La aldaba
Carlos Navarro Antolín
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calle rioja
LE pusieron Martín por un tío suyo que murió en la guerra. Martín Hato Blanco nació el 30 de octubre de 1937 en Zufre (Huelva), en plena guerra que lo dejó sin tío y con nombre. Tiene dos guerras en el currículum porque hizo la mili en la de Sidi Ifni. Martín no tiene heridas de guerra. Sólo un sonotone y un marcapasos. Ayer era el hombre más feliz del mundo. Todo gracias a tres números primos y tres números divisibles. "Estaba apoyado en ese coche, con las manos en los bolsillos, y me puse a marcar números...". 9, 13, 24, 39, 47, 49. Y el 29 complementario. El año de la Exposición Iberoamericana que promovió la construcción de esta barriada, el entorno de la Cruzcampo y la Gran Plaza.
"Fíjate dos euros la que lían". Martín Hato es el único acertante de la bonoloto del lunes, un premio de algo más de dos millones y medio de euros. 2.549.371 euros con 13 céntimos. Este bético que vive muy cerca del estadio del Sevilla jugaba en casa, porque la rellenó en la administración de lotería de la calle Alejandro Collantes que abrió su suegra, María Rasero, originaria de Algámitas, que después regentaron su esposa, Vicenta Espinosa Rasero, a la que conoció en los jardines de Murillo, y su cuñada María Espinosa. En la actualidad, llevan las riendas del negocio dos de sus tres hijos, Javier y Julia. "Con lo del tabaco, esto ha bajado mucho y lo primero que vamos a hacer va a ser pagar las trampas de mis hijos", dice Martín. "Y lo segundo, vender el estanco. No se lo va a creer, pero el otro día le decía a mi nieta Julia que un día le iba a pagar la hipoteca a su madre".
Alejandro Collantes (1903-1931) fue un poeta de la generación del 27 que desde 1949 rotula esta calle que va desde el Sánchez Pizjuán hasta la prisión de Ranilla. Vicenta era ayer una nueva Mary Poppins, un manojo de sonrisas y lágrimas. "No he podido desayunar. Mi marido desayunó con toda tranquilidad. Qué sangre más gorda tiene. Y lleva un marcapasos". Vicenta saca dos litronas para que compartan la alegría los periodistas.
La calle es una fiesta. "El cliente medio es gente del barrio, muy buena gente, muy necesitada", dice Javier Hato, el benjamín del matrimonio. A María Sánchez, vecina y amiga, la llamó su marido desde el Archivo de Indias, donde trabaja, para darle la noticia. Llega un fontanero. En las inmediaciones de Ranilla, las únicas fugas son de agua. La vida sigue igual. Isabel García Romo, la nuera de Vicenta y Martín, la esposa de Javier, se va como todos los días a su trabajo de cajera en la cafetería de la Diputación Provincial. La reina Sofía está de visita en Guatemala en el monitor de televisión del estanco. Llega la rubia azafata de Camel. Trasiego de cafés entre quinielas y primitivas. Los vasos son del bar Hermanos Costaleros, que regenta Alonso Ramírez Pantoja, sevillano de San Benito que este año forma parte de la cuadrilla de la Virgen de las Angustias de los Gitanos. "Me alegro mucho por ellos. El tabaco del bar es del estanco". Podían celebrar este maná de números degustando la especialidad de la casa, la Madrugá, un lomo de bacalao sobre un fondo de tomate natural con salsa alioli y queso gratinado. Igual que Martín, Pantoja es bético con tres hijos sevillistas.
Una amiga de la familia comenta el notición por el móvil. "Javi me ha invitado a desayunar. El Gobierno se queda con 549.000 euros, qué poca vergüenza". Laura es hija de madre sevillana y padre de Sierra Leona y se alegra por Martín y toda su prole. El acertante de la bonoloto ha sido un currante nato. "Trabajé en el campo y me vine para Sevilla con unos cuantos más de Zufre. Algunos se fueron para Alemania, pero a mí no se me había perdido nada allí".
Su último trabajo fue de tabernero en el Bar Estanco, que actualmente es una tienda y locutorio con una veintena de países de África y América que regenta Victoria, nigeriana, eufórica por este capricho de la diosa fortuna. "Ya tenemos un estanquero rico en el barrio", bromea Lola. "He llamado a mi hijo a Lanzarote para contárselo".
En la esquina de Alejandro Collantes con la Avenida Cruz del Campo hay dos escuelas infantiles: El Trébol y Garabatos. Martín Hato encontró un trébol de cuatro hojas y piensa sobre todo en el futuro de sus cinco nietos: María, Marta, Julia, Martín, Nicolás. Con ademanes de vaquero crepuscular, este Virginiano piensa en tapar las Trampas de sus hijos. "A mí, Javi no me contaba nada de lo achuchada que estaba la cosa, se lo contaba a su madre". Además de los dos que despachan en el estanco, María José trabaja en Recursos Humanos del Carrefour del Aljarafe.
En el tablón de anuncios del estanco está el 96.115, "el número que juega el barrio". Hoy cambia tu vida. La de esta familia ha dado un giro copernicano. "Tenemos una casa en La Barrosa, en Chiclana, que la pusimos a la venta porque no la habíamos terminado de pagar. Bueno, pues ya no se vende", dice Martín.
Están felices como dos recién casados. "La luna de miel la celebramos en el pueblo de ella", recuerda el acertante de la bonoloto, "Algámitas parriba, Algámitas pabajo. En un taxi del pueblo. Velasco se llamaba el chófer". La calle Alejandro Collantes tiene mucho arte. El estanco hace esquina con Mariano Bennliure. También tienen su sitio en el callejero Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, y Lorenzo Mercadante. Y hay casas típicas de la arquitectura regionalista del 29. La que generó la afluencia a Sevilla de mucha gente de los pueblos, ese efecto llamada que traería a Vicenta y a Martín desde Algámitas y desde Zufre, desde el peñón y la mina. A formar una familia.
"Mis hermanas y yo nacimos en la parte de arriba del estanco", dice Javier, que combina a la perfección la discrección, la alegría y la profesionalidad. La cartera ayer no sólo repartía el correo. Tenía dos besos, uno para Martín, otro para Vicenta. Hasta el fontanero los felicitó cuando arregló la fuga de agua y se fue en pos de un nuevo servicio.
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