La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
UN día, José Luis Rull Sarmiento (Sevilla, 1957) descubrió que Sevilla era la media aritmética entre Madrid, donde vivió una aventura profesional, y Villaverde del Río, el pueblo en el que trabajó como perito agrícola. Otro día descubrió que el centro del mundo de esa media aritmética estaba en la Plaza Nueva. Y allí decidió instalar el despacho de abogados que comparte con los hermanos Jesús y Felipe Zalba Cabanillas, dos navarros que llegaron adolescentes a Sevilla.
En tiempos en que los noticiarios dan cuenta del goteo del cierre de empresas, Rull & Zalba no sólo se trasladan a la Plaza Nueva, sino que han puesto en marcha un Departamento de Asesoramiento de Empresas. Ambos saltos cualitativos los celebraron el martes con un cóctel en Abades Triana. Una fiesta muy americana, un bufete con buffet.
Jesús Zalba (Pamplona, 1967) llegó antes a este mundo, pero su hermano Felipe (Pamplona, 1970) apareció antes por el bufete. "Se presentó", dice Rull del socio más joven de este club Dumas, "y después de unos primeros días en los que lo que hacía era bajar a por el café, se convirtió en pasante del despacho". Jesús Zalba es "un obseso de la fiscalidad y de las motos", dice José Luis Rull. En el despacho hay un fiscalista (Jesús), un civilista (Felipe) y un penalista (Rull).
Al cóctel de presentación acudieron abogados, políticos y empresarios. Había quien ya trabaja en la Plaza Nueva, como los concejales del Partido Popular Curro Pérez y Gregorio Serrano. Y dos correligionarios que intentaron sin lograrlo el asalto municipal de la Plaza Nueva: primero Javier Arenas y años más tarde Juan Ignacio Zoido. Rull y los hermanos Zalba contaron con una pareja de presentadores: Luis Miguel Martín Rubio, que los conoce como vecino de la Alfalfa, y José Joaquín Gallardo, decano del Colegio de Abogados, un colectivo de más de seis mil letrados al que pertenecen los componentes del despacho.
De la agricultura al Derecho. Del campo a la ciudad. De las sendas a los pleitos. José Luis Rull, lector de Felipe Benítez Reyes, recuperó así una tradición familiar. "Mi abuelo Manolito abrió su despacho en 1932 y después cogería el testigo mi padre". Han cambiado los tiempos. "La cosa está muy mal, es verdad", admite, "la gente con la crisis no se separa. No se constituyen nuevas sociedades, y para los casos de alcoholemia acuden a los abogados de oficio". Ya no se separan, dice el abogado en presencia de su esposa, Elena Lanza, nieta de un ex hermano mayor de la Macarena.
Los abogados cruzaron el puente, el itinerario de Paco Arcas, Alberto Jiménez-Becerril, Isabel Guerra-Librero o Alberto Moriña, algunos de los miembros del Gobierno municipal con escaño en la Plaza Nueva que han sido "alcaldes" de Triana. En su intervención, José Luis Rull nombró a todas las colaboradoras de su despacho, incluida Virginia, la última pasante incorporada. "En la abogacía, las mujeres son mucho más fieles que los hombres. Ellos se van y abren despacho por su cuenta".
Agradeció la mediación de su amigo José Daniel Serrallé, poeta exquisito al que no le importa aparecer en extraños menesteres, desde la presentación de un nuevo modelo de BMW en Antares a la puesta de largo de un bufete de abogados en Abades. No la toquéis que así es la prosa.
Hubo gente que publica, como Fernando Iwasaki, y que edita, como Francisco Aranguren, un navarro que fue notario de Los Palacios, pasó a la capital y creó la editorial El Desembarco, que tras unos inicios sevillanos sacó en Zaragoza el libro Ocho islas y un invierno, de Marta Navarro, poeta adscrita a un grupo poético aragonés que cuenta con el aliento del cantautor y ex diputado José Antonio Labordeta.
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