Toallitas húmedas: El colesterol de las tuberías
medio ambiente | el tratamiento de los residuos
El residuo encarece cinco millones de euros la gestión de los vertidos
Emasesa se ha visto obligada a adaptar su sistema de bombeo y depuración a este producto no desechable
Depuradora del Copero. Un empleado de Emasesa saca de las rejas de desbaste una masa abundante, enredada e indigerible. Son los restos de las toallitas húmedas que se han ido acumulando desde las arquetas de las viviendas hasta la estación. El sistema de tratamiento de vertidos no ha podido acabar con este residuo. Una resistencia que ha obligado a la Empresa Metropolitana de Abastecimiento de Aguas a cambiar su red de bombeo y depuración. El sobrecoste que supone eliminar estos residuos se estima en unos cinco millones de euros al año. Debido al uso generalizado de dicho producto, el ente público lucha ahora por facilitar una mejor información al consumidor y, sobre todo, por que los fabricantes empleen un material que se desintegre en el momento en que se lance al váter, costumbre, por cierto, que también conviene erradicar.
La toallita es un residuo sólido que debería ser evacuado como tal, a la papelera. Se han convertido en los móviles de la higiene. Casi nadie puede vivir ya sin ellas. Una generalización que se debe a las múltiples aplicaciones que posee y que han invadido el mercado: para desmaquillar, para bebés, para el baño y hasta para la limpieza del hogar. Sin embargo, esta utilización entraña una seria dificultad cuando en lugar de tirarlas a la papelera se opta por el inodoro. "El primer problema lo sufren las comunidades de vecinos, pues las arquetas sifónicas de los bloques de pisos y de las viviendas en general no están preparadas para este residuo", explica Miguel Ángel Doval, jefe de Control de Vertidos de Emasesa. No han sido pocas las veces que han tenido que acudir efectivos de esta empresa ante el atasco que se había generado en los inmuebles. De aquí pasan a la red de alcantarillado, donde la toallita sigue sin desmenuzarse, lo que provoca serios problemas en los pozos de la red de saneamiento.
"Hemos realizado multitud de comparaciones para que los ciudadanos constaten la diferencia entre este producto y el papel higiénico. Mientras que este último se deshace al contacto con la presión del agua, las toallitas sólo se estiran, pero no se disgregan, llegándose a entrelazar unas con otras hasta formar una gran masa". Quien así habla es Fernando Estévez, jefe del Departamento de Aguas Residuales de Emasesa. Este experto explica que las toallitas húmedas se componen de una fibra sintética que no se disuelve, a diferencia de la celulosa del papel higiénico. El sistema tradicional de vertidos no "digiere" fácilmente dicho material, por lo que el residuo se convierte en permanente a lo largo de toda la red. Es lo que se ha venido en denominar "el colesterol de las tuberías".
El otro segundo problema se genera en las estaciones de bombeo, donde las fibras de las toallitas se enredan e impiden que el mecanismo funcione correctamente. Emasesa ha tenido que hacer frente a una fuerte inversión para colocar un sistema adaptado a dicho residuo. "Se ha gastado casi un millón de euros en instalar nuevas bombas antiatascos", incide Estévez. Por poner un ejemplo del alto uso de las toallitas y de su grado de afección a la red, tras el atasco ocasionado con las últimas lluvias en la estación de bombeo del Guadaíra, hubo que emplear un contenedor que en sólo 20 minutos se llenó con seis toneladas de este producto. En este sentido, Estévez recuerda que uno de los episodios "más graves" fue el que se vivió en 2015 en la estación de bombeo de Camas, donde hubo que cortar una tubería debido a la acumulación de la fibra sintética que había provocado un alarmante atasco. "Nos encontramos hasta un traje de flamenca", añade este responsable de la empresa metropolitana de aguas.
El tratamiento de los vertidos concluye en las depuradoras. Aquí también se ha tenido que hacer una adaptación. En primer lugar, en las denominadas rejas de desbaste, que retienen los residuos de más de seis milímetros. No todas las estaciones de bombeo cuentan con este elemento, de ahí que muchas toallitas lleguen a las EDAR. Otro instrumento que se ha cambiado han sido los contenedores. "Antes se usaban las cubas, pero ahora, debido al volumen generado, empleamos otros que están cubiertos y con un sistema de prensa que exprime el residuo antes de depositarlo y llevarlo al vertedero. El agua desechada pasa a la cabecera de la red", detalla Estévez.
