La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
SI fuera un restaurante, con la lluvia fina de estos días de febrero Inés Martín recomendaría sin dudarlo pisto con huevos, pero como es una librería y el domingo es San Valentín y le fascina la novela policiaca, el menú literario de la semana es Wanted Lovers, cartas de amor que Bonnie le escribía a Clyde cuando quien sería su cómplice en la odisea de forajidos estaba en la cárcel. "Las cartas aparecieron en los archivos del FBI", explica la librera. Quien elija este libro como regalo de amor para su pareja, Bonnie a su Clyde, Clyde a su Bonnie, se encontrará junto a las cartas de enamorada la propina de unos poemas con remite.
Inés se aficionó a la novela policiaca por culpa de Sherlock Holmes. Elemental. Nació hace 34 años en Málaga, la patria de los poetas-editores de la generación del 27, Prados y Altolaguirre, artífices de la revista Litoral. De este mar de ciencias poéticas pasó a estudiar Ciencias del Mar en Puerto Real, Cádiz. El trabajo lo encontró en Sevilla en una consultora de medio ambiente y medio sueldo. "No me gustaba el trabajo ni la precariedad".
Si de niña hubiera tenido que elegir un oficio, una respuesta al manido qué vas a ser de mayor, se imaginaba rodeada de libros. En 2006 vio ese sueño hecho realidad. Puso en marcha la librería La Araña en un local de la calle Amargura que fue antes cuchillería y peluquería. Cuchillos y tijeras (de barbero) como precursores de las pistolas, siempre literarias, que se asoman en los clásicos del género. "Soy una fan de la novela negra". Cada mes cambia el escaparate, el soporte de la araña. En puertas de San Valentín, junto al Pasaje de Amores, conviven textos de Italo Calvino y Pasolini con las historias de Spade y Archer, el bufete de detectives de El halcón maltés que Dashiell Hammet llevó a la novela y John Huston al cine.
Su madre trabaja en la Seguridad Social. Su padre, en una empresa de reparación de electrodomésticos. Su hija devora los libros y contagia el apetito. Una librera innovadora. Tiene servicio de búsqueda de libros con encargo; monta exposiciones: está la serie Efímeras, pinturas de Antonio Salguero, y el día 20 colgará fotografías de Joaquín Doldán, dentista uruguayo que se prodiga como narrador y fotógrafo.
Cuando pase San Valentín, renovará la recomendación. El cartero se llevará las cartas de Bonnie y en el local de Amargura se colgará el reclamo de Stark, novela de Edward Bunker a la que glosa James Ellroy como "novela sobre criminales escrita por un ex criminal". "Tarantino bebe bastante de este hombre".
En los tres años que lleva junto al supermercado La Única y frente a la tienda de tejidos y lencería de Chari y Manolo, la librería ya forma parte del paisaje de esta calle que une Relator con el mercado de la Feria. El libro que más ha vendido no es ningún best seller. "Ha sido una sorpresa. Se titula Persépolis, un cómic de la escritora iraní Marjane Satrapi. No conozco a nadie que lo comprara y no le haya gustado. Ha funcionado como regalo-amuleto".
La licenciada en Ciencias del Mar cambió el pulpo por la araña. "Me gusta el simbolismo de la red y a los niños les encanta mi escaparate". A lo mejor por eso ha incluido literatura infantil junto a su cuarteto de preferencias: terror, literatura fantástica, ciencia-ficción y novela policiaca. De noche, cuando cierran las tiendas, por la calle Amargura pasean espectros de detectives, elfos y sirenas. Con música de Dizzie Gillespie, que toca en la portada de su libro de Memorias.
"Yo leo para divertirme", dice la domadora de arañas. "Me da coraje el tono siempre serio que suele tener el mundo del libro. La solemnidad de las presentaciones, su exceso de liturgia. Reírse de las cosas no es tomárselas menos en serio. Ha salido un nuevo sello editorial, Blackie Books, que se mete con esa pedantería cultureta. Yo creo que lo interesante del libro, de la cultura, es dirigirse a la gente a la que no le interese".
Le gusta el texto, le aburre el contexto. De su licenciatura, se queda con Veinte mil leguas de viaje submarino. Tiene el último número de Cahiers de Cinema, número monográfico dedicado a Eric Rohmer, el cineasta que murió mientras dormía. El sueño eterno. Pura novela negra.
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