"Es la hora empresarial de decisiones importantes y en Sevilla veo falta de reflexión"
Desde su sede en la Cartuja está al frente del despacho de abogados más potente en Andalucía y tiene silla en Madrid en el consejo de dirección. Lleva a rajatabla el modelo de gestión marca de la casa que, en plena crisis, le lleva a seguir creciendo y a ampliar plantilla con 50 profesionales más en nómina
HACE 23 años, la presencia de Garrigues en Sevilla era unipersonal, se llamaba David Moreno. Hoy es un centro de decisión para Andalucía, Extremadura, Canarias y Marruecos, con 265 empleados repartidos por las cuatro áreas, 25 tienen el rango de socios. La voz principal sigue siendo la de David Moreno en las oficinas de Sevilla, Málaga, Granada, Almería, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas, Casablanca y Tánger. Un área que va a facturar este año 32 millones de euros (hace 6 años eran 10 millones) y que ya tiene los objetivos de crecimiento hasta 2012. En 2002 suponía el 6% de la facturación de la compañía y ahora ya es el 11%. David Moreno forma parte del consejo de socios gerentes de la compañía presidida por Antonio Garrigues Walker, que tiene 2.500 empleados, 300 son socios.
- ¿Cómo ha llegado tan alto?
-Nací en Madrid en 1956, estudié en Icade, me especialicé como auditor, y de Arthur Andersen pasé a Garrigues. En 1985 me destinaron a Sevilla y en 1987 se incorporó Álvaro Silva, mi mano derecha, socio dedicado a Sevilla y al tema tributario en toda nuestra área. Nos situamos en el Edificio Urbis, hasta que en 1998 nos trasladamos a la banda de servicios de la antigua Expo 92. Al principio fue una decisión que chocó, no se imaginaba a un despacho como éste en la Cartuja, pero se confirmó que fue un acierto. Como nuestro modelo está basado en el constante crecimiento, ya se nos ha quedado pequeña la sede (de hecho hay una parte del personal que se acaba de mudar a unas oficinas cedidas por Ono) y queremos cambiarnos a otro lugar sin abandonar la Cartuja, pero nos hacen falta 4.000 metros cuadrados de oficinas.
-¿Es un socio primus inter pares?
-El mérito del despacho es colectivo. Ningún socio tiene más del 4% del control sobre la sociedad. Nadie se puede arrogar el éxito a título individual, y menos que nadie quien lo representa a nivel institucional. La palabra socio tiene su sentido histórico de compartir una industria en su gestión con armonía, confianza y servicio al cliente. Es como una orquesta, en la que todos sus componentes tienen que ser buenos y capaces de ser solistas e incluso la batuta en un momento determinado. Las personas lo son todo en un despacho de abogados. Si fallan, estamos perdidos. Lo que recomiendo siempre, a la hora de dirigir el trabajo, es reservar espacios de tiempo para pensar.
-¿Es posible crecer sin cesar?
-Acabamos de cerrar la operación de integrar a Llorens, el principal despacho de abogados en Canarias. La labor esencial de los socios es abrir más opciones de negocio, después es la gente más joven la que verdaderamente nos hace crecer. Cada vez tenemos más especialización, en función de sectores en los que crece la actividad: energías renovables, nuevas tecnologías, minas... Este año Garrigues ha creado 300 puestos de trabajo, 50 de ellos en nuestra área.
-¿En qué actividad disfruta más?
-Dos tercios es preventiva y un tercio es quirúrgica (los pleitos). Somos como los médicos que auscultamos y damos un diagnóstico para tomar decisiones, emprender negocios, etc. Y en toda esa labor de consultoría, la función legal es una más, a veces no es nuestra aportación más importante para que un cliente decida emprender una acción y cómo la hace.
-¿Aceptan a cualquier cliente?
-Buscamos clientes con los que mantener relaciones duraderas y estables a largo plazo donde ambas partes ganemos. Somos un despacho caro porque procuramos dar el servicio de la máxima calidad. Por eso, en la situación actual de crisis, somos conscientes de que en ocasiones hemos de rebajar nuestros honorarios. Quienes optan por nosotros lo hacen, entre otras razones, porque se dan cuenta de que tenemos profesionales que conocen perfectamente su ámbito de negocio y sus problemas. Nosotros también aprendemos de los clientes, por eso ofrecemos propuestas de síntesis y no recetas preelaboradas, hay que integrar sus ideas y las nuestras para hacerle un traje a medida.
-¿Qué traje le recomienda al empresariado sevillano para esta temporada de crisis?
-Lo primero, prudencia. Eso significa tomar las decisiones en su justo momento, no más tarde. Y tomar las decisiones importantes, no solamente las urgentes. Es una época para estar ocupado más que preocupado, y volver a dedicar tiempo y análisis a los fundamentos del negocio. A preguntarse qué proyectos merecen la pena. Los empresarios han de transmitir optimismo a partir de establecer objetivos. Y, dependiendo de cada sector, es primordial abrirse hacia los mercados donde sí hay posibilidades de crecimiento. Quien tenga únicamente como ámbito de negocio una zona en crisis, lo tendrá mucho más difícil para soportarla.
-¿Y qué ve más en Sevilla, dedicarse a lo importante o a lo urgente?
-Por desgracia, lo urgente. La reducción de plantillas. Lo más fácil es un expediente de regulación de empleo, pero hay casos en los que eso condena el futuro más que lo alivia. Recomiendo que se tomen decisiones en función de objetivos a largo plazo. Observo falta de reflexión, estamos en una encrucijada de reconversión y refundación de empresas, no sólo de procesos concursales, refinanciaciones y reestructuraciones. Es momento para tener el valor de diagnosticarse.
-Hace años ya se diagnosticaron las fallas de nuestro crecimiento.
-Diecisiete años de bonanza económica llevaron a un exceso de confianza. Por eso es clave saber tomar las decisiones en su mejor momento. Las inmobiliarias que plantearon hace un año su refinanciación lo tienen mucho mejor que las que negocian ahora.
-¿Qué va a pasar?
-Esta crisis es muy diferente a las anteriores para entrar y salir de ella porque las economías nacionales están mucho más abiertas, afortunadamente. En España el problema es muy serio por la dependencia del crédito exterior. Hay proyectos empresariales muy innovadores y viables que no pueden lanzarse ahora por falta de financiación. En crisis anteriores, como la de 1992, en países como España se optaba por la devaluación y de un día para otro la población era un 30% más pobre. Dentro del euro ya no se puede devaluar la moneda. Y, en una economia como la nuestra, tan basada en los servicios, eso obliga a flexibilizar el mercado de trabajo y revisar los activos y los salarios con métodos más imaginativos e innovadores que antaño.
-En Marruecos hacen de puente para empresas andaluzas.
-Ya somos el primer despacho en Marruecos por número de personas y facturación. Al principio, hemos dado servicio a empresas de los sectores agrícola e inmobiliario, ya han entrado las de infraestructuras y energías alternativas, entre otras. Y el gran área de crecimiento es Tánger por lo que depara la puesta en marcha de su enorme puerto.
-¿Hay seguridad jurídica en Marruecos para invertir y negociar?
-La misma que en un país como China, tan singular en su estructura política y legal, y para eso tenemos nuestra oficina en Shanghai, combinando el dominio de la legislación local con la salvaguarda de los parámetros internacionales para defender a los clientes.
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