginación.
De los pisos verdes a los rojos. De nuevo, la misma escena. En un bar donde a la una de la tarde se aglutina un buen número de vecinos -parados la mayoría de ellos- se encuentra Antonio García, quien desde hace tres semanas forma parte de la larga lista de desempleados sevillanos. De un día a otro los planes en su hogar han cambiado. 35.000 euros tienen la culpa. "Ahora ya me puedo ir tranquilamente de vacaciones después de tapar unos cuantos de agujeros que tengo por ahí", señala García.
Damián Pérez tiene que acudir a la delegación que la ONCE tiene en la Macarena. Se ha quedado sin cupones. En un solo día ha vendido más de 900. Allí recibe una llamada del director general en Andalucía, Patricio Cárceles, quien le felicita por repartir el máximo premio cuando no lleva ni un mes de trabajo. Este cuponero aún está en la fase de prueba dentro del contrato temporal que tiene firmado por un año. "Lo único que quiero es que me hagan fijo, no le pido más a la vida después de haber repartido tanta alegría". Sueños en las Tres Mil que desde la noche del martes ya no son imposibles.
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