Entre extremeños y leoneses
Hugh Thomas glosa el papel de los andaluces, "más de la mitad sevillanos", que participaron en la conquista de América: "Les tocó hacer el trabajo más duro"
John H. Elliott se hizo hispanista en una visita al Museo del Prado. Raymond Carr, en su luna de miel a un pueblo de pescadores llamado Torremolinos. Hugh Thomas (Windsor, 1931), llegó con veintipocos años de vacaciones con un ejemplar de El laberinto español de Gerald Brenan. Entonces trabajaba para el Foreign Office.
A punto de cumplir los 80 años, acompañado de Vanessa, la pintora con la que lleva 48 años casado, Hugh Thomas paseó ayer por Sevilla y saboreó una copa de manzanilla en el patio de los Pinelo después de pronunciar la conferencia de clausura del coloquio internacional sobre intercambios entre Andalucía y América.
Hugh Thomas dio la conferencia en el idioma de su auditorio, disculpándose por su castellano, "que es una vergüenza". Se centró la presencia de andaluces en la Conquista de América. Entre 1492 y 1519 viajan a Indias 2.072 andaluces, más de la mitad sevillanos. Campañas remotas. Su primer libro, antes de cumplir 30 años, se tituló La guerra civil española. Un clásico de la historiografía patria que apareció antes en francés por la censura.
Al término de la conferencia, el reportero saludó en la Avenida a Joaquín Sierra, Quino en sus años de futbolista. El hijo del poeta Juan Sierra viajó en 1970 con la expedición del Valencia a París para jugar un cuadrangular. Además de ganar el torneo, "aunque el Corinthians nos dio un baño", compró en una librería de París un ejemplar de La guerra civil española de Thomas editado por Ruedo Ibérico.
El historiador británico ha investigado en los archivos a más de mil conquistadores. De su exposición se puede establecer una división geográfica de atribuciones. Los extremeños fueron los auténticos líderes de la conquista. Con exponentes como Hernán Cortés, cuya monumental biografía ha publicado Thomas, un héroe silenciado por la izquierda española y reivindicado por Octavio Paz o Carlos Fuentes, o Pizarro, que volvió a su Trujillo natal en busca de voluntarios. Los curas y frailes procedían "la mayoría de León". "Los trabajos más duros, los que peleaban en las batallas, eran los andaluces", dijo Hugh Thomas. Con participaciones estelares. "Es imposible entender el éxito de Cortés sin el trabajo de construcción de bergantines de los carpinteros de ribera dirigidos por el sevillano Martín López".
En el Archivo de Indias y en otros fondos documentales encontró expedicionarios de Lebrija, de Guadalcanal, de Cazalla de la Sierra, de Triana. Sevillanos como Juan Díaz, un mercedario que bautizó a Malinche y cuyos restos están en la catedral de Puebla; o Fray Pedro de Melgarejo, franciscano que descubrió perlas en Colombia y atisbó la bahía de Urabá, "donde tantos españoles murieron. Fue consejero de Cortés, volvió a España y lo hacen obispo".
Se reencontró con Enriqueta Vila, habló en inglés con Rafael Atienza y lo recibió Manuel González Jiménez, carmonense, irlandés consorte y presidente de la Academia, biógrafo de Fernando III que está leyendo la biografía de Hernán Cortés de Thomas. "Era un intelectual", dice el medievalista sevillano, "bachiller de Salamanca, no de Osuna como el pobre Sansón Carrasco que se bate a duelo con don Quijote". Thomas ha escrito dos novelas históricas y dice que sólo La Celestina supera en el idioma que tanto ama y tanto le cuesta a la correspondencia de Hernán Cortés. A él le dedica una biografía y a Moctezuma su segunda novela.
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