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“Salvemos Doñana nació en Valladolid”

calle rioja

Reedición. Miguel Delibes de Castro interrumpió sus “vacaciones de Doñana” para ser el padrino en la presentación de una nueva edición del libro de Jorge Molina sobre el parque

“Salvemos Doñana nació en Valladolid”

Amiguel Delibes de Castro le chafaron sus merecidas vacaciones. “Me había tomado unas vacaciones de Doñana”, decía en referencia a su comparecencia en el Parlamento Andaluz para dar su opinión como científico sobre el nuevo marco legislativo en el parque natural. Era un terreno políticamente minado y se prometió a sí mismo una tregua sin entrevistas ni apariciones. Pero puso fin a su anhelo de ermitaño llamado por una buena causa. Doce años después se reeditado el libro de Jorge Molina Doñana. Todo era nuevo y salvaje (Fundación José Manuel Lara).

“Esta es la novela de una ciudad que nunca duerme. Ni despierta”. Valdría para la Doñana de Jorge Molina (Cumbres Mayores, 1964) lo que se lee en la solapa de su novela Una chaqueta tirada en el césped (Samarcanda). Porque Doñana nunca duerme pero tampoco acaba de despertar.

El libro empieza con cuatro páginas de las que podría salir un arsenal de historias reales o inventadas. El realismo mágico se forjó en estos territorios lacustres y arenosos. Las dos primeras páginas forman parte del Dramatis Personae, un elenco formidable de personajes reales donde aparece el primer nombre propio del libro, Rafael Beca, empresario y propietario de Isla Mayor, que ha quedado con Ramón de Carranza, primer alcalde de Sevilla después de la guerra civil, en La Isla, una freiduría que acaban de inaugurar en la calle García de Vinuesa. Hay otros Beca: Enrique Beca, hermano mayor de Rocío-Salvador, o Manuel Beca, diputado y dueño de Sevilla Film. No está de más contar con una productora de cine. Doñana. Todo era nuevo y salvaje da para una película. Jorge Molina ya tiene el guión de un documental. En el elenco de personajes no aparece Luis Escobar, marqués de las Marismas del Guadalquivir, el aristócrata coleccionista de vello púbico de La escopeta nacional, pero Berlanga no le hubiera hecho ascos a esta película.

La primera edición apareció en la serie Ciudades andaluzas en la Historia, como recordó Nacho Garmendia. Una colección en la que hay ciudades evocadas por Antonio Gala, Muñoz Molina, Juan Eslava Galán, Caballero Bonald. Doñana es una ciudad atípica, una no-ciudad en el concepto moderno de no-lugar. El acercamiento de Jorge Molina tiene nobles precedentes: El mito de Doñana, de Aquilino Duque, con prólogo del geógrafo y académico José Manuel Rubio Recio, o Crónica de las Arenas, de Juan Villa. En Aquilino Duque se daba la sinonimia de conservador y conservacionista, la única revolución posible para no mancillar la Arcadia de Caballero Bonald y de su Agata, Ojo de gato Jorge Molina tiene nombre de delantero caro y longevo y nació en Cumbres Mayores, un pueblo con un campo de fútbol dentro de un castillo, el año del gol de Marcelino a la Unión Soviética. Uno de los iconos del franquismo. Otro era el brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús, santa reliquia con la que Franco se presentó un día en el Palacio de las Marismillas acompañado por Carmen Polo.

Miguel Delibes de Castro, primogénito de los siete hijos que tuvo el novelista y naturalista cazador del mismo nombre, llegó a Doñana en 1972, con 25 años. Le queda un poco a trasmano una historia que cronológicamente abarca “de 1940 a 1970”. De la posguerra a los albores de la Transición. Pero los tiempos en Doñana no corren como en otros calendarios. “Si queríamos vivir mejor, teníamos que conservar, no teníamos que cambiar”, dice el biólogo. La palabra cambio no significa lo mismo en Doñana que en los gabinetes de los partidos políticos, y en campaña electoral menos todavía. “Todo el mundo sabe lo que está pasando en Doñana, pero nadie lo puede decir porque acercar facturas es parecer débil”.

