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Paseo por la gloria y las glorietas

Calle Rioja

Vida de novela. Dos aventuras de juventud de Francisco Vélez Nieto, la sindical de dirigente de UGT y de protector del parque de María Luisa, salen en sendos libros

Vélez Nieto, entre las columnas de Hércules y Julio César de la Alameda.

02 de julio 2009 - 05:03

ES el año de Francisco Vélez Nieto. El presidente de la Asociación Feria del Libro de Sevilla acaba de presentar su libro Guía oCulta del Parque de María Luisa, un paseo secreto entre glorietas y poetas, al tiempo que aparece fotografiado con sus once compañeros de aventura sindical en la portada del libro Historia de la UGT del historiador Julio Ponce Alberca. Aquí se trata de contar cómo se enlazan ambas historias, el parque y el sindicato, la lucha y los libros, en la exagerada vida del romano Paco Vélez, del alemán Paco Vélez, aunque nació en 1935, hijo de Antonio y Setefilla, en Lora del Río.

Con 25 años, en 1960, emigró a Alemania, donde a la postre se haría sindicalista. Antes trabajó en Madrid, primero haciendo tresillos italianos, más tarde para la empresa de un judío argelino que se dedicaba a decorar cortinas para una urbanización de americanos. Tiempos en los que compartía pensión con un sobrino de Ignacio Aldecoa y un funcionario de prisiones que le tenía informado del truculento caso Jarabo.

En Alemania el diluvio universal lo salvó de acabar de minero cuando él iba con su experiencia de encofrador. Llegó a Wanne Eikel-Herne, cerca de Dortmund. El asesor laboral de la empresa era también el intérprete porque había estudiado Derecho en España. De noche les enseñaba a los emigrantes el catón germano: a decir gracias, pan, agua, correos. Y fue la persona que medió para que le dieran una oportunidad antes de meterse en la mina. "Delante de un maestro, me pidieron que hiciera un arca para guardar herramientas", cuenta Vélez Nieto. "Tardé una semana en hacer el arca, parecía el arca de Noé, pero la hice. Y me salvé de ir a la mina".

Lo ubicaron en una central térmica donde era el único español en una plantilla de alemanes, holandeses y polacos. En Alemania descubre a Buñuel, pero su principal descubrimiento se llamó Dorit. Una berlinesa que trabajaba en Londres para un judío que vendía partituras originales. Se casaron en Francfurt dos veces, y en la ceremonia religiosa tocó el órgano un mexicano. Vélez Nieto volvió a España en 1968 por una operación de su padre, repasaron su historial reivindicativo "y no me dejaron volver a Alemania hasta la muerte de Franco".

Sevilla se convierte en su nueva Alemania. Primero trabaja para una empresa del Opus y su cometido era revestir de formica, una palabra de la época, como seiscientos o tergal, todo el vestíbulo de la residencia García Morato. El parque de María Luisa lo conoció de niño, pero ahora experimenta los paseos románticos. "A Dorit le impresionó la luz y las rosas del parque. Una vez, en la glorieta de los Lotos, estaba ensayando Antonio el Bailarín. A Dorit le resultó emocionante. Lo había visto bailar en Londres y le impresionó tanto que se compró una edición inglesa de un libro sobre flamenco de Caballero Bonald". Recorrieron las glorietas que ahora presenta en este libro editado por Guadalturia dedicadas a escritores como los Álvarez Quintero, Dante Alighieri, Romero Murube, Bécquer o Rafael de León.

Treinta años antes de que lo haya propuesto para la plaza de España el nieto de Aníbal González, Paco Vélez Nieto ya participó en una campaña para cerrar el parque de María Luisa. "Se lo estaban cargando los vándalos. Los coches querían meterlos a toda costa. La peatonalización ya estaba asumida en Alemania, aquí no era fácil convencerles de que a menos coches, más negocio".

Se reunían en un almacén donde la galerista Juana de Aizpuru guardaba sus cuadros. Nos repartimos la tarea. Víctor Pérez Escolano se centró en la plaza de España; Manuel Ferrand, en los jardines; y yo, en las glorietas. Por allí pasó mucha gente: Alfonso Lazo, Antonio Burgos, hasta Vicente el del Canasto.

La hostelería la descubre en la capital oficiosa del sector, en Marbella, en un hotel-escuela que seguía las directrices del que entonces se llamaba ministro del ramo, que era Licinio de la Fuente. Con su bagaje y la mejor nota, lo mandan a Torreblanca, no el barrio de Sevilla, sino una zona residencial "muy salvaje todavía" entre Los Boliches y Torremolinos regentada por una familia judía. "Otra vez los judíos, se me han dado bien. Eran cuatro hermanos y en los almuerzos cada uno hablaba en un idioma distinto".

Nuevo regreso a Sevilla como recepcionista del hotel Nuevo Lar. Las limpiadoras y marmitonas -las que fregaban los cacharros- lo eligen representante en el sindicato vertical. Su último destino laboral fue la mejor de las recepciones: 18 años en Itálica, primero de guía, después como secretario-gerente. Su trabajo más largo y el que mejor sabor le dejó.

Entró en 1981, el año del 23-F y del primer cross de Itálica. Vio correr a etíopes y a kenianos y mostró esta Roma andaluza a personajes que le deslumbraron. Recuerda el paseo de Tomás y Valiente, el jurista asesinado por ETA; el asombro del lehendakari Ardanza por la evidencia de letrinas con agua caliente. "Como los romanos no entraron allí arriba". La afición al buen vino de Omar Shariff, el reencuentro con otro andaluz reciclado en Alemania, José Luis Gómez, que interpretó el Edipo Rey en versión de Agustín García Calvo, o el acento de Vittorio Gassman recitando a Neruda.

En los dominios de Trajano y su sobrino Adriano la sorpresa era permanente. "Era frecuente que los grupos mexicanos leyeran en voz alta la Epístola moral a Fabio porque está en los libros de texto de México". Un político rumano inició la campaña electoral ante la estatua de Trajano "con una legión de periodistas de su país". No le gustan los coches oficiales. "Trajano entró andando por las puertas de Roma". Vélez Nieto saca este año cinco libros, incluida la reedición de Poetas en bicicleta.

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