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Vargas Llosa y Marie Curie

Calle Rioja

El pabellón de Perú es la Casa de la Ciencia y recuerda el centenario del Nobel de Madame Curie.

Pabellón de Perú del 29, sede de la Casa de la Ciencia.
Francisco Correal

14 de junio 2011 - 05:03

Vargas Llosa en el Rocío y los políticos en el Perú, en la monumental representación de ese país que es el pabellón de la Exposición Iberoamericana de 1929. El edificio construido por el arquitecto Manuel Piqueras Cotolí fue cedido el 25 de mayo de 1986 al Consejo Superior de Investigaciones Científicas para Estación Biológica de Doñana y Casa de la Ciencia.

En el patio principal del pabellón de Perú hay dos embarcaciones que reciben el nombre de cajones marismeños. Una metáfora de la barcaza con la que Vargas Llosa se adentró en las arenas como un peregrino más de la hermandad de Sanlúcar de Barrameda. Allí habrá digerido los resultados de las elecciones de su país que le dieron el triunfo a Ollanta Humala frente a Keiko Fujimori, hija del rival del escritor peruano cuando Vargas Llosa se presentó a las presidenciales de su país y los electores de su rival le hicieron el mayor de los favores a sus lectores al no votarle.

El patio del pabellón acoge una colección de fotografías del cubano Roberto Salas. En esta patria de tiempo, piedra y madera de Vargas Llosa hay evidencias de un premio Nobel. No es de Literatura, aunque se ha escrito mucho sobre ella. Este año se conmemora el centenario del Nobel de Química obtenido por Marie Curie. Si un literato lo es por abrir senderos en el lenguaje, Madame Curie también lo fue: a uno de los elementos que descubrió le llamó Polonio en recuerdo del país en el que nació, Polonia.

El pabellón de Perú se construyó en terrenos de los antiguos jardines y huertas de San Telmo. El palacio que fuera de los Montpensier tiene un curioso vínculo con otro de los grandes hitos arquitectónicos de la presencia de Sevilla en América. El cronista entra en el Archivo de Indias para encontrar el busto de Guillermo Lohmann (1915-2005), historiador peruano y hermano de la Amargura. La inauguración de ese recuerdo escultórico supuso la última presencia de Vargas Llosa en Sevilla.

Lohmann comparte relevancia escultórica con otros historiadores americanos (el mexicano Zavala, el uruguayo Bauza) y con Ramón Areces. El fundador de El Corte Inglés, de raigambre cubana, sufragó la informatización del Archivo de Indias. A todos ellos los escolta la imagen de Hernán Cortés, un vaciado del busto del héroe de Otumba que poseían en Sicilia los duques de Montpensier, descendientes y herederos del conquistador.

Sin salir del Archivo de Indias, encuentra el visitante una sorprendente rúbrica de otro premio Nobel de Literatura. El guatemalteco Miguel Ángel Asturias lo consiguió en 1967. Su letra eléctrica, dubitativa, aparece en el libro de firmas de visitantes del Archivo General de Indias expuesto en una vitrina. Visitó la antigua Lonja el 25 de mayo de 1974: quince días después moría en Madrid. Esa dedicatoria sevillana es prácticamente uno de los últimos escritos del autor de Señor Presidente.

Revolotean políticos y edecanes por el patio del pabellón de Perú. Felipe González, buen amigo de Vargas Llosa, va a presidir una reunión científica. Lo recibe Rafael Rodrigo, granadino, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El pabellón es un depositario del patrimonio peruano. De su minería, esos metales que convirtieron el océano Atlántico en autopista de galeones. De su arqueología: en la Exposición de 1929 se expusieron unos dos mil huacos, nombre autóctono de las piezas cerámicas.

Entran los políticos y su séquito en las dependencias oficiales. El visitante recuerda una frase de Carlos Fuentes -"los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos"- para ver que los peruanos tuvieron más ancestros que los incas. Los chancay eran tejedores; los nascas, ceramistas pictóricos; los chimú destacaron en la tecnología hidráulica; la cultura lima en su arquitectura, duchos en el uso de adobitos (adobes pequeños modelados a mano) y los cupisnique adoraban a una divinidad con cuerpo humano y cabeza de felino. Precursora de Hale Berry. Los incas revolucionan los sistemas de siembra y riego y se adelantan a Gadaffi con una legión de mujeres-soldado que veneraban al dios Sol.

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