En el reparto del libro de Jorge Molina hay autoridades, eminencias científicas, curiosos extranjeros como Julian Huxley, hermano de Aldous y primer director de la Unesco, o el empresario Winston Churchill West. Escritores que se acercaron a la fuente, como Alfonso Grosso y Armando López Salinas. Aristócratas, naturalistas, tres toreros, el mejor paseíllo (Juan Belmonte, Manolete, Pepe Luis Vázquez) y un rejoneador, Ángel Peralta. Y hasta tres guardas de Doñana: Antonio Chico, Juan Espinar, Antonio Rodríguez.

Las Marismas eran un espacio de 150.000 hectáreas y sólo quedan veinte mil. Las cifras del drama según Miguel Delibes. Manuel González Gordon era empresario, marqués de Bonanza y dueño de Doñana (según la ficha de Molina). En noviembre de 1973 invitó a comer al Palacio de las Marismillas, entre Sanlúcar y Almonte, al joven biólogo con su esposa recién llegada al parque. “Estaban su mujer, sus dos hijos, veinte obispos y un cardenal”, recuerda medio siglo después. “En cuanto me vieron con mi mujer, el trato pasó del tú al usted”.

El dueño de los terrenos era González Gordon, pero el concepto del parque natural lo diseña palmo a palmo José Antonio Valverde, padre de Doñana, como lo define Jorge Molina. Valverde venía de Valladolid, como José Manuel Rubio, como el propio Delibes.

“Félix Rodríguez de la Fuente, aunque era de Burgos, estudió en la Universidad de Valladolid”, dice Delibes. “Salvemos Doñana nace en Valladolid”. Unos comuneros que hicieron la trashumancia de conocimientos y cambiaron las ovejas por pájaros que venían de confines mucho más lejanos.

Para Delibes, padrino de esta reedición del libro de Doñana de Jorge Molina, todo resultó “nuevo y salvaje”. “Valverde me mandó a un debate en Televisión Española con Ricardo Grande Cobián, un señor cuarenta años mayor que yo, que representaba al Iryda (Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario) y defendía el Plan Almonte-Marismas. Nuestras posturas estaban muy distantes, aunque con el tiempo hicimos las paces esperando un Land Rover”.

Las cosas han cambiado. “Cuando llegó el arroz a Doñana nos parecía muy malo”, dice Delibes. “Los arroceros querían denunciar a la Estación Biológica porque los patos se comían el arroz, y nosotros queríamos denunciarlos a ellos porque las ratas se comían a los patos, por los pesticidas y fertilizantes. A los mismos que detestábamos ese cultivo nos sobrecoge que desaparezca, nos parece horroroso que se cultive trigo o algodón”.

En la entrevista con Carlos Alsina, éste le recordó a Pedro Sánchez que se había ausentado del hemiciclo en la votación de la ley de sólo sí es sí. El presidente le comentó que estaría en algún cometido importante. El periodista, con buena memoria, le recordó que había viajado a Doñana para testimoniar su postura contraria a la Junta de Andalucía. “Ahora hablaremos de Doñana”, le dijo Pedro Sánchez. Nunca más se supo en la hora de entrevista. Se le fue el pato al cielo.

Doñana. Todo era nuevo y salvaje. Un libro que es un antídoto en este país donde todo empieza a ser viejo y domesticado. Doñana cabalga de nuevo. Se editó por primera vez en marzo de 2011. Desde Griñán a Juanma Moreno pasando por Susana Díaz.

Salvemos Doñana vino desde Valladolid. Igual que Julio Cardeñosa, Enrique Valdivieso o Monseñor Carlos Amigo Vallejo.

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