"Un gorrilla de mi calle me amenaza de muerte y el juzgado no es capaz de localizarlo"

Son y están

Es la ciudadana precursora a la hora de dar la cara para exhortar que no se pague a los gorrillas y extinguir esta actividad ilícita que se sustenta en el miedo a la represalia si no se colabora con ellos. Amenazada junto a su domicilio, y atacado su coche, no da un paso atrás y le planta cara a individuos a los que también sabe tratar como enfermos que se mueren tirados en las calles de su barrio

Laura Baños, en las calles de Bami, su barrio, con los gorrillas como permanente presencia e injerencia en el discurrir de la vida cotidiana.

06 de noviembre 2011 - 05:03

SEVILLANA de 43 años, divorciada y con dos hijos de 17 y 14 años, respectivamente, hija de un empresario que tuvo siete hijos entre sus dos matrimonios, Laura Baños ha vivido en Triana, Reina Mercedes, Nervión, El Porvenir y Los Remedios, pero en Bami, donde lleva casi doce años, es el primer lugar donde está haciendo vida de barrio. "Mi idea era estar en él de paso, es donde pude comprar un piso cuando me separé. Me salió barato el piso, en un bloque sin ascensor. Tenía debajo una funeraria. Ya se ha ido. Pero el ascensor sigue sin llegar. No conocía a nadie en Bami. Cuando me di cuenta de que el horizonte económico no está para otra mudanza, empecé a relacionarme con mi entorno, y descubrí que es como un pequeño pueblo, la gran variedad de personas que lo habitan, desde gente sin estudios a altos directivos de empresas grandes".

La asociación de vecinos estaba decayendo, al borde de la disolución, tremendamente frustrada por el perjuicio causado por el retraso y paralización de las obras del aparcamiento subterráneo en la Plaza Rafael Salgado, donde centenares de familias compraron una plaza de parking que aún no está disponible. Algunos vecinos buscaron savia nueva para reflotarla. Por eso, desde febrero de este año, Laura está al frente de Bami Unido. Y ha proclamado el ¡Basta Ya! a los gorrillas.

-¿Qué le gusta más de Bami?

-Es vitalista, divertido. Y entrañable. Si se me estropea el coche en carretera y no puedo llegar a casa, mis hijos no se quedan sin comer y sin ser atendidos, y les dejan el móvil para llamar, o dinero, o les fían. Eso no te pasa en una urbanización. Y si se juntan con alguien que no me gusta, no hace falta ni que los vea, me voy a enterar en dos días.

-¿Por qué dio el paso para asumir un compromiso ante el que son renuentes la mayor parte de los ciudadanos, que se quejan mucho pero no arriman el hombro?

-Porque ya que me comprometo es para hacerlo bien. Podía ser una presidenta pasota, pero eso no va conmigo. En la asociación hay doscientas personas y nadie se ha dado de baja con mi gestión. La cuota es de 2 euros al mes. Me he comprometido por dos años. No es el tiempo suficiente para conseguir todo lo que hace falta, como el soterramiento de la basura. Y no quiero que nos impongan desde el Ayuntamiento la zona azul para aparcar sin contar con la opinión de los vecinos. Cuando se terminen las obras del parking, sacaremos mesas a la calle un par de días para que más de mil vecinos den su opinión. Ese espíritu de participación también se demostró en la fiesta flamenca que organizamos en el barrio, todo con nuestro dinero y esfuerzo. Y fue un gran éxito, además con la satisfacción de tener a muchos jóvenes y no sólo a personas mayores.

-Fiestas aparte, explique a los lectores qué es Bami hoy en día.

-Hay censadas cuatro mil personas. Es un barrio interclasista, en el que conviven pisos a los que no se les han hecho mejoras, con viviendas de lujo. Son dos partes muy diferenciadas: la contigua al Hospital Virgen del Rocío, donde están los bloques antiguos, los comercios y bares, y la residencial más al sur, donde sólo hay viviendas, y de alto precio. La gran paradoja en su gestión municipal es que la primera zona depende del Distrito Sur, y la segunda del Bellavista-La Palmera. Cuando reivindicamos mejoras, tenemos que negociar con dos distritos. Absurdo. La vecindad con el hospital nos perjudica mucho, es un complejo sanitario que algunos días llega a tener diez mil personas como población flotante, incluida la que genera problemas de convivencia. Cuando les dan el alta, se refugian en Bami. Unos se tiran tres días, otros tres meses.

-¿Tanta es la presión de los gorrillasen Bami?

-Intentan dominar el barrio, adueñarse de las calles, y dormir en él tirando un colchón en cualquier parte, porque no tienen otro lugar mejor. Pueden despertar al vecindario cantando a las seis de la mañana, o peleándose a las dos de la madrugada. Me preocupo por conocerlos, por indicarles dónde refugiarse sin crear problemas de convivencia. Los hay veteranos a los que se les nota un grave deterioro físico porque tienen el sida, más de uno se ha muerto en nuestras calles.

-¿Y no hay reacción de los servicios sociales para que esas personas sean asistidas?

-Que yo sepa, ninguno ha sido recuperado por acción de la Junta o del Ayuntamiento. ¿Dónde los meten, si no hay centros suficientes para recuperarlos? El último caso de enfermo grave de sida, llamé al 112 para que enviaran una ambulancia, y por teléfono sólo ponían pegas: ¿Y cómo sabe usted que está tan mal? ¿Y si no se quiere montar?... Se murió en la calle.

-¿Todos proceden de una misma tipología social?

