Este 'Nautilus' es con vistas al cielo
calle rioja
Testimonio. La Liga Naval de Sevilla contó con una tribuna en el muelle de Cádiz para presenciar la partida del buque-escuela 'Juan Sebastián de Elcano' para dar la vuelta al mundo
Las emociones no necesitan que nadie las coordine. Las tres mujeres lloraban a la vez. Lo hacían por un mismo hombre, Alfredo Guerrero, 22 años, uno de los guardiamarinas que van a permanecer durante seis meses a bordo del buque-escuela Juan Sebastián de Elcano que el pasado sábado, en un ambiente festivo y sin restricciones partió del puerto de Cádiz. Lágrimas de una madre, lágrimas de una novia, lágrimas finalmente de una hermana pequeña, que cada vez veía más pequeño a su hermano, tan grande a ojos de los que acababan de ver zarpar a esta aula navegante de la Armada Española.
La historia en cierta forma había empezado en Sevilla, donde el 8 de septiembre del año pasado se conmemoraron los cinco siglos de la primera circunnavegación, gesta cuyo principal protagonista da nombre a esta aventura que ya se ha convertido en un ritual de los febreros gaditanos. Con la fatalidad de que esos cinco siglos de tiempo recordado coincidían con la muerte de la reina Isabel II de Inglaterra.
Cádiz ya está imbuido en su frenesí carnavalero. El periodista Fernando Pérez apura los detalles para su pregón de Semana Santa. Un hálito de esos días viaja a bordo del Elcano. Cuatro marineros, al son de una Salve marinera, portaban una imagen de la virgen del Carmen, conocida como la Galeona. El original está en el convento de los dominicos del Rosario y en seis ocasiones ha participado en esta vuelta al mundo desde el mar de Quiñones a las estribaciones de sus relatos, pero para evitar males mayores prefieren que a los marineros les acompañe y bendiga una copia. Treinta años de municipalismo gaditano a bordo del buque-escuela. Teófila Martínez, alcaldesa entre 1995 y 2015, en la actualidad en la Junta de Obras del Puerto, y José María González Kichi, alcalde desde esa fecha hasta las próximas elecciones municipales, departían con oficiales y marineros. Recuerdo perfectamente la última visión de Carlos Díaz desde su despacho del Ayuntamiento de Cádiz en su último día al frente de la corporación, el 16 de junio de 1995: la contemplación del J.J. Sister, barco de la compañía Trasmediterránea.
Algunos miembros de la delegación sevillana de la Real Liga Naval Española ocuparon una tribuna para ver en primera fila la partida del buque. Algunos marineros iban subiendo a los cuatro palos del barco, que reciben los nombres de Blanca, Almansa, Asturias y Nautilus, éste homenaje a Julio Verne y sus incursiones submarinas desde su casa de Nantes. Un ballet de cuerpos subiendo por las cordadas para tener una vista privilegiada desde esos mástiles que son como postes de los océanos.
La Real Liga Naval Española la fundó Antonio Maura en 1900 desde la Presidencia del Gobierno para mitigar los efectos morales y de autoestima de la pérdida de las colonias en 1898. La expedición de la Liga Naval de Sevilla salió de la plaza de Cuba, muy cerca del lugar del que partieron las cinco naves comandadas por Fernando de Magallanes y de la calle que lleva el nombre del marino Juan Sebastián Elcano.
La partida del buque-escuela sirvió para un acto de hermandad de las delegaciones de la Liga Naval en Cádiz, que hizo las veces de cicerone, Sevilla y Málaga, delegaciones que recaen respectivamente en Fernando Garrido, Jesús Lamiá y Hernán Lapuente Arena. Este último, argentino de cuna afincado en Benalmádena, es portavoz de una asociación que representa a 31 clubes náuticos de toda Andalucía y a 16 puertos. Defiende la presencia en la Liga naval de embarcaciones de pesca, de deporte o de marina mercante.
El alcalde de Cádiz los recibirá a su regreso ya ajeno al cargo municipal que ha ocupado los últimos ocho años. Bajó por la escalera portátil del barco y salió acompañado de dos de los dominicos, ambos de raigambre manchega. Uno nació en Malagón, la población donde Teresa de Jesús hizo la más ambiciosa de sus fundaciones; el otro fue novicio en Almagro y llegó a estar en la parroquia de San Jacinto.
Dos remolcadores ayudaron al buque-escuela a retomar su rumbo en la salida. Algunos turistas seguían la maniobra desde el impresionante crucero formato de trasatlántico atracado en la mítica acera de muelle de la chirigota de los Borrachos ("iba por Canalejas, por la acera del muelle…"). Los guardiamarinas entraron en correctísima formación a los compases de la música en el barco; después en un improvisado "rompan filas" salieron de la nave con el tiempo justo de despedirse de sus familiares. Alzaban la vista o agitaban los lepantos para ser reconocidos. Fue ahí, al certificarse la despedida, cuando ya no hubo manera de contener las lágrimas de la madre, la novia y la hermana de Alfredo Guerrero, mientras que el padre del marino hacía fotografías del barco perdiéndose en ese horizonte que está en los poemas de Alberti y en algunas novelas de Caballero Bonald.
Las Ligas Navales de Sevilla, Cádiz y Málaga prepararon nuevos encuentros. Tres provincias limítrofes por Sotogrande, Lebrija o La Roda de Andalucía. Dos con salida al mar y otra de interior que tuvo Casa de la Contratación, Atarazanas y salida a los océanos en sus cuadernos de bitácora. De Magallanes a Elcano.
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