Protesta Torreblanca cortes de luz "Papá, ¿cuándo viene la luz?"

  • Decenas de vecinos de Torreblanca se concentran en el barrio contra los continuos apagones que sufren

  • La temperatura en las viviendas ha llegado a bajar de cero grados y pasan las noches envueltos en mantas

Concentración en Torreblanca contra los cortes de luz

José Ramón, vecino de la calle Nogal, le deja un megáfono a José Baena, histórico dirigente vecinal de Torreblanca. "Ya está desinfectado con gel hidroalcohólico. Puede usarlo", le dice. Baena empuña el megáfono y pide a sus vecinos que guarden las distancias de seguridad, que no se junten y, mucho menos, que se abracen. Aproximadamente dos centenares de residentes en Torreblanca permanecen desperdigados por la explanada donde se celebra el mercadillo del barrio, un amplio terreno utilizado habitualmente como aparcamiento ubicado entre las calles Nogal, Torrentera y Albérchigo.

Un momento de la concentración de protesta en Torreblanca. Un momento de la concentración de protesta en Torreblanca.

Un momento de la concentración de protesta en Torreblanca. / Juan Carlos Muñoz

Es este es el lugar elegido por los vecinos de Torreblanca para protestar contra los continuos cortes de luz que sufren en su barrio, agravados estos días por la ola de frío que azota a España y que deja temperaturas muy bajas en el interior de unas casas que no están acondicionadas para un clima tan poco usual en Sevilla. "Esta semana ha habido días en los que el termómetro de mi casa ha marcado -1 grado. Dime tú cómo se puede vivir así", cuenta José Ramón, el hombre del megáfono, que vive de la venta ambulante y tiene dos hijas de corta edad, una de ellas con una enfermedad crónica como la artritis, a la que el frío ataca especialmente.

"Las niñas lo están pasando muy mal. Cuando se despiertan preguntan si hay luz. 'Papá, ¿cuándo viene la luz?', me dicen. Y yo no sé qué responderles. Llamamos por teléfono una y otra vez pero parece que se ríen de nosotros", explica este joven, que ayer, por fin, sí tenía electricidad en su casa. "Los cortes vienen por fases. Hemos estado cuatro o cinco días sin luz. Desde el jueves hasta el domingo. Y hay gente que ha estado una semana", apunta, y relata cómo es la vida sin luz eléctrica en un hogar del siglo XXI.

José Ramón, vecino de la calle Nogal, afectado por los cortes de luz. José Ramón, vecino de la calle Nogal, afectado por los cortes de luz.

José Ramón, vecino de la calle Nogal, afectado por los cortes de luz. / Juan Carlos Muñoz

"Pues nada, tenemos que comer comida basura, hamburguesas, pizzas, porque no podemos cocinar. La luz que tenemos, cuando la tenemos, tiene muy poca potencia, y no podemos ni siquiera poner una lavadora o el microondas. Por las noches liamos a las niñas en tres o cuatro mantas, y así las pasamos. Yo particularmente tengo un poco de ansiedad ya con este asunto. Sufro sobre todo por mis hijas". A unos metros, una mujer de edad avanzada explica que recibe 150 euros de ayuda social, y que ha tenido que tirar la comida que compró con este dinero al no tener cómo conservarla.

José López y su hija Raquel, vecinos de la calle Almendro. José López y su hija Raquel, vecinos de la calle Almendro.

José López y su hija Raquel, vecinos de la calle Almendro. / Juan Carlos Muñoz

En el extremo opuesto al de José Ramón, que tiene que cuidar se sus hijas pequeñas, está Raquel López, que se encarga de su padre anciano, José, de 80 años, vecino de la calle Almendro y enfermo de Alzheimer. La mujer cuenta que tiene luz “dos días sí y cinco no”, que cuando no la tiene no le funciona el servicio de teleasistencia y vive angustiada ante la posibilidad de que a su padre le ocurra algo y no tenga manera de pedir ayuda. "Y, que quede claro, por favor. No pedimos que nos regalen la luz. Nosotros pagamos nuestras facturas todos los meses. Lo único que necesitamos es tener el servicio acorde a lo que pagamos". Habla y pide a su padre que se acerque. Advierte al periodista que su padre puede darle alguna respuesta confusa debido a la enfermedad que padece, pero le invita a que le pregunte directamente.

José Baena, histórico dirigente vecinal, lee un manifiesto durante la concentración. José Baena, histórico dirigente vecinal, lee un manifiesto durante la concentración.

José Baena, histórico dirigente vecinal, lee un manifiesto durante la concentración. / Juan Carlos Muñoz

José explica que siente vergüenza por no tener luz en casa. Dice que está jubilado, pero que tiene dinero para pagar la electricidad porque fue encofrador y lo ganó muy bien. "Estuve en Argelia y en Libia trabajando", cuenta. Ahora se ve envuelto en mantas para poder pasar las noches frías de este mes de enero. "Estoy jubilado", repite, y da la mano al periodista, que duda un momento antes de estrechársela.Mientras lo hace, se oye por encima del murmullo una voz de mujer que sobresale del resto. Es la de Tamara Molina, que se ha hecho con el megáfono y está contando que sólo ha tenido luz en su vivienda uno de los últimos siete días.

"Hoy tenemos porque sabían que iban a venir ustedes aquí", añade, dirigiéndose a los medios de comunicación que cubren esta inédita protesta en Sevilla. Nunca antes, en la historia reciente de la ciudad, se había convocado una protesta por la falta de luz eléctrica. Ha habido muchas quejas, eso sí, notas de prensa, comunicados de asociaciones de vecinos no sólo de Torreblanca sino de otros barrios de Sevilla, quejas en redes sociales, pero nadie había dado el paso de salir a la calle como lo hicieron ayer estos ciudadanos.

Vecinos de Torreblanca. Vecinos de Torreblanca.

Vecinos de Torreblanca. / Juan Carlos Muñoz

"Por favor, somos gente honrada. No sabemos ya qué hacer", insiste Tamara. Nadie lo menciona, pero el trasfondo es evidente: como ocurre en otros barrios deprimidos de la ciudad (Torreblanca es el cuarto más pobre de España y el tercero de Sevilla, por detrás del Polígono Sur y de Los Pajaritos), en muchas de sus viviendas se han instalado plantaciones de marihuana. Quienes las cultivan enganchan la luz ilegalmente de la red, que se sobrecarga y no soporta tanto consumo.

Urge un plan integral para acabar con las plantaciones y permitir que los vecinos ajenos a ellas puedan disfrutar de un bien tan necesario como la luz eléctrica. A unos metros de los manifestantes, tres furgones de la Unidad de Intervención Policial (UIP) garantiza que la protesta transcurre con total normalidad. Más allá, un operario del Ayuntamiento retira las últimas luces de Navidad. Doce días después de los Reyes Magos. Parece como si todo en este barrio transcurriera más lento.

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