-No, los hay que son buena gente, educados y con estudios, y otros son morralla. A todos procuro conocerlos, para saber con quiénes tratamos. He visto casos de niños bien que se han metido en la droga y han acabado aparcando coches. Cuando yo vivía en Urbis conocí a un joven en mi pandilla que, años después, se murió así en Su Eminencia. Otro joven de familia adinerada, del que estábamos enamoradas en el grupo de mis amigas, ahora está a diario degorrilla junto a la Clínica Virgen de Fátima. Parece un anciano, no le queda ni un diente. Y en Bami hemos tenido a un ex director de sucursal bancaria tirado por culpa del alcohol y las drogas. Cuando veo casos así pienso, como madre preocupada por sus hijos, lo poco que ha de torcerse una vida para caer en esa situación.

-Tras su llamamiento a no pagarles en toda Sevilla, ¿ha sido coaccionada?

-Sí, pero yo no me arredro. A uno lo he denunciado por amenazarme de muerte. Sé cómo se llama. El juzgado ya me ha localizado, pero a él no. Vive en la calle. Me insulta a voz en grito, incluso junto a mi domicilio. Voy a comisaría y me dicen que no pueden hacer nada. ¿Y yo tengo que soportarlo? Sé, por otro gorrilla, que es de otra ciudad y que no ve a su familia desde hace muchos años. Desde mucho antes de ser presidenta, no he consentido que en mi calle pongan un colchón y se asienten. Ni me he quedado quieta cuando se ponen a defecar en cualquier parte. Bajo a la calle y se lo echo en cara.

-¿Qué daños sufrió su coche?

-Me lo pintarrajearon, me rajaron las ruedas, etcétera. Pero no ha sido un gorrilla, de eso estoy segura por lo que hemos investigado. Algunos vinieron a decirme: ¿Cómo piensas que te vamos a tocar el coche? No es que yo sea intocable, sino que al hablar con ellos les queda claro por dónde respiramos nosotros. De algunos me da mucha pena. Como una pareja que lleva doce años como aparcacoches en Bami. He visto cómo han sobrellevado todos sus embarazos. Cuando aparecen cámaras de periodistas, se irritan porque no quieren que les vean sus padres.

-¿Ha vivido algún caso en el que usted haya alertado a sus padres para quitarlos de la calle?

-Una vez llamé a una madre para alertarla de que su hijo se estaba muriendo, y me dijo: Por favor, no me llame más, me da igual. Si una persona dice eso, con toda frialdad, qué no habrá sucedido para destruir la relación madre-hijo, cuánto la habrá hecho sufrir.

-¿Cuánto dinero puede ganar al día un gorrilla?

-Confesado por ellos, hace años ganaban al día de 6.000 a 7.000 pesetas. Yo creo que eran por lo menos 10.000 diarias. Ahora no llegan a esas cifras.

-¿Con Zoido como alcalde es efectiva la presión municipal?

-De momento, no. Dijeron que era una prioridad, pero llamas al 112 y te comentan que trabajan de lunes a viernes. Los fines de semana están impunes. A muchosgorrillas les da igual que les pongan muchas multas, no tienen propiedades sobre las que aplicarlas. Y tienen claro que es una falta pero no un delito. Lo que sí ha cambiado es la actitud de ellos hacia mí. Ya me cuentan menos cosas y están más recelosos. Son de los que me buscan y me preguntan: ¿Con usted hay que hablar para poner un colchón? Cuando les digo nones, matizan: ¿Y si lo recojo a las siete de la tarde? Y están apareciendo para competir con ellos nuevos gorrillas de barrios cercanos, que están gordos y les llaman sus madres al móvil cuando les han preparado el puchero.

-Prolifera la doble fila pero los parkings tienen plazas libres en muchas ocasiones.

-Me asombra que la gente se siga arriesgando a que los policías les pongan multas de 200 euros, en lugar de pagar uno o dos euros en un parking. No lo entiendo.

-¿Cómo es la relación con los partidos políticos?

-Yo he ido a las convocatorias de todos los partidos que me han llamado. Y nunca me he sentido cohibida ni hablo de lo que voto, no me puedo señalar con un partido. En Bami, la mayoría de los votos son para el PP. Antes de las elecciones, estuve en la sardinada que dio Juan Espadas con el PSOE, y también acudí a la recepción de Torrijos en la Feria para el Distrito Sur. El PA no nos ha llamado.

-¿Los partidos tratan a los barrios como feudos propios o ajenos?

-Sí, y en Bami se ha notado durante los 12 años de Monteseirín. Como el PSOE lograba pocos votos, no han hecho casi nada en el barrio, hasta en los plenos pasaban de las preguntas sobre nuestros problemas. Somos de las pocas asociaciones que no tenemos un local mínimamente decente. Es de pena que para poner cuatro bolardos haya que usar a la prensa como medio de presión. Cuando fui a la comida que daba Torrijos en la Feria, me di cuenta de cómo funciona el trato de favor hacia determinados sectores del Distrito Sur. Ojo, hay cosas que nos han ofrecido y no necesitamos, renunciamos a ellas para que se destinen a otros barrios. Como la oferta de autobuses para ir a la playa. Más falta hará en Las Letanías. Pero a cambio les decía: por favor, arregladnos las aceras rotas. O poned de una vez comedor escolar en el Colegio Público Almutamid, que está pedido desde hace muchos años, y aprobado en los presupuestos participativos.

-Dé un ejemplo de lo que entiende por despilfarro municipal.

-Destinar 55.000 euros a la Cabalgata del Polígono Sur.

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