El científico se hizo vecino y sus vecinos lo han hecho paisano

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Honores. El catedrático de Antropología Salvador Rodríguez Becerra, nombrado Hijo Adoptivo de Zahara de la Sierra, donde convirtió su casa en un museo.

Rodríguez Becerra lee su discurso. Sentados, el alcalde de Zahara y la secretaria. Al fondo, la sierra de Lijar. / M. G.
Francisco Correal

02 de noviembre 2022 - 12:56

Zahara de la Sierra fue conquistada en 1407 por el infante don Fernando el de Antequera, el que después sería rey de Aragón. Tras la pérdida de esta comunidad fronteriza de la Baja Edad Media en 1481, fue reconquistada dos años después, en 1483, por Rodrigo Ponce de León, que a esa proeza pudo añadir a sus títulos de marqués de Cádiz y duque de Arcos el marquesado de Zahara. Medio milenio después de aquellas hazañas bélicas, se produjo una conquista mucho más pacífica.

El flechazo surtió efecto y el pasado 29 de octubre, festividad de San Simón y San Judas Tadeo (el bueno), Salvador Rodríguez Becerra (Cortes de la Frontera, Málaga, 1943) fue nombrado hijo adoptivo de Zahara de la Sierra. Un honor que en su discurso de aceptación a sus nuevos paisanos oficiales, según el Reglamento de Honores y Distinciones Municipales del Ayuntamiento, consideró en emoción similar a cuando en1979 consiguió la plaza de Antropología Social de la Universidad de Sevilla.

"A partir de hoy ya puedo decir a boca llena: ¡Soy zahareño!", dijo en su discurso, con la Sierra de Líjar al fondo, entre las poblaciones limítrofes de Algodonales y Olvera. La orografía ha condicionado la historia de esta zona fronteriza. El antropólogo recordó que la toma definitiva de Zahara de la Sierra, avanzadilla cristiana durante 76 años frente al emirato nazarí, "ha sido considerada por la historiografía como el hecho desencadenante de la definitiva conquista de Granada por los Reyes Católicos". Zamora no se tomó en una hora. Y Zahara tampoco.

En la pensión de Antonio el del Café corrigió las pruebas de su primer libro

Pero Salvador no fue a Zahara para impartir una lección magistral de Historia. Se detuvo en la franja antropológica de la hora de la cerveza. Fue nombrado con todos los honores, a propuesta del alcalde Santiago Galván, por unanimidad de todos los grupos políticos. El punto de partida fue la propuesta de Juan Nieto, que durante más de dos décadas fue alcalde de la localidad. Con casa en Zahara de la Sierra desde 1975, le reconocen entre sus méritos haber mantenido una relación con la villa "por profesión, ocio y vocación".

Sin menoscabo de su curiosidad intelectual o acercamiento científico, estas herramientas del investigador fueron dando paso primero a la vecindad y más tarde a la amistad, en las antípodas de eso que en teatro llaman distanciamiento brechtiano. Una apuesta familiar. Rodríguez Becerra supo por su hermana Pepita que se vendía una casa en Zahara de la Sierra. El contrato privado de compraventa lo redactó su suegro, Enrique Romero, abogado de Azuaga. Su mujer, María Luisa Romero, se implicó en la preparación de los viajes a las playas gaditanas. Por la casa han pasado sus hijos y nietas y una de ellas, Silke ha estado escolarizada en un colegio público.

Con la casa de Coral, nombre de la anterior propietaria, adquirió también el antiguo horno y panadería. En el sótano ha ido creando un Museo Etnográfico cuyos materiales "o, lo que es lo mismo, los cacharros" ha ofrecido al futuro Museo Municipal de Zahara de la Sierra. Una villa que tiene en este catedrático de Antropología a un paladín que lleva media vida difundiendo "sus valores, imagen y nombre de Zahara", como le reconocen en su lista de méritos.

En la pensión de Antonio el del Café corrigió las pruebas de su primer libro. A Zahara de la Sierra le ha dedicado muchos trabajos de investigación: a la toma de la localidad; a la fiesta del Corpus, en la que es todo un especialista por su condición de antropólogo de la Religión; a la influencia de la toma de Zahara en la conquista de Ronda; al llamado motín de los nazarenos; o a la historia de la vicaría de Zahara y su vinculación con el arzobispado de Sevilla.

Nombró a hijos predilectos del pueblo: el historiador Antonio Bru, el médico Juan Ortega o su amigo Gonzalo Ruiz Gil, al que se llevó la pandemia en diciembre de 2020. Pocos como Salvador Rodríguez Becerra conocen cuánta vida encierran los rituales de la muerte, hoy que es el día de Todos los Difuntos. A ese tema le dedicaba el último capítulo de su libro Religión y Fiesta. En su discurso de recepción, recordó con nostalgia los paseos nocturnos "desde el Canapé hasta el cementerio".

Por su jubilación, sus discípulos le dedicaron el libro-homenaje La cultura sentida (Signatura Demos), que coordinaron los profesores Antonio Miguel Nogués y Francisco Checa. Uno de los capítulos de ese libro, que firma Javier Escalera, profesor de la Universidad Pablo de Olavide, versa sobre el viaje iniciático de Salvador a Zahara de la Sierra. Escalera aceptó la invitación del joven catedrático (la oferta se la hizo en 1979) para participar en un trabajo titulado "Técnicas de transformación y conservación de alimentos de ámbito familiar en la Sierra de Cádiz". Cerca de la Grazalema donde hizo su estudio pionero el antropólogo británico Julian Pitt-Rivers.

Se cierra el círculo de esta nueva conquista, certificada como un enamoramiento. Un viaje desde Cortes de la Frontera, en la provincia de Málaga, hasta Zahara de la Sierra, en la de Cádiz, pasando por la Universidad de Sevilla con el protagonismo de un antropólogo que da todos los días el salto de Alvarado para conquistar nuevas metas.

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