La cuadratura del círculo
Calle Rioja
Sábados y domingos, paella. Lo que nació como iniciativa para Navidad que desbarató el mal tiempo se ha convertido en estampa de fin de semana en la Alameda
ADEMÁS de llenar los pantanos, refrescar las mentes y pintar los campos de verde, la lluvia ha tenido otro beneficioso efecto colateral: le ha prestado a la Alameda de Hércules un ambiente de merendero. Una iniciativa puntual se ha transformado en estampa de fin de semana.
El mal tiempo fue la génesis de una buena idea. ADEN, siglas de la Asociación para la Difusión Educativa de Nutrición y Salud, había conseguido del distrito de Casco Antiguo autorización para servir arroz en una gigantesca paellera durante las pasadas Navidades. Al arroz le cayó tanta agua con las lluvias, caldoso a su pesar, que el proyecto no pasó de buena intención y villancico.
Se fue 2009, pasaron los Reyes Magos por la Alameda, pero la paellera se quedó. 25 kilos de arroz Brillante que suponen un total aproximado de 350 raciones. Los promotores de la paella gigante la mantendrán todos los fines de semana en este tránsito del polvorón a la torrija.
"El próximo fin de semana pondremos carpas temáticas, una dedicada al arroz, otra a las legumbres, para implicar a los niños en la importancia de una alimentación adecuada", dice Daniel Reina, médico nutricionista, especialista en Medicina de la Salud y presidente de ADEN. Al mediodía van colocando las mesas para los comensales. Tres euros por ración. "Con la paella financiamos los diferentes proyectos", explica Reina mientras Juan José Mancebo, cocinero de Mairena del Aljarafe formado en la Escuela de Hostelería de Bellavista, va echando en el círculo los distintos ingredientes.
"La semana pasada teníamos prevista una carpa, pero el viento rompió una de las patas". El doctor Reina acarrea los materiales y los cocineros empiezan a trabajar en la cuadratura del círculo. En una entrevista publicada en este periódico, el arquitecto Rafael Manzano defendía la idea de la Alameda como "plaza-salón". Pues ya tiene el comedor.
Un aliciente para los niños que acuden a los dos parques infantiles, una modesta conquista que se le ganó a los criterios del director de la obra, que consideraba esos espacios como "guettos de edad". La paella se erige en una especie de símbolo de la dieta andaluza, entelequia gastronómica en el más suculento de los mestizajes: el agua es de Cazorla; las patatas, de Sierra Yeguas, en la linde de las provincias de Málaga y Sevilla, cerca de un pueblo llamado Alameda; las conservas, de Isla Cristina. La cerveza, Cruzcampo. "Hay elementos nutritivos de las ocho provincias andaluzas".
La Diputación Provincial se ha involucrado en el proyecto. El icono de la paella, joya alimentaria de las marismas del Guadalquivir, será el hilo conductor de proyectos similares en Camas, El Coronil o Alanís. En un rectángulo poblado de numerosos restaurantes que representan cocinas muy diversas, la paellera se ha convertido en el segundo gran círculo de la Alameda después del reloj inclinado situado en la esquina de Chispitas y Las Maravillas.
La paella tiene un valor añadido: se asienta en tierra calma de la Alameda, un espacio para minifundistas del porro y la litrona y para la evacuación de las deposiciones caninas. Zona de perros y bicicletas, la paella mixta (gambas, mejillones...), tierra y mar, le confiere a la zona un encanto impresionista. Y a la chita callando, la paellera está a punto de sumarse a la retahíla de fugaces tradiciones de la ciudad.
El aroma es el logotipo del arroz. El círculo recreativo se irá extendiendo para que aumente la clientela de esta bendita secuela de las lluviosas Navidades. La carroza salvada por el sanedrín popular en la cabalgata del solsticio de invierno. Los niños juegan a la pelota, los padres juegan al botellín. Es domingo sin fútbol sevillano en Primera, Adelita Domingo no tiene plaza pero tiene paellera.
La paella es el plato combinado de la sociología popular, ése que siempre acaba de salir en la mayoría de los bares. Es el libro iniciático para que los niños se doctoren en la buena alimentación como contrapeso a las chucherías. Con gambas y mejillones. Es un perfecto cuadro humeante que atrae apetitos y curiosidades. Un alto en el camino, aduana en el paseo de los paseos. El paseante implica más elegancia que el peatón, concepto más inhumano, jurídico, vehículo sin ruedas, manía de ciudadanía. La paella es la especialidad del román paladino. Arroces de enero que quieren llegar a mayo y junio con la bula municipal.
El médico nutricionista vuelve hoy a su consulta profesional. El sol porfiaba en salir, pero seguía en su modorra de nubes. Abría la librería La Extravagante (que cierra los lunes, alma de pescadero) y cerraba Malaver. Una pareja preguntaba por Casa Paco, al lado de la farmacia. Un grupo ocupaba las mesas de la terraza de Aguilar, paraíso de cuñados, consulado Manzanilla, patria de taberneros.
Sábados y domingos, paella en la Alameda. Sesión continua.
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