"El nuevo alcalde tiene que dar caña y llevar el nombre de Sevilla por el mundo"
Los invisibles
Es un Marco Polo del aire acondicionado que recorre el mundo en aviones para hacer más sostenibles los autobuses. Una profesora de sevillanas le cambió la vida en Damasco.
SE casó en Damasco con una sevillana y en Sevilla con una siria. Isabel y Ruba, las madres de los dos hijos de Rael Aljundi (Salamiyeh, 1960). Lo suyo era la historia y la literatura, pero trabaja en una empresa de climatización y aire acondicionado para autobuses.
-¿Cuándo llega a Sevilla?
-En 1996. Un año antes me casé con Isabel, una arabista que daba clases de sevillanas en el Cervantes de Damasco. Nos casó un abogado de Derechos Humanos que hace cuatro días salió de la cárcel después de cinco años preso.
-¿Conocía el idioma?
-Con 19 años tuve una beca para estudiar fuera de mi país. Me dieron a elegir entre Rumanía, Rusia y España. No lo dudé. Aprendí el idioma en Barcelona y en Madrid, donde me matriculé en Arquitectura Técnica y trabajé empapelando y pintando pisos. Hubo cambios en mi país y me obligaron a regresar. Mi madre enviudó y yo no podía permitir que me siguiera mandando dinero.
-¿Se fue con afán de volver?
-Yo daba por zanjada esa etapa. Me puse a trabajar para saldar la deuda de mi madre. De contable en la construcción, en un economato y de guía turístico de grupos españoles con el castellano que no había olvidado.
-¿Vivía del turismo?
-Era muy gratificante, pero tuve que hacer el servicio militar. Tres años y tres meses en los altos del Golán trabajando de escucha. Tuve que aprender el hebreo. En las horas libres estudiaba la historia y la cultura de mi país, donde Alejandro Magno fundó cinco ciudades. De mi pueblo salieron los que fundaron la ciudad de El Cairo.
-¿Cómo fue su vuelta al trabajo?
-Me reincorporé al turismo, pero se produjo la primera guerra del Golfo y nadie quiere ir a un país cercano a un conflicto bélico. Estuve ocho meses trabajando para la ONU atendiendo a refugiados que venían de Iraq. Hasta que me presenté a unas oposiciones a la Embajada de España. Al departamento comercial.
-¿Un puente para España?
-Fue una época bastante extraña. Empezaron a molestarme, a preguntarme que con quién hablaba, que qué había hecho en España. Llegó una escritora española, Rosa Regás, que quería escribir un libro sobre Siria. La acompañé durante casi dos meses, recorrimos el país en un coche de alquiler. Lo publicó al año siguiente y me complicó un poco la existencia.
-¿Y la vuelta a España?
-El padre de Isabel me pidió que le introdujera en los mercados de Siria, Irán y Líbano. Era el fundador y uno de los cuatro socios de una empresa de aire acondicionado para autobuses. Me dijo que si venía, tenía trabajo seguro. Llegué y al mes estaba trabajando.
-¿Qué hacía?
-Primero, traducir al árabe los catálogos y manuales de la empresa para entender sus métodos. A partir de ahí, recorrer el mundo entero para buscar clientes, realizar ventas, ampliar mercados. Durante siete años cada dos meses iba a la India y estuve cuatro años yendo todos los meses a Irán. Eran muy buenos clientes. Y Pakistán hasta la guerra.
-¿Del turismo al comercio tuvo que cambiarse el chip?
-Es un cambio total. Representaba a una empresa innovadora. Lo fuerte de Hispacold, cien por cien sevillana, era la escobilla sin motor. Una innovación que suponía mejor mantenimiento del vehículo, menos ruido, menos consumo. Una novedad en China, en Rusia y en todo el continente africano.
-Se separó de su mujer, pero no de su suegro...
-Mantuvimos una buena relación. Mi ex viajó a Siria a ver a la familia. Cuando nació el niño de mi segunda mujer, mis ex suegros me regalaron la cuna y el carrito.
-¿En el negocio lo veían como sirio o como español?
-La marca España es muy fuerte en los negocios. En Siria, Jordania o Líbano representa Al-Andalus. En Rusia, Irán o la India les remite a algo bonito o romántico. Despierta muchas simpatías. Un país amigo, que no tiene en esas zonas un pasado colonial.
-¿Qué países se le resisten?
-Últimamente es muy difícil vender en Irán. El cambio de presidente y las sanciones impuestas lo ponen complicado. Una pena, porque eran muy buenos clientes. Casi ningún banco español acepta transferencias con Irán.
-¿Se nota la crisis?
-Muchísimo. Grecia era muy buen mercado. Turquía y Hungría también, y están con problemas. El ritmo de trabajo no me permitía desarrollar otras actividades. Un año estuve dando clases de árabe para españoles en la Fundación Tres Culturas y me tuvo que sustituir mi ex.
-¿Tussam es cliente?
-Y las empresas municipales de autobuses de las principales ciudades españolas. No trabajamos con los ayuntamientos, sino con los carroceros, que venden los equipos a otros países.
-¿Entiende de mecánica?
-Lo mío es la historia y la literatura, pero he tenido que familiarizarme con esas cosas. Me preguntan y tengo que saber.
-¿Se siente cómodo en Sevilla?
-Es una ciudad muy parecida a Damasco. Se mueve por un conjunto de círculos entrelazados entre sí. En las paredes del templo de Bel, en Palmira, hay dibujos de procesiones de una diosa siria que se parecen a la Semana Santa. Lo más sorprendente es el parecido del Rocío con la devoción que hay a veinte kilómetros de Damasco por Zeinab, nieta del profeta Mahoma enterrada en un mausoleo. Todos quieren tocarla.
-Va a estrenar su tercer alcalde...
-A ver si da más caña para difundir el nombre de la ciudad. Mis amigos, mis familiares, los clienes, cuando conocen Sevilla se quedan impresionados, pero no se lo creen hasta que no la ven. Les suena más Granada, Madrid o Barcelona. Ha cambiado mucho para mejor. La Alameda, el carril-bici. Hace poco vino un cliente de Irán y le tuve que dejar una tarjeta de Sevici. Estuvo dos horas dando vueltas en bicicleta por la ciudad y tuvo que ir a ducharse.
-¿Se siente arraigado?
-Totalmente. Me tocó una VPO en Pino Montano. Por la puerta de mi casa pasa el 13.
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