La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
SEVILLA, 11 de julio de 1775. Liverpool, 20 de mayo de 1841. Son las coordenadas biográficas de la intensa vida de José María Blanco White, el sevillano que escribió en español sus Cartas de Inglaterra y en inglés sus Cartas de España, considerada una de las obras cumbres de la heretodoxia y donde Marcelino Menéndez y Pelayo vio indicios de un "furor antiespañol y anticatólico".
Dos ciudades, la cuna y la tumba de Blanco White, que se dan hoy la mano metafórica de los pies en Basilea. Las dos patrias del pensador de la calle Jamerdana, en el corazón del barrio de Santa Cruz, que el 23 de febrero de 1810 decidió exiliarse de España cogiendo en Cádiz un barco rumbo a Inglaterra.
Tengo bien leídas y subrayadas las Cartas de España, libro que adquirí en 1980, cuando la mayoría de los que van a disputar esta apasionante final ni habían nacido. Conservo la ficha del sitio donde lo compré. La librería Antonio Machado, la que fundaron Alfonso Guerra y José María Rodríguez Buzón. Figuran la dirección antigua, Miguel de Mañara, 11 (con el tiempo se ha suprimido la preposición). Es curioso, Guerra estudió en el colegio del mismo nombre, situado en la casa-palacio donde nació el fundador del hospital de la Caridad. Y eligió para la librería el nombre de otro ilustre exiliado muerto un día de febrero de 1939 en la localidad francesa de Colliure.
La traducción de Cartas de España (Alianza Editorial) tiene una introducción de Vicente Llorens y traducción y notas de Antonio Garnica, un historiador sevillano que conoció muy bien Liverpool, la patria de los Beatles, y tiene su particular tesis sobre las diferencias culturales y religiosas entre los dos equipos de esa ciudad, el Liverpool y el Everton, extrapolables al Celtic y el Glasgow Rangers, ciudad escocesa inseparablemente unida al exilio de otro sevillano trasterrado, Luis Cernuda.
En Inglaterra, Blanco White se convirtió en asiduo a las tertulias de lord Holland, periodo que ha estudiado el historiador Manuel Moreno Alonso, que probablemente ignora que las dos ciudades de Blanco White dan nombre a dos equipos que esta noche disputan una final continental, del mismo modo que estuvo el verano de 2012 investigando en la Biblioteca de Londres que frecuentaba Carlos Marx sin saber que en la capital inglesa de celebraban unos Juegos Olímpicos.
Las Cartas de España están escritas en inglés, dicen que después de Joseph Conrad, el autor de El corazón de las tinieblas que inspiró la película de Coppola Apocalpypse Now, el inglés de Blanco White es el que ha alcanzado una mayor calidad entre autores no pertenecientes al mundo británico. Un libro lleno de referencias a las costumbres, a los atavismos de su patria de referencia, con paradas con mucha enjundia en Olvera, Arahal, Osuna o Alcalá de Guadaíra.
Las Cartas de España nunca pasan de actualidad, resisten perfectamente la moda de los correos electrónicos y es un libro de cabecera de Juan Goytisolo, depositario de esa impronta del heterodoxo. En la cronología que acompaña al libro, hace justamente dos siglos, en 1816, se produce el fallecimiento del padre de Blanco White, comerciante de profesión, y la Inglaterra en la que reside vive momentos de depresión económica y agitación social.
El libro está dividido en trece cartas y menos el fútbol, que todavía no lo habían inventado los ingleses a la espera de que entrara por Riotinto, aparecen las tradiciones que siguen rigiendo los elementos fundamentales de cohesión social y antropológica en su ciudad natal. Blanco White fue un inglés de Sevilla que se hizo sevillano en su exilio británico.
La primera carta tiene fecha de mayo de 1798. Su intención es atraer "la atención del lector inglés". "Creo que en Inglaterra se tienen unas ideas extrañas sobre los celos españoles", escribe Blanco White ajeno a que dos siglos después, el duelo entre el Sevilla y el Liverpool iba a ser un duelo metafórico entre los centenarios de Cervantes y Shakespeare, muertos la misma primavera de 1616, dos siglos antes de las revueltas inglesas que tanto fundamento y tanto personaje le dieron a las novelas de Charles Dickens.
Por la Alameda se paseaba ayer Peter Mair, dueño de la taberna Ánima. Un austriaco del Tirol amigo de Anton Polster que se hizo sevillista. No viajará a Suiza, prefiere estar el domingo en el Vicente Calderón en la final de la Copa del Rey contra el Barcelona. "En la Alameda de Sevilla hay además varias fuentes de agua deliciosa", escribe Blanco White en una de sus Cartas de España. Y presenta un paisanaje por esta zona muy diferente al aspecto que presenta hoy en día.
Con esta postal de la Alameda remato la supuesta neutralidad de Blanco White en el Liverpool-Sevilla, los Beatles contra Triana: "Los paseantes de la Alameda son una pintoresca multitud de militares de uniforme, sacerdotes con sus sotanas, manteos y tejas (sombreros muy parecidos al de los carboneros londinenses), y caballeros embozados en sus capas o vestidos con cualquier clase de uniforme, indumento sin el que un español de buena cuna no se atreverá a presentarse en público".
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