La llegada de las toallitas a las depuradoras también supone un encarecimiento. Estas estaciones funcionan a través de una base microbiológica, esto es, organismos que consumen la materia orgánica y la contaminación que llevan las aguas residuales. Sin embargo, la fibra de la que se componen los restos de dicho producto no se incluyen entre sus víveres, por lo que no queda más remedio que extraerlos, prensarlos, retirarlos y enviarlos a un vertedero, con el consiguiente sobrecoste en tasas que tal menester supone. Sólo en la EDAR del Copero se han gastado 600.000 euros para adaptar sus instalaciones a la acumulación de este residuo.
Fernando Estévez. Jefe de Aguas Residuales
"Hay que convencer a los fabricantes de que hagan las toallitas con material desechable"
Un reciente estudio de la Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamientos (AEAS) establece que el tratamiento de las toallitas por dichos entes supone un sobrecoste medio de cinco euros al año por habitante. Según Miguel Ángel Doval, si se aplica dicho criterio a Emasesa, este residuo encarece en cinco millones el tratamiento anual de los vertidos. Una cifra que, además, va acompañada del incremento de trabajo. "En los últimos cinco años se ha multiplicado por cuatro la limpieza en pozos y redes, en gran parte motivado por la acumulación de las toallitas", refiere Doval, uno de los principales expertos en el tratamiento de este producto.
¿Y qué se hace desde la empresa metropolitana para evitar que estos números vayan a más? Conviene recordar aquí que la única gran ciudad que, por el momento, ha aprobado una ordenanza sobre el uso de las toallitas húmedas ha sido Valencia. En Sevilla la intención es bien distinta. "No podemos castigar al ciudadano. Nuestro principal interés consiste en atajar el problema en su origen", argumenta Doval. Tres son las propuestas en las que se lleva trabajando desde hace años.
La primera consiste en mostrar "una actitud correctora", como la califica Estévez. Básicamente es lo que ha hecho Emasesa hasta ahora. Acondicionar sus instalaciones a la llegada masiva del residuo. "Antes no estaban preparadas para ello", reconoce. La segunda medida se dirige a las indicaciones que aparecen en los envasados. "Producen confusión al ciudadano", critica Doval, para quien los pictogramas que incluyen estos productos deben ser claros al respecto: no son desintegrables. "Se defienden con poner que son biodegradables. La cuestión es cuántos años tardan en desaparecer, de ahí que deban ser claros en sus indicaciones. Son productos que no se deshacen al tirarlos al inodoro", insiste el responsable del Control de Vertidos del ente público, quien indica que en Aenor (Asociación Española de Normalización) se ha creado un grupo de trabajo -al cual pertenece Emasesa- para establecer una norma estatal que impida a los fabricantes de las toallitas incluir etiquetados que no estén avalados por ensayos reales.
La tercera propuesta va dirigida a los fabricantes y distribuidores, para convencerlos de que las toallitas se fabriquen con material desechable. "Éste sería un gran paso, pues somos conscientes de que al primero que lo haga le seguirán los demás", defiende Estévez, que añade que en España se comercializan al año 9.000 toneladas de este producto, de las cuales el 94% no son degradables, ya que no se disuelve cuando entra en las redes de saneamiento, donde acaba acumulándose. En definitiva, el colesterol de las cloacas.
Bastoncillos, algodones y pañales
Buena parte de la población aún no está concienciada de que el váter no es una papelera donde se puede tirar cualquier producto o verter la más variopinta gama de líquidos. Un recorrido por la EDAR del Copero refleja que esta mala costumbre todavía está muy extendida. En uno de los contenedores que se encuentra sin tapar -los que permanecen cubiertos se utilizan para las toallitas húmedas- se amontonan los bastoncillos que se usan para limpiar los oídos. Junto a ellos, se pueden apreciar restos de colillas, pañales, algodones, preservativos y trozos de ropa. Usar el retrete como vertedero supone un sobrecoste para el bolsillo de los ciudadanos y un problema en la comunidad de vecinos cuando atascan la arqueta común. Cuestión de educación ambiental.
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